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Orquesta Sinfónica Nacional

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LA NACION
Jueves 25 de abril de 2013
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Orquesta Sinfónica Nacional / Dirección: Pedro Ignacio Calderón (orquesta) y María Isabel Sanz (Coro Nacional de Jóvenes) / Solistas: Andrés Spiller (oboe), Antonio Spiller (violín), Mario Videla (órgano) / Voces solistas: Silvina Sadoly, Alejandra Malvino, Ricardo González Dorrego y Alejandro Meerapfel / Programa: obras de Johann Sebastian Bach y Paul Hindemith / Sala: Bolsa de Comercio de Buenos Aires / Nuestra opinión: muy bueno

Frente a una muy atenta concurrencia, el doble concierto para oboe, violín y orquesta de Bach se ofrece a través de una lucida versión gracias a la cooperación de solistas de indudable calidad técnica e intelectual. Y una vez más, la estirpe de los Spiller -Andrés con el oboe, Antonio sosteniendo el arco y el violín- unidos al don de ubicuidad de Mario Videla en el teclado del clave, logran el equilibrio seguramente deseado por el creador. Y conmueven en lo más profundo por ese dialogo entre violín y oboe del movimiento lento, especie de meditación de un hombre de profunda fe, acaso como la que pudieran haber poseído los constructores de las grandes catedrales elevando sus torres al las alturas, en busca de una redención. Calderón y los instrumentistas aportan solvencia y el aplauso es generoso y justiciero.

Sin embargo, la plácida y delicada Cantata Herz un Mund und Tat und Leben (corazón, boca, actos y vida) Nº 147 del Catálogo Bach, acaso la composición más valiosa de la propuesta, es objeto de una muy buena realización en la que se lucen dentro de un nivel muy equilibrado los cuatro cantantes: la soprano Silvina Sadoly de voz encantadora, Alejandra Malvino aportando calidad y experiencia, el tenor Ricardo González Dorrego de clara vocalización y buena extensión para llegar a la zona alta del registro, y el barítono Alejandro Meerapfel quien, tanto en los recitativos como en las arias algunas con trompetas obligadas de muy expuesta sonoridad, destaca méritos ya largamente apreciados asimismo en el campo del teatro cantado.

Caledrón, en un concierto anterior
Caledrón, en un concierto anterior.

El Concerto grosso de José María Castro, impreso en el programa, no se escucha por lo cual se presupone que el cambio de escenario sobre la marcha -originalmente anunciado en el Auditorio de Belgrano- puede haber influido para pasar directamente a Metamorfosis sinfónica sobre temas de Carl María von Weber, del muy buen violinista, músico de orquestas, director de coros y creador Paul Hindemith (1895-1963) que, como se esperaba, es objeto de una vibrante versión por parte de Calderón y la orquesta.

Los cuatro movimientos de la pieza, desde el allegro inicial, a la gran marcha final, se ofrece como la concibió el autor en otras de sus composiciones, tal el caso de su ópera Matías el pintor , muy admirada por el famoso director Wilhelm Furtwangler. O también en las partituras de La danza del cisne , en sus ciclo de canciones y composiciones de cámara para cuerdas, así como en una trilogía de óperas cortas, violentas y expresionistas, ferozmente rechazada por el régimen nazi en un tiempo calamitoso, entre otras composiciones de un catálogo que, en realidad, debería escucharse aún en nuestro tiempo y antes de que sea demasiado tarde.

Como Metamorfosis sinfónica es objeto de una muy digna versión en la que se escuchan pasajes del concertino Luis Roggero de sonido inconfundible, al finalizar el publico es cordial ofreciendo su aplauso quedando, cuando ya es noche al salir, la idea de que el programa debería ser reiterado cuando la Sinfónica retorne al Auditorio de Belgrano o se haga realidad la apertura de una sede para la música en el edificio del Correo Central que, en la bajada de Corrientes, se nos aparece más esplendoroso que nunca.

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