Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Pilar, ciudad satélite

Sábado

El proceso se aceleró en los últimos años con la llegada de proyectos inmobiliarios, servicios y centros comerciales

Por   | LA NACION

Cuando sale del trabajo, Vera Sánchez sube al auto y, después de manejar por unos ocho minutos, llega a su casa en el barrio Sausalito, en el kilómetro 52 del ramal Pilar de la Panamericana. Tiene 31 años, es politóloga y trabaja en la dirección de operaciones de la empresa Nobleza Piccardo. "Llegar a casa y descubrir que todavía me quedan cuatro o cinco horas del día para hacer lo que yo quiero no tiene precio", dice.

Cuando la firma decidió mudarse al parque industrial de Pilar -una especie de country empresarial, en el que ya se radicaron más de 100 compañías-,Vera, que vivía en Victoria, comenzó a plantearse la posibilidad de trasladarse cerca del trabajo. Su novio, Ignacio Gigena, que es broker financiero, era de Pilar y empezaron a buscar una casa para mudarse juntos, con suficiente espacio para recibir a los tres hijos de él.

Se instalaron y, desde entonces, las cosas empezaron a cambiar. De a poco, Vera fue trasladando todas sus actividades. Allí hace cerámica, tiene a sus médicos, a sus amigos. Además, descubrió todo un circuito de bares y restaurantes nuevos a los que puede ir sin viajar más de diez minutos.

"Para mí, vivir en Pilar y trabajar en Capital no es una opción. Creo que impacta negativamente en la calidad de vida. Levantarme un lunes a las 6 de la mañana y saber que las dos primeras horas de mi semana las voy a pasar arriba de una autopista atestada me quitarían las ganas de todo", dice. ¿En qué ocasiones va a la Capital? "Prácticamente, no voy. Salvo que sea un curso muy específico o una visita muy puntual. Puedo resolver casi toda mi vida sin cruzar el peaje", cuenta.

La historia de Vera e Ignacio resume muy bien lo que ocurre en la zona cada vez con más frecuencia. Al ritmo que Pilar fue dejando de ser un suburbio para convertirse en una ciudad satélite, cada vez son más las personas que han logrado organizar por completo su vida dentro de ese cosmos, de modo de trabajar, vivir, estudiar, recibir atención médica y hasta pasear sin salir del partido.

En los años 90, la proliferación de countries y barrios cerrados transformó el panorama de las localidades que rodean la ciudad de Buenos Aires, a unos 50 kilómetros a la redonda. El uso principal era el de residencia de fin de semana. Una década después, el uso cambió: se convirtió en vivienda permanente y esto planteó un nuevo dilema para todos aquellos que vivían allí y trabajaban en Capital: haber elegido el verde, pero tener que pasar la mayor parte del día entre la ciudad y la autopista.

 
Dolores perkins y pedro Valdez, médicos. ''El primer mes desde que nos mudamos, yo iba y venía a Capital. No aguanté más el viaje. Pasaba tres horas diarias en la autopista. Me animé a renunciar y pocos meses después conseguí trabajo acá'', cuenta Dolores. Foto: LA NACION / Gustavo Bosco
 

La contracara del boom de los countries fue que los tres accesos a la Capital se colapsaron a comienzos de la década pasada. Vivir en los suburbios y trabajar en el centro implica que a diario millones de personas viajan de ida y vuelta a la Capital para trabajar y pasar unas tres horas diarias arriba del auto.

Así, la mayoría de las localidades en las que se ubican los barrios privados se convirtieron en lo que los urbanistas llaman "ciudades dormitorio". Esto es, sus habitantes viven nominalmente en ellas, pero lo cierto es que pasan todo el día en otra ciudad y sólo regresan para dormir. "El verde tan anhelado sólo lo ven los fines de semana, porque salen de su casa cuando es de noche y vuelven cuando ya se fue el sol", detalla Sonia Vidal Koppmann, urbanista, investigadora del Conicet, especializada en nuevas urbanizaciones.

Esto hizo que en los últimos años muchas familias que se habían instalado en barrios cerrados decidieran volver a Buenos Aires. Sin embargo, a diferencia de otros partidos, dicen los especialistas, Pilar ha logrado cerrar un pequeño cosmos propio y convertirse en ciudad satélite, en la que cada vez más personas pasan toda su vida.

