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La intimidad de la ceremonia de abdicación de Beatriz

El Mundo

AMSTERDAM.- Fue un acto simple como siempre fueron los actos de abdicación de la Casa Orange, sin palabras de más, sin estridencias. Pero, en medio de ese protocolo austero, hubo tiempo para las emociones y la intimidad familiar.

Al entrar a la sala del Palacio Real en la que se convirtieron en los primeros reyes del siglo XXI, Guillermo Alejandro y Máxima parecían tensos y algo cansados. No sólo era el momento, que hubiese alterado hasta a los más fríos e impávidos, era también la larga noche de ayer.

La comida de despedida de Beatriz había terminado a las 11, no tan tarde, pero los entonces príncipes y la reina no durmieron en sus respectivas residencias, en Wassenaar y La Haya, sino en el Palacio Real, frente al cual miles de jóvenes festejaron, durante toda la noche, la asunción del primer rey en 123 años con batucadas y alcohol.

La que más nerviosa se mostraba fue la nueva reina. Bastante menos suelta que de costumbre, Máxima mantuvo una semi sonrisa durante la ceremonia, mientras miraba para todos lados. Guillermo Alejandro, con ojeras, estuvo serio desde un principio.

La más relajada -¿acaso ya contenta de abandonar tantas responsabilidades protocolares?- era Beatriz, tanto que sonrió como nunca antes. Fue ella la que cortó el hielo del acto al comenzar su corto discurso con un "a Guillermo Alejandro le espera un lindo trabajo" que hizo reír los a holandeses adentro y fuera del Palacio Real.

La reina dedicó a su hijo una mirada de madre devota una vez que el acta había sido firmada por todos; él le devolvió el afecto con un apretón de madre.

Video: La reina Beatriz de Holanda abdicó en favor de su hijo Guillermo (TN)

Para Beatriz, fue una revancha. El 30 de abril de 1980, el día que a ella le tocó asumir el trono, las calles eran un caos: cientos de ocupas que reclamaban, a fuerza de protestas y piedrazos, viviendas se enfrentaron con la policía en una batalla campal cerca del Dam.

Ahora, en cambio, todo es una fiesta. Como si eso no fuera poco, la mayoría de la familia estaba allí para acompañar a Guillermo Alejandro y Máxima . Estaban sus hermanas Margarita e Irene. Ésta, la rebelde hermana del medio de la ex reina, causó un escándalo en los 60 que conmocionó a Holanda: dejó el protestantismo, se convirtió al catolicismo sin avisar a la casa real para casarse con el príncipe Carlos Hugo de Borbón y perdió sus derechos a la sucesión.

Estaba también Mabel, la mujer de Friso, en coma en un hospital de Londres desde 2012, tras una accidente de esquí. Y estaba Constantino, el hijo menor que, poco interesado en los asuntos reales, vive en Bruselas con su mujer, Laurentien.

Esta mañana, el diario Volkskrant se hizo "una pregunta irreverente": "¿Qué pasaría si algo le sucede a Guillermo y Holanda se queda sin rey?". Amalia es la heredera ahora, pero aún no está en edad de asumir y el Parlamento todavía no debatió la ley de la regencia. De todas formas, el diario señaló que lo más probable es que Máxima se convertiría en reina regente y Constantino, a pesar de su poca inclinación por los deberes reales, en su segundo.

 
 

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