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La tele, ¿los beneficia o los perjudica?

Opinión
 
 

Con todos los casos de médicos mediáticos, personajes mediáticos, abogados mediáticos, uno bien puede preguntarse si su presencia ante las cámaras los beneficia o los perjudica. Conozco casos muy concretos de cirujanos plásticos talentosos que de pronto cambiaron la forma de vestir, el peinado y se han convertido en invitados frecuentes de cuanto programa de televisión existe. También conozco abogados y dietistas que circulan por diferentes canales.

Todo empieza con un simple canje que consiste en atender a un famoso y pedirle que lo nombre: ya sea en una revista, en un programa de televisión o de radio. Sólo eso. Una vez que se lleva a cabo, ya queda en el imaginario popular que Fulanito existe en el mundo mágico de los medios.

Luego viene la segunda etapa: una vez instalado el nombre del profesional lo que sigue es la inevitable invitación al canal y la entrevista radial. El personaje espera hablar de su profesión, pero aún no se percata que eso no le interesa a nadie. Entonces, cualquier periodista empieza por una pregunta sobre su tarea para luego llevarlo al jardín de la perdición: que nombre a los más famosos que atiende, que cuente intimidades de los conocidos, que describa con lujo de detalles lo que se hizo en sus partes más íntimas el actor o la actriz. Allí el profesional puede pisar el palito y darle material al programa que se verá replicado hasta el infinito. Al día siguiente, todos sus familiares, vecinos, conocidos le van a festejar la fama y lo van a sobar con ponderaciones maravillosas. Ahora bien, hay una tercera etapa que surge de la nada. La de pasar de la cúspide de la gloria al desconsuelo. Y es cuando el susodicho se convierte en habitué de los distintos programas y genera conflictos y entredichos entre famosas y colegas. En general, los periodistas avezados hacen que el profesional se enoje y hable mal de otro profesional y, si es posible, esboce una denuncia. A partir de ese momento empieza el principio del fin. Así transita el camino de profesional mediático. Recorre todos los canales. Le invitan gente que lo hace enojar, lo obligan a confrontar. En fin; el acabose. El personaje pierde la chaveta y saca lo peor de su inconsciente. Ya no habrá vuelta atrás. Cuál es la clave entonces. En qué momento parar y decir basta. Es difícil, porque ir a la televisión para los que no trabajan en ella es una adicción. Porque surge, "a ese doctor anoche lo vi en la tele", "estuvo muy bien" y es letal. Es más, cuando llega al consultorio, las enfermeras y las secretarias están orgullosas de que su jefe haya aparecido en la tele.

Ahora bien: no hay que creérsela. No hay que escuchar las voces de halago porque son las mismas que después lo destruyen.

Es mucho mejor que los profesionales hablen por sus fallos, por sus obras. Que hable de su abogado la esposa que le ganó un juicio de divorcio millonario a su ex. Que hable la famosa que parece veinte años menos. Es mejor recordar un nombre que mostrar demasiado la cara. De esa forma, seguramente se le llenará el consultorio o el estudio de gente que pague religiosamente lo que corresponde. Porque sino, se le va a llenar de seudo famosos que no pagan y nombran a diestra y siniestra médicos, peluqueros, zapateros.

Por eso, atención con los efectos de la televisión. Pueden ser fatales..

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