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La fiesta naranja de la comunidad holandesa argentina

El Mundo

El Hipódromo de Palermo se vistió de gala para la ceremonia de asunción de los nuevos reyes de Holanda

Por   | LA NACION

Un particular glamour orange colmó esta mañana las instalaciones del Hipódromo Argentino, en Palermo, cuando la comunidad holandesa local tiñó de naranja el clásico sitio de carreras de caballos para vivir con mucha pasión la entronización del nuevo rey de los Países Bajos, Guillermo y su esposa reina Máxima.

La bienvenida ya tenía dispuestos detalles de un gran evento, con una enorme alfombra azul que servía de entrada al Gran Salón, y una vez dentro, decenas de mesas adornadas con tulipanes como centro de mesa y sillas vestidas con moños naranja.

"Esto es una gran fiesta en Holanda y también en la Argentina, por eso convocamos a este gran evento que en definitiva es una gran fiesta Orange", dijo a LA NACION el embajador holandés en la Argentina, Hein de Vries.

Unas 500 personas, en su mayoría holandeses radicados en la Argentina, permanecieron congelados delante de los televisores que en estricto idioma holandés y sin traducción, emitían lo que sucedía en Amsterdam, durante la ceremonia de jura de los nuevos reyes.

Heinz Van deer Vart, vetido con un sombrero naranja y corbata al tono no podía disimular su alegría y como un niño con juguete nuevo se acercaba a los micrófonos de los cronistas para dejar testimonio de su particular fiesta. "Estoy muy feliz. Esto es increíble. Tenemos un nuevo rey después de más de cien años y tenemos una hermosa reina que adoramos", expresó visiblemente emocionado y con un castellano apenas entendible.

 
 

"Máxima está hermosísima. Divina. Esto es un sueño para cualquier mujer. De plebeya a reina de Holanda. Nos alegramos mucho", comentó Rita Von Kaussen, que lucía un vestido con ribetes naranjas un unos zapatos del mismo color.

Los niños dieron la nota en la gran fiesta. Mientras los adultos miraban estupefactos las pantallas gigantes desplegadas en el lugar, ellos correteaban por el salón y pedían las delicias que se ofrecían en el desayuno de bienvenida, con el clásico jugo de naranja fresco y alfajorcitos al tono.

El medio millar de invitados que se acercaron desde las 7 al Hipódromo Argentino, para vivir esta particular fiesta portaban banderas holandesas, sombreros naranjas, coronas de plástico y camisetas de la selección de Holanda, que fueron la escena más destacada y repetida del evento.

Pasadas las 10.30 terminó el desayuno de fiesta. Pero antes de retirarse, la mayoría optó por pasar a retirar un libro de regalo y también a comprar un souvenier por el stand que ofrecía platos, velas, azulejos y muchos más productos con la cara de los nuevos reyes de Holanda.

Emociones naranjas

La invitación lo solicitaba expresamente, y cumplieron a rajatabla. El outfit de todos los presentes esta mañana en el Hipódromo de Palermo incluía un detalla naranja. La corbata, la blusa, la cartera, las sandalias o los anteojos de sol. También hubo quienes llegaron con pantuflas gigantes color naranja. Pero nadie como Henny Kempkes (orange de pies a cabeza, con suecos y sombrero incluidos), un holandés de 65 años que viajó de Holanda especialmente a la Argentina para compartir con la comunidad local la coronación de Máxima.

 
Henny Kempkes, vestido todo naranja y con suecos fue uno de los personajes más notorios del evento. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz
 

"Quise venir a la Argentina porque Máxima es grandiosa. Ella es realmente increíble, y con razón los argentinos deben estar orgullosos. Llegué el viernes pasado a Buenos Aires y me quedo hasta el 15 de mayo. No tengo familia aquí, salvo algunos conocidos. Pero tenía que conocer Buenos Aires, la ciudad de Máxima, nuestra reina", dijo Henny a La Nacion, mientras compartía con sus compatriotas un clásico desayuno, café con leche, croissants y budines.

A la familia argentina Sorbello, la invitación les llegó hasta Mendoza vía correo electrónico. "Nos fuimos para Holanda en el año 1975, y nos quedamos allí por 15 años. Los holandeses han sido muy hospitalarios con todos los inmigrantes, y a nosotros nos ayudaron mucho. Para mi Holanda es como mi segundo hogar. Mis hijos crecieron allí. Lo que hizo Máxima es admirable. Se reeducó para integrarse a ellos, y lo hizo de manera brillante", comentó Víctor Sorbello y su mujer, Inés.

 
Guillermo Alejandro y Máxima juran como nuevos monarcas de los Países Bajos. Foto: Reuters 
 

Dennis Vans Huet llegó de Holanda hace un mes. Y no pierde la vista de la pantalla gigante donde, en primer plano, se lo ve al rey Guillermo Alejandro en pleno discurso oficial. A su lado está Mónica Vans Huet, su esposa chilena. "La casa Orange siempre ha sido muy cercana a la gente, y mucho más desde que llegó Máxima, ella es realmente muy querida por los holandeses.

Y le aportó esa cuota de frescura y naturalidad que le falta a Guillermo. Muchas veces a él se lo nota tenso, nervioso. Y Máxima, sin ser holandesa, se desenvuelve con más comodidad, segura de sus palabras", señala Dennis. Su mujer, agrega: "Como inmigrante en Holanda, te das cuenta la importancia que tiene Máxima para todos. En la escuela donde iba a tomar clases de idioma siempre la ponían como ejemplo a seguir", asegura Mónica, que confiesa su admiración por la nueva reina consorte y su capacidad para integrarse al pueblo holandés.

Con la colaboración de Soledad Vallejos.

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