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Las celebraciones llegan a su fin pero Ámsterdam no se quiere ir a dormir

La basura de 24 horas de fiestas se acumula en cada esquina; en las calles de bares, las latas de cervezas y vasos vacíos alfombran el piso; continúan los festejos

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LA NACION
Martes 30 de abril de 2013 • 17:58
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AMSTERDAM.- Ni el frío ni el cansancio ni el caos pueden con la euforia de los holandeses. Amsterdam es una fiesta y esa fiesta sigue y sigue, desde ayer a la noche, sin que nadie quiera irse a dormir.

Las seis etapas de la asunción real -la abdicación, el balcón, la asunción, la recepción en el Palacio Real, el desfile de barcos y la comida de cierre- funcionaron a la perfección; no hubo demoras, ni quiebres de protocolo, ni imprevistos. Incluso, ni Máxima ni Guillermo ni sus tres hijas, que tuvieron su primer día entero de compromisos oficiales, se veían muy cansados.

En las calles, sin embargo, ese inmaculado orden holandés no se ve por ningún lado. La basura de 24 horas de fiestas se acumula en cada esquina; en las calles de bares, las latas de cervezas y vasos vacíos alfombran el piso. El tráfico, no de autos si no de bici y personas, es imposible, caminar 10 metros significaba chocarse con 20 personas, no todas sobrias.

Y aun así, aun cuando el frío sea más propio del invierno que de la mitad de la primavera, los holandeses, ojerosos ya, cantan y bailan sin parar. En cada cuadra, hay todavía una fiesta, por lo general con música electrónica; en los canales, grandes botes llenos de jóvenes festejan al ritmo de la música y la cerveza; en cada esquina y cada plaza, pantallas gigantes que muestran las fiestas organizadas por el ayuntamiento o el desfile de los nuevos reyes.

Desde ellas, se ve la fiesta del ayuntamiento, en la Explanada de los Museos y una canción muy particular dedicada a Máxima: No llores por mía Argentina, de Andrew Lloyd Webber, interpretada por una soprano. Y acompañan la canción las imágenes de Máxima llorando en su casamiento, en 2002, al que sus padres no pudieron acudir porque Jorge Zorreguieta había sido funcionario de la dictadura.

La que no llora por Máxima es Amsterdam; en todo caso, la celebra, a ella y a Guillermo, todo el día, no importa el cansancio y hasta que el cuerpo diga basta.

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