En el último tiempo, se han sumado universidades, centros médicos de complejidad y edificios de oficinas en las que grandes empresas han instalado sucursales para que sus empleados puedan trabajar en ellas por lo menos algunos días en la semana. También ha crecido la población de empresas radicadas dentro del Parque Industrial de Pilar, en el km 55,5. Y se han multiplicado las opciones para salir a pasear, a cenar, a tomar algo, incluso para los más jóvenes. Según relataron a la nacion distintos padres de adolescentes que viven en el partido, en los últimos años ha disminuido la cantidad de combis que los sábados por la noche partían hacia los boliches porteños cargados de adolescentes.

Las opciones locales se han incrementado. Además, al igual que sus padres, cada vez son menos los chicos que encuentran un atractivo irresistible en la ciudad de Buenos Aires.

En el próximo mes, va a abrir sus puertas el primer gran boliche de Pilar, llamado Pink, que con livings y mucho glam promete revivir el aire de las noches de Punta del Este, según garantizan sus propietarios.

Dolores Perkins y Pedro Valdez llegaron a Pilar hace dos años con grandes expectativas y proyectos. Se instalaron en el barrio El Recodo, en el kilómetro 38,5, con toda la ilusión de ponerle más verde a su vida. Son médicos. Pero, apenas a un mes de haberse mudado, el sueño de la vida natural se desintegró. Ella trabajaba en un hospital porteño y eso implicaba pasar una buena parte de su vida arriba de una autopista gris. Muchas más horas de las que podía sentarse en el parque de su casa a disfrutar de la vida lejos de la gran ciudad. "Pasó un mes y no lo aguantaba más. Llegaba de muy malhumor a casa. No era la vida que había soñado", reconoce Dolores.

Se replantearon cómo seguir. Entonces, ella decidió renunciar a su trabajo en Buenos Aires y comenzar a buscar algo nuevo en Pilar. Así, cuatro meses después, finalmente logró ingresar en el Hospital Austral, donde desde hacía un tiempo también trabajaba Pedro. Y entonces las cosas realmente cambiaron para ellos. Al principio, una vez por semana Dolores iba a Capital para hacer algún trámite, hacer un curso, ver a su médico o simplemente conectarse con la gran ciudad; pero poco a poco las visitas se fueron espaciando. Comenzó a descubrir que había una infinidad de actividades que podía resolver sin salir del partido. Cambió todos sus médicos a Pilar y descubrió un universo de posibilidades a sólo diez minutos de su casa. Desde restaurantes para ir a cenar y bolichitos para ir a tomar algo, hasta lugares donde estudiar arte.

En apenas un mes, Dolores y Pedro se convertirán en los padres de Dimas. Su hijo nacerá, por su puesto, en Pilar.

 
Guadalupe Guerrero, abogada. ''Desde que se abrieron los Tribunales de Familia en Pilar, trasladé mi estudio a Polo 1. Y para mi sorpresa, muchos clientes de la Capital me siguieron'', asegura. Foto: LA NACION / Gustavo Bosco
 

Los habitantes del partido están convencidos de que Pilar ha ganado en autonomía como ciudad satélite. ¿Algunas comprobaciones? La Universidad Austral creó en una sede de grado, posgrado y máster. La Universidad de Buenos Aires instaló allí una sede del ciclo básico común y la Universidad del Salvador mantiene su histórico edificio. Los paseos comerciales también se han renovado.

Además del Tortugas y del Village, que ofrecen gastronomía, compras y cines, se modernizaron Las Palmas del Pilar y el complejo Torres del Sol. De la mano de los edificios de oficinas, también desembarcaron en Pilar propuestas gastronómicas que nada tienen que envidiarle a Palermo. Hay restaurantes mexicanos, peruanos, japoneses. También Kansas se instaló en el km 43,5, y en el km 42,5, La Parolaccia.

En sí, desde el km 42,5 hasta el km 50, la proliferación de opciones gastronómicas popularizó las salidas nocturnas, incluso durante la semana, en un público que se caracterizó por ser muy hogareño.

