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Cuando disimular es todo un arte

Sábado 20 de abril de 2013
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LA NACION
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Los vecinos en guerra / Autores: Ernesto Korovsky, Silvina Fredjkes y Alejandro Quesada / Elenco: Diego Torres, Eleonora Wexler, Mike Amigorena, Mirta Busnelli, Hugo Arana, Carola Reyna, Monica Antonópoulos, Marco Antonio Caponi, Jorgelina Aruzzi, Carlos Portaluppi, Alan Sabbagh, Marcela Kloosterboer, Candela Vetrano, Gastón Soffritti, Juan Pablo Geretto y otros / Dirección de fotografía: Alberto Reyna, Gerardo Soldatos y Juan Lira / Edición: Guillermo Gatti y Pablo Bologna / Escenografía: Pablo Ponce y Carlos Golac / Direccion de arte: Julia Freid / Productores asociados: Martín Kweller, Alejandro Corniola y Grupo Crónica / Productor general: Pablo Culell / Dirección integral: Miguel Colom / Idea y dirección general: Sebastián Ortega / Productora: Underground / Emision: de lunes a jueves, a las 21,30, por Telefé. Nuestra opinión: buena

Llevar ese costumbrismo barrial propio de Los Roldán al mundo cerrado y suburbano de las Amas de casa desesperadas podría verse en el rígido mundo de las tiras televisivas del prime time desde dos perspectivas simultáneas: como la apuesta más audaz en mucho tiempo dentro de esta modalidad de ficción o como una módica vuelta de tuerca que, en el fondo, termina reforzando la matriz conservadora de una fórmula casi inalterable.

Cualquiera de estos dos nada contradictorios argumentos entrega razones de peso para entender hacia dónde va esta nueva apuesta de Underground. Tras el resonante éxito de Graduados, el siguiente paso de Sebastián Ortega y su equipo creativo consistió hasta aquí en no renegar de una fórmula arquetípica que por encima de todo busca acaparar desde sus múltiples ángulos narrativos la mayor cantidad de públicos posibles. En este caso, el sector juvenil del copioso elenco (de la mano de la ex Supertorpe Candela Vetrano y Gastón Soffritti) sale a ganar audiencia a la par del más maduro, representado por rostros tan amigables como los de Hugo Arana y Mirta Busnelli.

Entre ellos se afirma una columna vertebral de personajes cuya holgura económica sólo se ve afectada por la pérdida momentánea de empleo del protagonista, y que navega con destreza y sin complejos en una marea de previsibles subtramas, basada en el equívoco permanente. Apoyados en esa fórmula segura y confiable, que descansa en la construcción laboriosa de cada personaje (desde sus tics más visibles) y suele prestar menos atención al cuidado de las situaciones, Ortega y los suyos perseveran aquí en su intento de llevar al extremo las convenciones de la tira diaria costumbrista con algún plus visual o narrativo. Lo que vienen haciendo desde los tiempos de Lalola y Los exitosos Pells aquí se manifiesta a través de una curiosa mezcla de humor y suspenso ante la cual, por ahora, el elemento romántico aparece relegado.

Aquí todo se mueve a partir de un común denominador: el secreto y la simulación. Aquí todo es ficción, desde el esfuerzo de Rafael (Torres, muy cómodo en su lugar de comediante) por hacerle creer a su esposa (una convincente Wexler) que conserva el trabajo hasta el operativo armado por Alex (Amigorena, impecable en su papel de ladrón elegante) para proteger a aquella de las amenazas de un antiguo compinche de correrías delictivas, dato clave que la mujer jamás quiso revelar a los suyos. El engaño y el disimulo caracterizan también a las vecinas chismosas (las excelentes Aruzzi y Reyna), al amigo sexópata (Portaluppi, de nuevo notable) y al equipo que secunda a Alex, en el que sobresale el sorprendente Geretto.

Todos estos personajes (que son muchísimos) van construyendo este mundo estrecho y cerrado de falsedades y apariencias desde sus manías, hábitos, guiños, arrebatos y rutinas. Nada que sorprenda demasiado. Underground recurre a esta fórmula desde siempre, aun pagando el alto precio de mostrarlos en situaciones poco trabajadas y depuradas, con el propósito expreso de buscar la empatía con el público.

Queda por ver si, como en Graduados, el amplio potencial que tiene esta tira para cumplir con esa prioridad se cumple. Habrá que ver si su inmejorable elenco logra renovar día a día el interés de la audiencia por seguir una historia a la que nunca le faltará una vuelta de más. Y si queda en el televidente, con la ayuda del mayor despliegue técnico imaginable en estos casos (cada área cuenta con dos o tres responsables) la sensación de que lo expuesto resulta siempre novedoso, diferente y hasta original, cuando en verdad enmascara desde el retrato paródico de la vida en una cerrada urbanización suburbana todos los convencionalismos del típico relato barrial.

Empezando por el relato mismo, aquí todos tratan de esconder con elocuente disimulo sus verdaderas intenciones.

18,2puntos de ratingDejó anteanoche, superado por Dulce amor (18,5) de ser el programa más visto del día desde su debut del lunes 15

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