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Vaticano

Inusual misa del Papa para periodistas de la Argentina

El Mundo

En una celebración privada, el Pontífice recibió a los trabajadores de prensa

Por   | LA NACION

ROMA.- Ante la idea de un colega y la gestión del embajador argentino en la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, ayer un grupo de periodistas argentinos residentes en Roma, junto con sus familias, pudieron asistir a la misa matutina que el Pontífice celebra cotidianamente en la capilla de Santa Marta.

Bajo un cielo gris, la cita fue a las 6.40 frente a la denominada Porta Petriana, por la que normalmente se ingresa a la sala de Audiencias Pablo VI, a la izquierda de la Basílica de San Pedro.

Acompañados por el embajador Cafiero y su esposa, luego de que un par de guardias suizos -vestidos con el tradicional traje a rayas- controlaran una lista previamente confeccionada, el grupo de argentinos, unas 25 personas, entre ellos, seis chicos, avanzó a pie hacia la residencia de Santa Marta. Se trata del hotel cuatro estrellas del interior del Vaticano que ahora se convirtió en la casa del Papa y donde otros prelados viven allí habitualmente o paran en sus visitas a Roma.

Llegados a Santa Marta -donde la petición fue que nadie sacara fotos porque se trataba de una misa privada-, el secretario maltés del Papa, Alfred Xuareb, hizo pasar a todos a la capilla, una estructura moderna y simple, donde pueden entrar unas 150 personas.

Allí ya estaba un grupo de gendarmes del Vaticano, de uniforme azul. Desde que fue electo, el 13 de marzo pasado, el papa argentino celebra misa cotidianamente ante grupos de laicos que viven en el Vaticano, que van desde los barrenderos y jardineros hasta los tipógrafos de L'Osservatore Romano.

A las 7, con una simple casulla y acompañado por dos sacerdotes que concelebraron, uno italiano y otro español, apareció el Papa, con sus zapatos negros de siempre, concentrado. Reinaba el silencio entre la mayoría de los argentinos presentes.

Todo el mundo quedó absorto a la hora del sermón. Como siempre, el papa Francisco habló en forma simple, directa y profunda, transmitiendo pasión y energía. Habló de las llagas de Jesús, que tienen que servir no sólo para salir de uno mismo, a través de una oración no "aburrida", hacia Cristo, sino también para llegar a quienes tienen concretamente llagas, los pobres, los que se sufren.

"Si nosotros no logramos salir de nosotros mismos hacia el hermano necesitado, hacia el enfermo, el ignorante, el pobre, el explotado, si nosotros no logramos hacer esta salida de nosotros mismos hacia esas llagas, no aprenderemos nunca la libertad", dijo. "Hay dos salidas de nosotros mismos: una hacia las llagas de Jesús, la otra hacia las llagas de nuestros hermanos y hermanas, y éste es el camino que Jesús quiere en nuestra oración", explicó.

Terminada la misa, Francisco fue a quitarse la casulla. Y de inmediato volvió, vestido de blanco, para sentarse en unos bancos de la parte trasera, para rezar entre la gente, una costumbre nueva en el Vaticano.

Minutos más tarde, sonriente, parado en un hall adyacente a la capilla, como anfitrión de la casa, como párroco de pueblo, el ex arzobispo de Buenos Aires saludó, uno a uno, a los asistentes a la misa, dedicándoles a todos una palabra, un comentario amistoso, un chiste. Muchos aprovecharon para entregarle cartas, mensajes y regalos. Entre ellos, un bellísimo poncho catamarqueño de vicuña con una guarda celeste y blanca, entregado por una periodista de parte de Dalmacio Mera, vicegobernador de Catamarca. Se trata de un poncho similar al que fue mandado a hacer para la Virgen del Valle, patrona de esa provincia del norte del país.

"¡Qué lindos!", les dijo el Papa, con ternura, a algunos niños que le obsequiaron dibujos, a quienes besó y acarició. Un dibujo era un retrato de él, vestido de blanco, con su cruz de plata y los anteojos, otro, muy similar, decía "Viva el Papa" y "San Lorenzo 6 -River 0".

Una visita de 59 millones de dólares

La visita del papa Francisco a Brasil durante las Jornadas Mundiales de la Juventud, en julio próximo, costará a las arcas públicas 59 millones de dólares, informó ayer el diario brasileño O Globo.

La seguridad será cubierta por 10.700 efectivos, 9000 de ellos de las fuerzas armadas y 1700 tropas de elite de la Fuerza Nacional. Para su traslado desde Río de Janeiro hasta el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, en el estado de San Pablo, donde Francisco oficiará una misa, el gobierno movilizará un avión militar Hércules, operación que tendrá un costo de 500.000 dólares. Se espera la llegada de dos millones de jóvenes al evento..

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