Un arranque distinto

El lunes por la mañana, cuando millones de personas enfrentan el duro inicio de la semana arriba de una autopista, Paula Castro, psicóloga de 40 años, se prepara un café, enciende la computadora y se conecta a Skype. Así, todavía en pantuflas, tendrá su sesión semanal con su terapeuta vía Internet. "Cuando me mudé a Pilar, cambié todas mis actividades cerca. Lo único que me quedó lejos, en la Capital, es mi terapeuta, pero decidimos resolverlo con terapia online ", cuenta.

Después, se va a su consultorio, en el complejo Polo 1, para ver pacientes. Si todo sale bien, podrá volver a casa para buscar a sus hijas Isabel, de 5 años, y Clara, de 7, en el colegio. Algunos días de la semana, incluso, vuelve a casa para almorzar y retomar actividades por la tarde.

 
 

"Todo esto era impensable cuando trabajaba en Capital", dice. Entonces trabajaba en la Fundación Argentina para la Salud Mental. Salía de su casa en el barrio Las Araucarias a las 7.30 y no volvía hasta las 20. Sus hijas quedaban al cuidado de una señora y siempre había que apelar a la ayuda de la abuela. "Era muy difícil saber que por cualquier cosa que les pasara, yo tenía que viajar una hora y media para poder resolverlo", dice. Finalmente se animó a buscar trabajo en Pilar. Abrió su consultorio, entró a una institución instalada en el partido y recién entonces comenzó a disfrutar de la vida que había soñado junto con su marido, que trabaja en una empresa en el centro pero algunos días lo hace desde su casa.

Cuando conoció la noticia de que en Pilar se abrían los tribunales de Familia, la abogada Guadalupe Guerrero confirmó que ése era su lugar en el mundo. Cuando se casó, se había instalado en el partido, pero cuando sus hijas nacieron, volvió a vivir a la Capital. La idea era regresar a Pilar cuando las chicas entraran a la jornada completa del colegio.

Y la mudanza fue completa cuando se abrió el Juzgado de Familia. Guadalupe trasladó su estudio a Polo 1. Lo anunció en su portal www.estudioguerrero.com.ar y, para su sorpresa, muchos de sus clientes porteños la siguieron. "Prefieren manejar hasta Pilar, antes que tener que encontrar estacionamiento en el centro", dice esta abogada.

La proliferación de condominios en Pilar es también un indicativo de que la estructura de las familias en el partido ha continuado mutando. "La mayoría de las personas que viven en estos complejos son padres divorciados que quieren seguir viviendo en el partido, cerca de sus hijos, aunque no necesariamente en un barrio privado", detalla Patricia García Matera, referente inmobiliaria de la zona desde hace 30 años. Otros de los nuevos vecinos de estos complejos son los matrimonios grandes, cuyos hijos y nietos ya viven en Pilar.

"Trabajar en Capital no es una opción"

Vera sánchez
Directora de operaciones de Nobleza Piccardo

Cuando la firma en la que trabaja decidió mudarse al Parque Industrial de Pilar, Vera decidió instalarse ahí junto con su novio. De a poco fue trasladando todas sus actividades: desde cursos de cerámica y salidas con amigos, hasta visitas mensuales al médico. Además, descubrió un nuevo circuito de bares y restaurantes a los que puede ir sin viajar más de diez minutos. Trasladarse a Capital todos los días, dice, impactaría negativamente en su calidad de vida

"Todo esto, antes, era impensable"

Paula Castro
Psicóloga

Al mudarse a Pilar junto con su marido y sus hijas cambió todas sus actividades para que le quedaran cerca. Lo único que dejó en Capital fue a su terapeuta, pero rápidamente encontró la manera de resolverlo. Todos los lunes por la mañana, mientras millones de personas enfrentan el tráfico de la autopista, Paula se prepara un café y se conecta a skype para tener su sesión semanal vía Internet. Después va a su propio consultorio, en Polo 1, y si le queda tiempo pasa a buscar a sus dos hijas por el colegio.

TEMAS DE HOYReforma del Código Procesal PenalPresupuesto 2015El caso de Lázaro BáezDamián Stefanini