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Editorial I

Rehenes de otro paro inhumano

Opinión

La prolongada huelga de los ómnibus de larga distancia muestra la indiferencia del Estado ante el sufrimiento de los frustrados usuarios

El paro que los choferes de ómnibus de larga distancia agrupados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA) realizan en demanda de mejoras salariales fue el hecho que dejó nuevamente expuesta la indiferencia del Estado nacional frente a la indefensión en que de pronto quedaron cientos de ciudadanos, en este caso en un lugar que, por obra y gracia de la desidia del propio Estado, se ha convertido en un sitio donde proliferan todo tipo de delitos. Un campo tan fértil para la delincuencia es desde hace tiempo la terminal de Retiro, que hasta los propios miembros de la Gendarmería Nacional toman sus precauciones cuando deben recorrerla a determinadas horas.

En ese lugar quedaron abandonados cientos de personas, en su mayoría de condición humilde y, por lo tanto, imposibilitadas de esperar la solución del conflicto en un alojamiento digno o apelar a otro medio de transporte.

Las escenas y las voces parecían más propias de un lugar por el que había pasado un fenómeno devastador que de la principal terminal de ómnibus del país. Gente comiendo y durmiendo sobre bancos o directamente en el piso, en muchos casos espalda con espalda, como soldados en guerra, y tomada de sus pertenencias para evitar ser víctima de robos; desperdicios por doquier y testimonios que confirmaban el dolor y la desesperación que mostraban los rostros completaban el cuadro.

Bebes, menores, ancianos, enfermos que necesitaban de una medicación que no tenían y lisiados quedaron allí durante días, a merced de quienes ofrecían traslados en combis ilegales a cambio de mucho dinero, de los comerciantes del propio lugar, que súbitamente incrementaron los precios de todo lo que venden y, lo peor, de los delincuentes.

Nadie que tuviera medios para irse a un sitio confortable hasta tanto poder viajar se hubiese quedado con un bebe o un enfermo en un lugar como la Terminal de Retiro solamente para protestar contra el Gobierno, como se sugirió desde algunos medios de comunicación.

Tan abandonada se sintió esa gente que en el atardecer del viernes y ayer mismo salió a las calles y cortó avenidas en Retiro para llamar la atención de las autoridades.

Ante la brecha insalvable entre las demandas de los trabajadores y la postura del sector empresarial, el Gobierno pareció sin reacción. Esto fue así pese a que el conflicto estaba en puerta desde hace tiempo, habida cuenta de que la generosa política de subsidios en favor de Aerolíneas Argentinas -un verdadero barril sin fondo que se mantiene a costa de los bolsillos de todos los argentinos- había dejado a las empresas de transporte de ómnibus en imposibilidad de competir con sus tarifas y en serias dificultades para enfrentar el reclamo salarial que también estaba al caer.

Frente a un cuadro que prenunciaba lo que finalmente ocurrió, los ministros involucrados en el tema, el de Trabajo, Carlos Tomada, y su par de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, no lograron arbitrar los medios para que se produjera un pronto restablecimiento de un servicio tan esencial como es el transporte público de larga distancia y coincidieron en hacer públicas sus sospechas de un acuerdo entre gremialistas y empresarios para hacer fracasar las gestiones tendientes a poner fin al paro.

Más allá de que pueda o no asistirles la razón a los ministros, el Gobierno incurrió en una actitud inadmisible que, en definitiva, constituye otro fracaso en este tema, y es el de haber abandonado a su suerte a frustrados pasajeros que terminaron viviendo una pesadilla que no olvidarán. El Gobierno pareció no tener en cuenta que, por ser una concesión nacional, la terminal de Retiro es área de su competencia. Y tampoco la concesionaria, TEBA, mostró demasiada preocupación por la suerte de las personas allí varadas.

Frente a un hecho que claramente colocó en situación de riesgo a cientos de personas y dada la cantidad de días transcurridos desde el comienzo del paro, el Estado debió haber puesto a disposición de ellas lo necesario para su traslado o, al menos, hacer que gozaran de lo más elemental: alimentación, provisión de medicamentos, atención sanitaria y seguridad. No lo hizo y, por el contrario, una vez más dio la espalda a quienes, desde su discurso, más dice defender..

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