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Vincent Cassel

"No trabajo para ser famoso"

Espectáculos

El protagonista de En trance habla de su particular carrera en el cine y por qué se mudó a Brasil junto a Monica Bellucci

Por   | LA NACION

RÍO DE JANEIRO.- Como hipnotizado queda el actor francés Vincent Cassel cada vez que la mirada se le escapa por la ventana del hotel y se clava en el mar de Ipanema. Quisiera estar disfrutando de esas olas allá abajo, a pocos metros del departamento donde se mudó recientemente con su esposa, Monica Bellucci, en vez de estar haciendo entrevistas para promocionar su película En trance , dirigida por Danny Boyle, actualmente en cartel en nuestro país.

"Me siento fantástico acá. Siempre tuve algo de alma carioca, bien relajado. Y por ahora no tengo saudades de Francia. Estoy en un punto de mi vida en que no tengo que estar en ningún sito en especial, puedo hacer proyectos en cualquier lugar del mundo", comenta Cassel a LA NACION en el hotel Sofitel, muy cerca de su nuevo hogar, en Arpoador, la pequeña península rocosa que separa las playas de Copacabana e Ipanema. Hace apenas cuatro meses que Cassel, 46, y Bellucci, 48, se mudaron a Río, con sus hijas Deva, 8, y Léonie, 3, pero ya se comportan y hablan portugués como cariocas.

Si brilla el sol, a Cassel no hay nada que le atraiga más que estar surfeando en el mar. Pero los deberes laborales lo obligan a hablar de En trance , que muy probablemente sea el primero de al menos dos films que tiene pensado realizar con el aclamado Boyle ( 127 horas , Trainspotting ).

Allí, en una película de narrativa fracturada con una estética y música como a las que nos tiene acostumbrados Boyle, Cassel es Franck, un ladrón que pretende robar un valioso cuadro de Goya junto a su socio, Simon, empleado de una casa de subastas de arte en Londres, que encarna James McAvoy. Sin embargo, durante el espectacular atraco las cosas no salen como se habían planeado; Simon es golpeado en la cabeza, sufre amnesia y no logra recordar dónde escondió la pintura. Deciden entonces recurrir a Elizabeth, una especialista en hipnosis interpretada por Rosario Dawson, para que los ayude a recobrar la memoria y el Goya.

"Me pareció un guión muy bien escrito y muy sorprendente. Tiene un giro detrás de otro, nada es lo que parece al principio. Me atrapó y lo tuve que leer hasta el final para saber qué pasaba realmente", cuenta Cassel, a quien Boyle en realidad tenía pensado ofrecer un papel en su siguiente película. El rol de Franck le había sido prometido originalmente a Michael Fassbender, amigo de Cassel, pero cuando él tuvo que bajarse del proyecto, Boyle decidió ofrecérselo al francés devenido carioca.

"Como director, Danny es un tipo muy gentil, muy amable, al que le gustan los actores. Yo no sabía, pero él viene del mundo del teatro y eso lo hace un artesano de actores. Tiene una forma muy orgánica de trabajar, todos sentados en la mesa, leyendo, y él va cambiando los diálogos dependiendo del actor. Fue muy fácil trabajar con él y ahora, seguramente pronto volveremos a hacerlo", señala, aunque su próximo proyecto es un adaptación de La bella y la bestia inspirada en el universo de los mangas, dirigida por Christophe Gans.

En su larga carrera, Cassel, que comenzó estudiando circo, ha hecho de todo. En 1995 saltó a la fama en su Francia natal por El odio , de Mathieu Kassovitz, con quien luego filmó el policial Los ríos de color púrpura . Conoció a Bellucci en el set de L'appartement y poco después se casó con la musa italiana, con quien volvió a compartir cartel en otras películas, la más célebre, Irreversible , del argentino Gaspar Noé.

Durante años fue la voz de Hugh Grant en sus films doblados al francés, encarnó al criminal más buscado de Francia en Mesrine , hizo televisión, fue modelo para Yves Saint Laurent. Pasó una temporada en Nueva York estudiando actuación e inglés y logró meterse en Hollywood a través de la serie de films de La gran estafa , de Steven Soderbergh, y la premiada El cisne negro , de Darren Aronofsky. Y entre medio, hasta filmó en Búzios A la deriva , bajo las órdenes del brasileño Heitor Dhalia.

-¿Cómo planeas tu carrera?

-No la planeo para nada. Siempre me sorprendo cuando acepto hacer algo porque generalmente digo que no. Cuando era joven me gustaba estar en los sets de filmación porque no tenía familia, todo era interesante, nuevo, pero después vas aprendiendo qué te gusta y qué no, y ya no querés pasar toda la vida alejado de tu familia. Si hacés tres películas al año, pasás unos tres meses en cada una y al final el año se te fue volando. Así que ahora sólo trabajo cuando lo necesito, en términos de dinero, y digo sí también cuando no puedo decir que no, en casos en que la oferta es interesante por el director, la historia o los actores. He hecho muchas cosas porque me dan dinero, que me permite comprar mi libertad, no me comprometen por demasiado tiempo y me dejan hacer otras cosas. Además, prefiero hacer un buen comercial o una campaña publicitaria a una película mala.

