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Discapanch, la panchería que lucha contra la discriminación

Sociedad

Este local de comidas rápidas, que emplea a personas con discapacidad, surgió hace 15 años; es una respuesta a la falta de trabajo que padece el sector

Por   | LA NACION

 
Discapanch funciona en Retiro desde hace 15 años. Foto: LA NACION / Sebastián Rodeiro
 

Saúl Macyszyn tiene 74 años y desde los diez, cuando un camión se subió a la vereda de su casa y lo atropelló, sabe lo que es ser una persona con discapacidad: se salvó de milagro, pero perdió el brazo derecho, quedó con problemas en la vista y con serios daños en la columna vertebral, que le impidieron caminar durante casi tres años. Hijo de un obrero y una empleada doméstica, siempre agradece la atención que recibió en el hospital público Evita, a quien desde entonces, poco menos que venera.

En la Argentina hay 2 millones de personas con discapacidad, pero sólo la mitad es considerada Población Económicamente Activa. Es decir, posee entre 16 y 64 años y tiene facultades para trabajar.

De este último total, unas 70.000 (7%) están desocupadas: buscan empleo activamente y no consiguen. De acuerdo al ministerio de Trabajo, las personas con algún tipo de discapacidad que alguna vez tuvieron un empleo, lo perdieron y ya no buscan uno nuevo son 350.000.

La salida de quienes por alguna deficiencia no encuentran oportunidades laborales es el autoempleo. Ese es el caso de Saúl. El cuenta a LA NACION que cuando en 1990 quedó sin trabajo buscó durante siete años qué hacer, pero sin suerte. "Ya estaba casado y tenía tres hijos, pero tuve que subsistir con trabajos esporádicos, mal pagos y en total informalidad. En un momento me di cuenta de que la única salida que tenía era crear un emprendimiento propio", recuerda.

Entonces, decidió jugarse por completo: con el consentimiento de su familia, vendió la casa y se puso un puesto de panchos en el hall de la estación de trenes de Retiro, en la línea Mitre. Lo llamó "Discapanch". Hizo cursos de comidas rápidas y "se copió" de otras pancherías. De esto hace 15 años y el emprendimiento que empezó sólo atendido por su familia, hoy emplea a quince personas con discapacidad motriz -su razón de ser es emplear personas con discapacidad- y pasó de un puesto de lata a ganar la concesión de uno de los locales comerciales de la estación.

Primero fueron panchos y hoy ya preparan hamburguesas, tostados, choripanes, cafés y jugos. Gerardo Báez, el encargado del local, estima que se venden entre 100 y 200 panchos y unos 200 cafés por día. "Vienen un promedio de 300 personas diariamente", calcula. Discapanch está abierto las 24 horas y los empleados, todos contratados en blanco, se organizan en turnos de ocho horas.

A partir de la experiencia de Discapanch, en 2001, Saúl impulsó la Asociación Microemprendimientos Solidarios, un espacio generador de empleo para personas excluidas del mercado. Armó, así, una "cadena laboral de discapacitados", que se puede conocer en la página de la asociación.

 
Saúl Macyszyn, fundador de Discapanch. Foto: Sebastián Rodeiro
 

Existe una ley (artículo 8° de la ley 22.431, que modifica la 25.689) que obliga al Estado nacional a ocupar, al menos, un cuatro por ciento del total de su personal con personas con discapacidad "que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo". Se incluye a los tres poderes del Estado, los organismos descentralizados y autárquicos, los entes públicos, las empresas estatales y las privadas concesionarias de servicios públicos.

El ministerio de Trabajo, que debe ser veedor en los concursos, informó a LA NACION que la ley se cumple y que, por ejemplo, mediante el programa "Integrando" -aplicado exclusivamente a ese ministerio- logró que el 4,6 por ciento de su dotación sean agentes con discapacidad certificada. El director de promoción de empleabilidad de personas con discapacidad, dependiente de Trabajo, Carlos Jordán, dijo que hay una política activa de inserción las cifras levemente mejoran. "En la dirección de empleo tenemos 18.000 personas discapacitadas inscriptas y este registro está a disposición de todos los organismos públicos", informó. Desde su área se asesora a los empleadores respecto de la mejor persona en función del puesto requerido.

Saúl contradice las cifras oficiales, reconoce que se empezó a hacer algo, pero dice que no alcanza. "Sólo en el ministerio de Trabajo cumple la ley del cuatro por ciento, en los demás organismos se excusan por no encontrar personal idóneo. No hay un mercado laboral inclusivo", señala.

 
A Guillermo Aguirre una de las cosas que más le gusta es estar frente a la plancha. Foto: Sebastián Rodeiro
 

La ventaja del carisma

Son las cuatro de la tarde y el local de comidas sigue despachando panchos. "No paramos nunca. El que entra siente el atractivo de un fin solidario", sostiene el encargado. A lo que se le suman los buenos precios -apunta Saúl, el fundador del negocio. En las carteleras puede leerse: panchos, nueve pesos; café, cuatro. "Pensar que cuando dije de poner una panchería atendida por nosotros algunos me decían: 'No va a funcionar porque nadie quiere comer mirando la desgracia ajena". Es el único momento en que Saúl se entristece. Los ojos, llenos de lágrimas. Se dejó de hablar con familiares que pensaban así. Se sintió ofendido.

