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El escenario

Una semana inolvidable...en un país de locos

Política

Un diputado le arroja una botella de agua a otro, hay amagos de pugilato en el hemiciclo, un botón no funciona bien y en la sospechosa madrugada el tablero marca una insólita derrota parlamentaria que un instante después se repara mágicamente a los gritos.

Resulta que dos personas, en un palacio vacío y solitario, han imaginado una reforma judicial para los próximos cien años, y que toda la comunidad ha dicho que es un verdadero mamarracho y que lesiona seriamente a la democracia . Pero la cosa sigue adelante como si nada, gracias al entusiasmo de los soldados y a la obediencia debida de los mercenarios, que canjean votos por vituallas provinciales y municipales, obras, subsidios y, sobre todo, tranquilidad financiera y protección política. Digamos que me subís las regalías del gas o me garantizás un puente, y yo te entrego la República. Qué tal.

Después un ministro de Economía de un país perplejo intenta responder una pregunta para eruditos: ¿cuánta es la inflación de la Argentina? Balbucea como un niño casto y poco estudioso intentando recitar en público una lección explícita de educación sexual. Su vocera le recrimina a la periodista que articuló tan atrevida interrogación, ¿cómo se le ocurre?, válgame Dios, habrase visto.

Los compañeritos de ese mismo ministro balbuceante, en el gabinete económico de los grandes cráneos oficiales, tratan de arreglar el tema innombrable, pero cada vez nos hunden más y ahora resulta que la inflación (con perdón de la palabra) sigue creciendo y que la producción no remonta, y que el blue llegó a los cielos y que la enfermedad mortal va arrasando silenciosamente con todo.

Los compañeritos, porque no tienen nada mejor que hacer y para mostrarse aunque sea un poco activos, despliegan un show para la gilada entrando de prepo a una asamblea de accionistas. El más notorio de los intrusos es un capataz guarango, con alma de gendarme, que habla ampulosamente para demostrar en los medios que es un tipo rudo y que no le tiene miedo al ridículo. Y no le tiene miedo realmente, cae en el ridículo una y otra vez. Es el principal culpable del drama económico del país, pero eso a la militancia no le importa.

Algún intelectual dirá, no falta mucho, que esas imágenes son históricas porque representan simbólicamente al pueblo penetrando en las entrañas de las corporaciones: viva la Patria. Hay que cuidar a la militancia, señores, viene un poco escorada después de que dos arrepentidos contaron por televisión infames corruptelas de alto vuelo.

Luego funcionarios oscuros, sacapresos vip, capitalistas amigos, alcahuetes y artistas de variedades se afanaron por tratar de demostrar que los arrepentidos se volvían a arrepentir, y que el denunciante era un improvisado y un "destituyente".

Se entera uno, de paso, de que todos los miembros de la Corte Suprema pensaron en renunciar durante la semana. Y más tarde, que el alcalde de la ciudad mandó a policías, con garrotes y balas de goma, a las puertas de un neuropsiquiátrico. Qué buena metáfora final. Qué país de locos..

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