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EE.UU.

Tras años en las sombras, Bush relanza su figura

El Mundo

Esta semana volvió a la escena pública al inaugurar su biblioteca, en un momento de repunte de su popularidad

Por   | LA NACION

WASHINGTON.- Con la inauguración de la biblioteca y centro de estudios políticos que lleva su nombre, no sólo el ex presidente George W. Bush volvió a escena esta semana, sino que se dio el puntapié inicial para el proceso de "digestión histórica" de la que muchos aún recuerdan como una de las peores presidencias que tuvo este país.

"Estados Unidos está acostumbrado a procesar mucha historia. La debaten, la revisan, se esfuerzan por desapasionarse al hacerlo. Creo que, con Bush, eso es lo que está empezando", dijo Erick Kramer, de la Rutgers University, en diálogo con un grupo de corresponsales extranjeros, entre ellos, de LA NACION.

Por lo pronto, la ocasión encontró al ex presidente -que declaró no una, sino dos guerras- en un notable repunte de su popularidad.

Cuando dejó la Casa Blanca, en enero de 2009, lo hizo con apenas el 30% de aceptación. Si buena parte de los norteamericanos estaban, por entonces, hartos de él, hoy se muestran más indulgentes: una reciente encuesta de The Washington Post con la cadena ABC reveló que el 47% de los norteamericanos aprueba hoy su gestión.

Eso significa 14 puntos más que en el momento de su salida y un nivel comparable al que acompañó durante largos períodos a Barack Obama, el presidente que llegó al poder gracias, en buena parte, a lo que antes había hecho Bush.

"Esa recuperación de imagen es la consecuencia de empezar a poner las cosas en perspectiva", dijo Kramer. Pero otros rechazan de plano ese abordaje cuando hablan del hombre al que le tocó reaccionar al peor atentado terrorista en la historia del país.

"Puesto en perspectiva, el legado de Bush es tan malo como cuando dejó la Casa Blanca. Es, sencillamente, ¡peor!", disparó el columnista Eugene Robinson, premio Pulitzer por su trabajo sobre la historia del primer presidente negro de Estados Unidos y ex corresponsal del The Washington Post en la Argentina.

Entre el listado de cosas que le reprocha al republicano figura haber incorporado "la peor vergüenza" a la historia norteamericana: la práctica de la tortura y, bajo eufemismos, "hacerla oficial".

Robinson, a quien muchos le reprochan sus posiciones radicales, admite que "pasarán muchos años" hasta que se conozcan todos los hechos referidos a ese paso, pero está convencido de que, cuando ese tiempo se agote, "las cosas no harán sino mostrarse peor".

De paso, entre lo que le reprocha a Obama figura el no haber llevado adelante una investigación más exhaustiva de la cuestión. "Una comisión de la verdad es lo que hace falta", dice Robinson. En todo caso, su lectura omite que, pese a todas las promesas de terminar con ella, Obama mantuvo en pie y funcionando la cárcel de Guantánamo, en Cuba, uno de los centros de triste fama por haber practicado la tortura. La administración demócrata asegura que esa práctica ya fue desterrada. Pero el centro de detención persiste.

Controversia

Como suele ocurrir en estos casos, el retorno de Bush a escena y la ocasión que le dio paso -la apertura del centro para estudiar su "legado político"- reavivó la controversia sobre lo que dejó su paso por el poder.

"Si tuviera que sintetizar esa gestión en una sola idea, diría la más importante: George Bush nos mantuvo a salvo, con el diseño y la puesta en marcha de una infraestructura que persiste hasta hoy", dijo Michael Gerson, del Foreign Policy Center y ex colaborador del republicano, a quien solía escribirle discursos.

Bush no sólo tiene hoy más aceptación que antes, sino amigos activos. Ellos fueron los que, con donaciones, financiaron los millones de dólares que costó construir el centro, en la Universidad Metodista de Dallas, la misma de donde Laura Bush, su mujer, se graduó como bibliotecaria.

La apertura regaló una de esas ocasiones cuya foto queda para la historia: cinco hombres de la Casa Blanca juntos. A Obama se sumaron los predecesores demócratas Bill Clinton y James Carter, así como el republicano George H. W. Bush.

Los cuatro, hablando bien del homenajeado, que se rió de sí mismo: "Pensar que hubo una época en la que era imposible verme en una biblioteca. ¡Y ahora se inaugura una con mi nombre!"

"Esa reunión cumbre fue más que un homenaje a Bush: fue un tributo a la institución y a la convivencia política", dijo Kramer. Los norteamericanos aplauden esos gestos y los agradecen. En otras latitudes no son tan frecuentes.

Las omisiones revelaron, sin embargo, de todo lo que aún cuesta digerir. Nadie mencionó a Irak y Afganistán. Nadie, a Guantánamo ni a la crisis de 2008 y el desbarajuste financiero que eso ocasionó no sólo al país, sino a buena parte de las finanzas internacionales..

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