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Punto de vista

Gobernar sin escrúpulos, por el bien del país

Enfoques

Por   | Para LA NACION

 
 

Me viene a la mente una divertida lista de supuestos políticos representativos de distintos países -que en su momento, cuando llegó a mis manos, me trajo consuelo, porque ninguno era argentino-, en la que había, entre muchos otros, un japonés, Tekito Tuboto; un alemán, Otto Gran Frauden; un libanés, Mestafa Al-Botar, y un ugandés, Amin Mewele Jolilo. El griego se llamaba Hurtolis Sinescrúpulos.

Para mi sorpresa, después supe que scrupulus (diminutivo de scrupus ) significa piedrita en latín, no en griego. De allí viene la palabra escrúpulo, de la piedrita en el zapato. Cuando no se tienen escrúpulos es porque falta la duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es cierto o no, si es bueno o malo. Escrúpulo, dice la RAE, significa "lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo".

Los cinco coroneles de la economía se mostraron inquietos de ánimo el martes, cuando anunciaron que todos los que tengan dinero negro en el país o en el exterior lo podrán lavar en el Estado (esto me hizo acordar otro chiste: ¿hay forma de esconder un elefante en la calle Florida? Sí, se ponen cien elefantes). Pero esa inquietud anímica parecía más bien relacionada con las tensiones recíprocas, con la incomodidad de ver venir la pregunta subversiva sobre la inflación sin poder ponerse en fuga ni repetir la orden marcial: apaguen las cámaras. Los funcionarios no traían desasosegado el ánimo, se les desasosegó in situ (hay que entenderlos, nunca se habían sentado uno al lado del otro, delante de periodistas que no venían de comprar dólares en una cueva, como los matoneó Guillermo Moreno, sino de años en los que fueron tratados como taquígrafos).

No consta que se le hubiera inquietado el ánimo, en cambio, a quien tuvo ocasión de meditar y aprobar la idea de hacer coincidir en la misma semana la aniquilación de la independencia judicial, la designación del abogado de Lázaro Báez como juez y el blanqueo que ejecutará el Estado con los ojos tapados, gracias a que a la Justicia le sobrará una venda.

Cristina Kirchner enseña que la inflación no es lo que el enemigo describe. Habla coreográficamente para decir que hay un equipo económico al cual confiarle los ahorros escondidos. Nos sugiere por Twitter que si ella mira por HBO la miniserie Games of Thrones , Jorge Lanata, que está a la misma hora, no existe (por lo tanto, nadie comenta nada en la calle sobre kilos de euros, bolsos ni bóvedas). Explica que lo del cepo cambiario es un título mediático, así el cepo se esfuma. Informa por cadena nacional que el Estado perseguirá a un señor Rodrigo Saldaña por haber dicho en Clarín que a su inmobiliaria no entra ni el loro, lo cual nos confirmará a todos que las propiedades se venden como pan caliente.

Con excepción de las archiilegales cuevas, a las que ni conviene mencionar porque los funcionarios se ponen como un cura al pasar por la puerta de un prostíbulo, todo lo que hace el gobierno es legal. Hasta cuando se lleva puesto al Poder Judicial. ¿Cómo se explica? "Cuando uno está en su despacho hace cosas que en la estricta interpretación de la ley no son legales. Pero las hace porque son el mejor interés de la nación." Lo dijo Richard Nixon, apurado por David Frost para que contara en qué pensaba cuando, inescrupulosamente, obstruía la justicia..

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