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Todas quieren ser Máxima

¿Será tan así? ¿Quién se animaría, acaso, a romper la magia?

Martes 30 de abril de 2013 • 11:47
Máxima y Guillermo en la ceremonia de entronización
Máxima y Guillermo en la ceremonia de entronización.Foto:Reuters
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"Sos un rey", "Sos mi reina...mi princesa", "Ya llegará tu príncipe azul". Crecimos creyendo que la realeza es, por "excelencia", el estado "supremo" de bienestar, el modelo de status social y económico más sublime... el prestigio, la fantasía, la ensoñación.

Corona, cetro, capa, joyas, castillo, privilegio, poder, banquetes, glamour, fiestas. ¿Será tan así? ¿Quién se animaría, acaso, a romper la magia?

Seguramente ninguna reina o princesa se atrevería a sortear el protocolo y confesar sus pesares.

"Está incorporado en nuestro imaginario social la necesidad de soñar, cada quien a su escala o parecer"
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Lady Di siempre será recordada como una princesa, más allá de sus penas y desgracias. Nunca olvidaré el interés y el rating que, en la primera semana de septiembre de 1997, arrojó el entierro simultáneo de Diana Spencer y el de la Madre Teresa de Calcuta.

Así nuestra realidad sea la del crédito hipotecario y la calabaza, está incorporado en nuestro imaginario social la necesidad de soñar, cada quien a su escala o parecer.

¿Contaron la cantidad de princesas que ya tiene en su haber el maravilloso mundo de Disney?

Nadie, insisto, atentaría contra la imagen que hemos construido gracias a los cuentos, disfraces y a las heroicas batallas de nuestra infancia.

"Es por demás necesario alimentar nuestro mundo fantástico"
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Es por demás necesario alimentar nuestro mundo fantástico. El marketing de la realeza simboliza nuestro deseo de progreso, prestigio, reconocimiento, pertenencia...incluso para los que se niegan a reconocerlo.

Por algo el éxito de las revistas que dan cuenta de las noticias de la alta sociedad. Así no tengamos sus autos, vestidos y millones, no podemos dejar de mirar y deslumbrarnos.

Hasta las princesas "feas como brujas" parecen bellas sólo por ser princesas. Todo está bien, todo es ideal, todo es mágico. Y está bien, en la medida que tengamos los pies sobre la tierra y no creamos que la vida es tener o parecer.

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