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Cilia Flores, la socia política de Nicolás Maduro que respaldó su ascenso al poder en Venezuela

Enfoques

Militante chavista, la esposa del presidente venezolano es dueña de un liderazgo que puede apuntalar la conflictiva gestión de su marido

Por   | Para LA NACION

No fue la primera vez durante la última campaña presidencial que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, tuvo problemas con los pajaritos. Ya le había sucedido en 1994, durante una de sus tantas visitas a la prisión del Yare, donde el recluso más famoso, Hugo Chávez, purgaba junto a sus compañeros de armas una condena por el fallido golpe de Estado de 1992. En el momento en que su mirada se topó con los ojos negros de una mujer de altura media y de carácter enérgico que le explicaba con cierta autoridad al comandante cómo y cuándo hacer cada presentación y hablar con la prensa, sintió que los pájaros del amor le revoloteaban cerca.

Esa mujer era la abogada Cilia Flores, cercana al movimiento de derechos humanos y que, junto con un grupo de abogados, había asumido la defensa de Chávez y el resto de los militares. Él era un joven sindicalista, pero ya un curtido militante de Vanguardia Socialista.

Un par de semanas después empezarían una relación de pareja y una sociedad política tan arrolladora y fructífera, en términos de poder, como la de Néstor y Cristina Kirchner, o la de la primera pareja peruana, Ollanta Humala y Nadine Heredia.

Flores, abogada penalista, nació en Tinaquillo, estado de Cojedes, en los primeros minutos de 1953, en el seno de una familia de clase media. Estudió en la Universidad Santa María, donde en 1985 se graduó como abogada, para especializarse luego en derecho penal y laboral.

Hasta febrero de 1992, su vida transcurría con la normalidad de cualquier profesional de clase media, poco interesada en la política. "Nunca antes había votado, porque yo durante la IV República era abstencionista. Jamás quise comprometerme con ningún grupo político, hasta que apareció Chávez", suele repetir cuando cuenta cómo llegó al chavismo y a la primera línea del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), del que fue vicepresidenta.

Casada en primeras nupcias con el también abogado Walter Gavidia, actual diputado chavista al Parlatino, y madre de dos hijos, siempre se caracterizó por la vehemencia. La misma con la que decidió acercarse, en marzo de 1992, al Movimiento Revolucionario Bolivariano 200 (MRB-200) para colaborar con sus servicios profesionales en defensa de los militares que venían de intentar la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez por la vía de las armas.

Para entonces ya estaba divorciada y su vida había dado un vuelco. De llevar expedientes de menor cuantía y defensas convencionales pasó a crear el Círculo Bolivariano por los Derechos Humanos, en 1993, y a enfrentar a los medios de todo el país para explicar por qué Chávez y el resto de los oficiales y suboficiales debían ser indultados, algo que conseguiría un año más tarde, cuando le arrancó la firma al presidente Rafael Caldera, casi al mismo tiempo que empezaba su relación con el ahora presidente, 10 años menor que ella. Algo que la inquietaba más que la política.

En sus propios pasos

A partir de entonces no abandonaría más la militancia ni la proximidad política con su líder, Chávez, y con su esposo. En 1998, llegó por primera vez a la Asamblea Nacional, donde permaneció hasta 2010, cuando el presidente Chávez la designó procuradora general. Pero antes hizo que sus colegas del chavismo conocieran su carácter fuerte y su decisión como jefa del bloque oficialista desde 2000, y el yugo de la campana para quitarles la palabra a los legisladores de la oposición en la presidencia de la Cámara desde 2006, cuando reemplazó justamente a su esposo, que pasó a cumplir funciones de canciller. Así se convirtió en la primera mujer en la historia en ocupar ese cargo.

De esa manera, juntos marido y mujer seguían construyendo el poder político dentro del Parlamento y a la sombra de Chávez. Su paso por la función pública no estuvo exento de escándalos. El más recordado es el que la oposición suele llamar "el jardín parlamentario", por la cantidad de sus familiares (de apellido Flores) que integraban la nómina del personal dentro de la Asamblea. "Yo me siento muy orgullosa de que mi familia trabaje aquí", atinó a responder ella, sin que las denuncias llegaran a puerto alguno.

Con Chávez en vida, ellos ya lideraban la facción interna más sólida del chavismo, enfrentada por momentos con la que encabeza el siempre cuestionado Diosdado Cabello, quien logró llegar a la presidencia de la Asamblea en 2012, al desplazar al sucesor de Flores y antiguo jefe político de su esposo, Fernando Soto Rojas. Muchos diputados destacan que ese reemplazo aumentó el desprecio que Flores siente por Cabello.

Proselitismo matrimonial

Pero la lealtad que le profesaron a Chávez no fue exclusiva. Tal vez por ese carácter pseudorreligioso que por momentos adquiere el chavismo, ambos terminaron compartiendo la devoción y la fe por el Sathya Sai Baba. Fue Cilia la primera, pero luego ambos se enrolaron en el movimiento de este líder místico, al que llegaron a visitar personalmente en varias ocasiones en su centro de Puttaparthi, en el sureño estado hindú de Pradesh. Por eso a nadie sorprendió que, al final de la campaña, Maduro recibiera el apoyo de ese movimiento, creado por el gurú fallecido en abril de 2011.

Durante los últimos días de proselitismo, Flores se vio obligada a modificar su perfil dentro y fuera del chavismo. Apareció como la compañera inseparable de su esposo, con el que no ahorró gestos de cariño, algo que antes no se permitía en público, e incluso él resignificó la historia personal de su esposa en el gobierno sobre la base del folklore partidario. No ya "primera ciudadana", como Cristina Kirchner quería que la llamaran en sus días de consorte presidencial, sino "primera combatiente".

"Cilia no será la primera dama, porque ése es un concepto de alta alcurnia. No es una mujer encopetada , porque se crió en un rancho con piso de tierra en el barrio Boquerón [...]", advirtió Maduro ante una multitud el 11 de marzo, cuando inscribió su candidatura, y añadió: "Ella no es mi costilla, más bien es al revés...".

Con el triunfo asegurado, el presidente la designó jefa nacional del Movimiento por la Paz y la Vida, dentro de la Gran Misión a Toda Vida Venezuela, para trabajar en políticas de seguridad y desarme.

Nadie descarta que la pareja seguirá funcionando políticamente como lo viene haciendo desde hace casi cuatro lustros. "Ella ha demostrado que tiene dotes para la estrategia. Tiene una gran gimnasia parlamentaria y será un apoyo fundamental para el presidente", explica el diputado Calixto Ortega.

Un ex compañero de Maduro en la cancillería y en la militancia asegura que en la vida del presidente Cilia "es una mujer muy importante; se complementan bien a la hora de la acción política y son una pareja estable sin grandes tormentas de ningún tipo en la relación".

Algunas pistas de eso llegó a dar el presidente en los últimos días, cuando reconoció el carácter difícil de su esposa: "Así como se la veía en el Parlamento, así es en casa. Aunque ahí sí la última palabra siempre la tengo yo, y es «Sí, mi amor»".

perfil

Nombre y apellido: Cilia Flores
Edad: 60 años

  • Génesis chavista
    Abogada, madre de dos hijos de un primer matrimonio, defendió a Chávez y a los militares tras su intento golpista en 1992. Entonces conoció a Nicolás Maduro.
  • Trayectoria
    Entre 1998 y 2010 integró la Asamblea Nacional, donde fue jefa de la bancada oficialista y presidenta. Chávez la designó luego procuradora general.
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