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La fiesta sin fin en las calles de Amsterdam

El Mundo

AMSTERDAM.- "No importa lo que pienses de la reina. El 30 acá es un deber salir a festejar". Así justifican los holandeses las casi 48 horas de celebraciones que los llevan a caminar por las calles vestidos de naranja y, en la mayoría de los casos, con cervezas en una o ambas manos. Este 30 de abril, es el último. Desde el año próximo, el día de la reina será llamado día del rey y tendrá lugar el 27 de abril, cuando Guillermo Alejandro cumpla 47 años. Y en las calles se ve esa mezcla de sentimientos: por un lado, la nostalgia. Los carteles y souvenirs más vendidos son los de la reina Beatriz, que desde que firmó el texto de la abdicación ante el Parlamento holandés esta mañana, a las 10 en punto, volvió a ser princesa de los Países Bajos. Los carteles y cánticos en la plaza Dam demostraron el lamento de quienes admiraron la testa coronada de Beatriz durante 33 largos años. Por otro lado, el clima de fiesta es constante.

Todo comenzó ayer a la tarde. Los negocios cerraron sus puertas más temprano que de costumbre, a las 17.30. Comenzaba el feriado más importante para Holanda y habían llegado millones de visitantes el fin de semana que colmaban las calles de Amsterdam. Las vinchas, sombreros, guirnaldas, bufandas, camisetas, orejitas y banderas naranjas ya inundaban las calles desde el sábado.

 
 

"Estamos todos listos para el gran día", anunció el alcalde, Eberhard van der Laan. Las fiestas comenzaron a tomar las callecitas adoquinadas, las veredas, los puentes.muchos se instalaron frente a los canales, esos que hacen de Amsterdam una ciudad "de buen ver". Un punto bien conocido: el primer peaje del mundo, muy cerquita de la famosa zona roja, fue el centro de una feria donde vendían desde objetos alusivos al día de la reina hasta comida al paso al ritmo de rock nacional -de acá- que invitaba a bailar en medio de la calle. Claro que las bicicletas hacían difícil la faena. El vaivén constante de ciclistas, casi imposible de esquivar, sumado al alboroto festivo, complicaba el tránsito. No importaba. Había empezado el feriado, el buen humor era general.

Dos cuadras camino a la plaza Dam y desde un escenario improvisado se arengaba a turistas y locales a saltar en un mega "pogo" al son de un pegadizo estribillo en neerlandés que todos repetían, entendieran o no el idioma.

La plaza Dam fue otro foco de fans del día de la reina. Mientras muchos instalaban sus campings para pasar la noche ante las puertas del Palacio Real, justo enfrente del balcón al que se asomarían los nuevos reyes y la reina saliente, otros se divertían. Foto, cantos, gritos, música, ruido de botellas rotas, carcajadas. La vigilia previa al gran día de la inauguración de un nuevo reinado fue intensa. Pero no terminó ahí.

Amaneció en Amsterdam y el murmullo, que seguía pululando por las calles, fue in crescendo a medida que se acercaba la hora señalada: 10.30. Con perfecta puntualidad, las puertas del balcón se abrieron y una ovación se apoderó de la plaza Dam. Los que durmieron ahí, los que pasaron la noche en vela con botellas en mano, los que madrugaron para lookearse y conseguir una buena ubicación. Miles de personas aplaudieron al nuevo rey, a Beatriz y gritaron su amor por Máxima como si fuera una estrella de Hollywood. Solo unos minutos bastaron para conformar a la multitud: un emocionante Wilhelmus - himno nacional holandés- resonó envuelto en un respeto intimidante. El silencio se hizo presente justo antes de entonarlo y todos lo cantaron con entusiasmo..

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