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De no creer

Gracias mil, Hernán, por tu sacrificio

Economía

Qué orgulloso estoy de mi amigo Hernán Lorenzino. Kirchneristas hay muchos, pero que entiendan nuestro espíritu y lo lleven hasta las últimas consecuencias, muy pocos. Y qué feo gusto en la boca me dejaron mis colegas y las redes sociales: no entendieron lo que pasó en esa entrevista . Se los voy a explicar.

Hernán no pudo contestar cuánto hay de inflación porque en un país de precios congelados la inflación no existe.

Hernán se puso nervioso porque sólo una periodista despistada (o perversa), que no vive en el país, puede interesarse por un tema que aquí no le importa a nadie.

Hernán pidió hacer un corte en medio de la entrevista porque estaba convencido de que venía una tanda publicitaria en la que aparecería Cristina inaugurando por quinta vez una fábrica de pompas de jabón en Villa Echenagucía.

Video: Entrevista del ministro de Economía a la TV griega

Hernán pidió la asistencia de su vocera porque se maneja con el griego mucho mejor que él.

Hernán sospechó desde el primer minuto que esa periodista de apellido impronunciable, idioma inentendible y preguntas capciosas labura para un canal que debe ser de Magnetto o de uno de sus esbirros.

Hernán se comportó como un soldado de Cristina: se le plantó a la periodista, le hizo pasar un mal rato, la escrachó ante el mundo y le quitó las ganas de andar buscando fama a costa de un hombre cabal.

Hernán demostró, balbuceando incoherencias en algún tramo incómodo del diálogo, que así somos los soldados de la señora: no escondemos nada, no tenemos preparado un discurso, no nos aprendemos de memoria un relato.

Hernán también es una demostración de que estamos dispuestos al sacrificio en pos de nuestra causa. Es un gran cuadro, un tipo leal, un chico al que queremos todos, pero de su área no sabe nada. Su misión es demostrar, con esa apagada presencia, que la economía está en manos de ella y no de él.

Hernán no es alguien acostumbrado a la televisión. En todo caso ha ido a 6,7,8, un tipo de periodismo poco emparentado con la chapucería de la TV griega, amiga de los escándalos y esclava del rating. En 6,7,8, debo reconocer, el escándalo es el rating y los amigos se portan como esclavos.

Finalmente, Hernán no dijo "me quiero ir". Dijo: "No quiero oír". Claro. No quería oír tonterías. Yo tampoco. Lo único que falta: que los griegos, que apenas inventaron la democracia y alguna pavada más, nos quieran dar clases de economía y periodismo. Por favor, retírense..

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