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¿Un dólar más calmo hasta octubre?

Opinión

"Me da la impresión de que el dólar ha subido mucho contra el peso en lo que va del año. Francamente, veo un dólar más tranquilo hasta octubre." Tal frase, sorprendente en un economista que no guarda afinidad con el kirchnerismo, fue dicha ayer a LA NACION por el ex presidente del Banco Central Rodolfo Rossi. Pero lo que aclaró inmediatamente no resultó tan tranquilizador: "En los dos últimos meses del año, ni bien pase el proceso electoral, el mercado paralelo volvería a recalentarse y el dólar podría batir nuevos récords".

Cuando fue consultado por este cronista el 25 de febrero , y el dólar marginal se ubicaba en alrededor de 7,80 pesos, Rossi había pronosticado que veía un tipo de cambio paralelo a 11 pesos a fines de 2013, fundamentalmente a partir del nivel de emisión monetaria, que superaba por entonces el 40 por ciento. Su estimación pareció entonces exagerada. Pero lo cierto es que, de la mano de la desconfianza de la población en la economía y del cepo cambiario, la presión sobre el dólar informal lo llevó en los últimos días a rozar los 10 pesos, lo que implica una suba de alrededor del 45% en lo que va de este año.

Hoy, Rossi cree que el dólar marginal no crecerá hasta octubre en la misma proporción que lo ha hecho durante los primeros cuatro meses del año. "Hasta los comicios, debería mantenerse entre 10 y 11 pesos, aunque puede subir más entre noviembre y diciembre. Cualquier sea el resultado electoral, el sinceramiento vendrá después de octubre".

Distintos economistas con activa militancia en fuerzas opositoras sugirieron en los últimos días que la cotización del dólar paralelo es mucho más realista que la del oficial.

Anoche, la presidenta Cristina Kirchner intentó desalentar las expectativas devaluacionistas. Sostuvo que "los que quieren ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo, van a tener que esperar a otro gobierno". Pareció ratificar, así, el rumbo trazado en el presupuesto nacional, que prevé un dólar oficial inferior a los 6 pesos al término de este año.

Distintos economistas con activa militancia en fuerzas opositoras sugirieron en los últimos días que la cotización del dólar paralelo es mucho más realista que la del oficial. Por ejemplo, Carlos Melconian, vinculado al macrismo, indicó que si se toma el dólar de 2007 y se lo actualiza con alguno de los índices más creíbles de inflación, la cuenta arroja un dólar a 9 pesos. Alfonso Prat Gay hizo un cálculo parecido tomando otras fechas: dijo que si se considera el tipo de cambio de aproximadamente 3 pesos existente hacia 2004 y se lo ajusta por inflación, se concluye que debería estar a 9,50 pesos.

Otro economista, José Luis Espert, señaló al ser consultado por LA NACION que "las tensiones cambiarias van a continuar mientras no se tomen medidas de fondo o no se suban las tasas de interés". Planteó que la situación cambiaria "es la consecuencia de que tengamos la inflación más alta del mundo y un nivel de déficit fiscal sólo superado en el último cuarto de siglo por el proceso hiperinflacionario de 1989 y por la crisis de 2001".

De la mano de la desconfianza de la población en la economía y del cepo cambiario, la presión sobre el dólar informal lo llevó en los últimos días a rozar los 10 pesos

Aclaró, igualmente, que la situación actual no debería ser comparable a la de 1989, cuando llegamos a tener una inflación mensual del 200%, porque "para terminar así requeriríamos que la demanda de dinero desaparezca". Tampoco es igual que la de 2001, ya que hoy la Argentina tiene una estrategia de financiamiento del déficit fiscal distinta: "En aquel entonces, se recurría al endeudamiento, hasta que llegamos al default, y hoy se recurre a la emisión monetaria", explicó.

Criticó que desde que se empezó a hablar de cepo cambiario la economía dejó de crecer, en tanto que en los dos últimos años las reservas del Banco Central disminuyeron 12.000 millones de dólares y, de esa caída, casi un tercio de las reservas se perdieron sólo en los últimos cuatro meses. Por eso, la preocupación mayor de Espert pasa por "la velocidad del deterioro", que hace difícil formular pronósticos, pues, en definitiva, "todo dependerá de lo que haga el Gobierno"..

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