-La mayoría de tus personajes son antihéroes o villanos.

-Me gusta esa clase de personajes, tipos malos, gánsters, y también es algo en lo que muchos directores me ven cómodo. Creo que tengo un rostro fuerte, particular, y eso pega con personajes de ese estilo y por eso me los ofrecen. En el caso de En trance , me gustaba la idea de hacer un gánster más romántico, más normal, y con algunos elementos de buen tipo.

-¿Por qué decidiste mudarte a Río con tu familia?

-Hace 25 años vine por primera vez a Río y siempre me gustó, Brasil en general; aprendí a sambar , a tocar la pandereta, practiqué capoeira durante muchos años. Vine muchísimas veces a distintos lugares, y el año pasado, con Monica, empezamos con la idea de vivir aquí. Fue como una mudanza natural. Río nos gusta porque tiene un estilo de vida fantástico, una gran calidad de vida si tenés dinero. Estoy haciendo mucho surf, me encanta estar en contacto con el mar, caminar por la rambla o tomar un chopp con amigos por ahí. Pero lo que más me gusta es andar en moto por las calles de Río, explorar la ciudad y perderme por ahí. No soy loco, de ir a lugares que sé que son peligrosos, siempre pregunto antes, pero también es necesario decir que hoy muchas favelas que antes eran consideradas peligrosas ya no lo son.

- El estar acá, tan desconectado de los centros cinematográficos, ¿no les complica las carreras?

-Como actores ya bastante establecidos, ni Monica ni yo tenemos que estar todo el tiempo en un lugar; nos llaman para proyectos, los hacemos y luego volvemos a nuestro hogar. Si tenemos que tener una entrevista con un director o un productor, tenemos Skype o podemos viajar. Es cuestión de organizarse un poco más, pero vale la pena. Cuando vivía en París, trabajaba mucho en Los Ángeles y la distancia era básicamente la misma. Para mí, la libertad es lo más importante del mundo. Me gusta poder salir a la calle y hacer mi vida. Y mi trabajo es sólo una parte; no trabajo para ser famoso. ¿Ser famoso para no poder salir a la calle y tener que andar siempre solo en mi Land Rover? No, eso no es lo que quiero para mí.

-¿Tenés pensado volver a filmar en Brasil?

-Tengo tres proyectos, pero todavía no sé en qué orden los haré. Por ahora, el único que ha sido totalmente aprobado es un film de Cacá Diegues. Se trata de una historia bien brasileña, pero que será filmada tanto aquí como en Europa.

-¿Y algún plan de trabajar en la Argentina?

-Es una vergüenza, pero nunca he estado en la Argentina, y eso que he visto varias películas argentinas muy interesantes. Quiero conocer Buenos Aires; espero poder ir pronto, ahora que estoy viviendo más cerca, y me encantaría poder ir acompañado por Gaspar Noé para conocer mejor.

 
Danny Sapani y Cassel en un pasaje de En trance, la primera de las dos películas que Cassel hará con Danny Boyle. Foto: FOX
 

Exhibicionismo brasileño

RÍO DE JANEIRO.- Si bien Vincent Cassel se ha zambullido en la vida carioca y ha abrazado la cultura brasileña desde que se mudó a Río de Janeiro a principios de año, no deja de ser crítico de varios aspectos de la sociedad local.

"Los cariocas son exhibicionistas a todo nivel; les gusta mostrar sus cuerpos en la playa y a la gente rica le encanta mostrar que tiene dinero, pese a los riesgos que pueda traer para su seguridad. También son muy chismosos, a la gente le gusta hablar de otras personas y así se habla mucha cosa que no es verdad, que no tiene sustancia. En Brasil, donde suceden cosas dramáticas todos los días, es algo muy extraño esa desconexión total de la realidad del país", apunta.

Apenas llegó a Brasil, Cassel también quiso participar de una campaña ecológica para frenar la construcción de la polémica represa hidroeléctrica de Belo Monte, en el estado de Pará.

"Lamentablemente no creo que se pueda modificar mucho. Me temo que la preservación de la Amazonia y el desarrollo económico de Brasil no se pueden conjugar bien, y eso es un problema. La gente quiere que Brasil crezca, pero a la vez no quiere que se use la mayor parte del país. El problema no es sólo Belo Monte, es toda la visión de futuro, a lo que se abren las puertas. Puede ser que cambien algunas cosas, que las represas pensadas se hagan de manera más inteligentemente, pero creer que no se construirán es un sueño", explica con pesimismo..

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