A Gabriel Versaci, de 38 años, le llega el pedido de un choripán. Por un problema de nacimiento tiene la parte derecha paralizada: su mano permanece con el puño casi cerrado a la altura del pecho. Con dificultad mueve levemente los dedos. "¡Sale el chori!", anuncia. Gira ágil hacia la plancha caliente: cuando se asegura que el chorizo está cocido lo saca del fuego, lo corta; luego toma el pan, lo pincha para que no se deslice y entonces lo abre por la mitad; ofrece condimentos y, en un minuto, concluye su obra.

"Me gusta hacer de todo, pero lo que más disfruto es estar frente a la plancha", dice. También, el trato directo con la gente. "Son los lugares más activos y que demuestran al otro que se puede. Somos como cualquier persona sólo que, en mi caso, hago casi todo con una mano", dice. "Preguntále a cualquiera si tiene alguna queja", desafía, medio en broma y agrega: "Al cliente te lo ganás con una sonrisa. Las personas con discapacidad tenemos esa ventaja: el carisma. ¿Notaste que no en todos los negocios te tratan bien? 'Hola, ¿cómo andás? Conversás un poco. Eso se perdió mucho. Acá, no".

Gabriel trabaja desde los trece, siempre en un kiosco de la familia. Pero cuando el negocio cerró, empezó para él, la difícil tarea de encontrar otro empleo. Cuenta que tuvo varias ocupaciones, algunas que incluso prefiere ya no recordar. "Desde cartonero, a vender silloncitos para chicos casa por casa, hice de todo", cuenta. En el interín tuvo un hijo y las pasó feas cuando no entraba nada de dinero a la casa. Por eso cuida tanto el empleo en Discapanch, que consiguió hace ya cuatro años. "Estoy en blanco, me pude comprar en cuotas un auto preparado para mí y estoy ahorrando para operarme, cosa que tendría que haber hecho cuando era chico, pero nunca tuve plata".

 
Gabriel Versaci aprovecha cada momento libre para limpiar el local. Foto: Sebastián Rodeiro
 

A Guillermo Aguirre también Discapanch le cambió la vida. Trabaja ahí desde hace cinco años. No sólo es un empleo para él. También formó un grupo de amigos y conoció a la que ahora es la madre de sus dos hijos: una nena de siete meses y un chico de 3 años.

Se lo ve atendiendo, haciendo hamburguesas, choripanes, sánguches de milanesas y panchos. En un momento en que afloja la demanda, trae un jugo de naranja recién exprimido: "Gentileza de la casa", dice. Conversa unos minutos, pero no larga el trapo: mientras charla quita unas migas del mostrador. "Me sacaron con fórceps, por eso me dejaron este defecto en el brazo", explica y señala las cicatrices: dos cordones gruesos, unos veinte puntos largos y desalineados. "Me operaron ocho veces y quedé mejor, tenía el puño totalmente cerrado", dice.

Derribar prejuicios

La Asociación Microemprendimientos Solidarios, que tiene una bolsa de empleo de más de cien personas, genera y gestiona trabajo en el sector privado (que no está alcanzado por la ley) y, a la vez, brinda asesoramiento y capacitación gratuita a todo el colectivo social que representan. "Las empresas no están obligadas a tomar gente con discapacidad, entonces hay que rogar que tengan alguna cuota de eso que llaman responsabilidad social empresaria", dice Saúl, presidente de la asociación.

Cuenta una anécdota antes de despedirse. "¿Sabés lo que te dicen algunos empresarios? ¿No faltará mucho con eso de que no tiene una pierna? ¿No pedirá permiso a cada rato para ir al médico? Porque tomar a alguien con discapacidad queda muy bien, pero si lo tengo que echar quedo como la mona", dice Saúl, que ya no se enoja. Explica que sale como garante de quien recomienda y hace docencia puerta a puerta, sólo que en grandes empresas.

Los beneficios fiscales de contratar trabajadores con discapacidad

  • Deducir el 70% de las remuneraciones abonadas al trabajador con discapacidad dentro del ejercicio fiscal de la base imponible del impuesto a las ganancias de dicho período (Ley 23.021 Art. 23)
  • Ser eximidos del pago del 50% de las contribuciones patronales y a las cajas de jubilaciones correspondientes, de las asignaciones y subsidios familiares, al INSSPyJ y al Fondo Nacional de Empleo. Provincia de Buenos Aires, durante los primeros 12 meses de contratación del trabajador con discapacidad. (Ley 24.013 Art. 87)
  • Reducir el 50% de sus contribuciones con destino a la seguridad social durante los primeros 12 meses de contratación de un trabajador con discapacidad y del 25% los segundos 12 meses. Sólo rige para trabajadores contratados por tiempo indeterminado. (Ley 26.476 - Ley de Regularización Impositiva)
  • Acceder a créditos especiales que financien las obras en sus establecimientos para suprimir barreras arquitectónicas. (Ley 24.013 Art. 88)
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