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Delia Rigal: una larga vida dedicada a la ópera y a la enseñanza

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LA NACION
Martes 14 de mayo de 2013
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La prestigiosa soprano Delia Rigal, nombre artístico de Delia Dominga Mastrarigo, nacida en 1920 y discípula de Rosalina Crocco y quien fue una de las más caracterizadas cantantes líricas argentinas, falleció en Estados Unidos, su país de adopción. Inició su carrera profesional en 1941, año de su actuación en el escenario del Teatro Colón encarnando a Diana, en Ifigenia en Tauris, de Gluck, título lírico basado en el drama de Eurípides, dirigida por la batuta eminente de Erich Kleiber. Su carrera profesional se prolongó hasta 1955, oportunidad en la que fue la soprano principal en Andrea Chenier de Giordano, con la dirección de Franco Ghione, y como protagonista de L' amore dei tre , de Italo Montemezzi, junto con el tenor Marcos Cubas, el barítono Victor Damiani, el bajo Nicolai Rossi-Lemeni , todos bajo dirección de Héctor Panizza.

A lo largo de su carrera se presentó en varios teatros prestigiosos. En La Scala de Milán, en 1948, con La traviata , de Verdi; Fidelio (Leonora), de Beethoven; en el estreno de Regina Uliva, de Giulio Cesare Sonzogno, y en Lodoïska , de Cherubini. Por otra parte, la artista argentina cantó en París en la Ópera Comique, en 1949 y en 1950, en el Metropolitan de Nueva York, institución que la incluyó en sus elencos permanentes, pese a lo cual continuó por algunos años más integrando elencos en el Colón de Buenos Aires, junto con figuras relevantes como Mario Del Mónaco, Fedora Barbieri, Nicolai Rossi-Lemeni, Raoul Jobin, Giuseppe Campora y Giuseppe Taddei, entre muchos otros admirables.

Sin embargo, más allá de su valiosa carrera artística, el fallecimiento de Delia Rigal mueve a destacar la pérdida de un ser humano excepcional, pleno de vitalidad y de alegría por compartir horas de amistad en reuniones siempre informales y distendidas, donde su bullicioso temperamento y jovialidad fuera el centro de atracción para quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Y por último no sería justo olvidar su empeño y placer espiritual que le causaba dedicarse a aconsejar a jóvenes cantantes, según las cualidades vocales de cada uno, tarea que llevó a cabo con pasión y desinterés personal.

Si bien su última actuación en el Teatro Colón fue en 1955 con la ópera L' Amore del tre re , de Italo Montemezzi (1875-1952), todos los años, ya retirada de los escenarios, viajaba a Buenos Aires con su compañero de toda la vida para ofrecer clases magistrales para alumnos de la Escuela de Arte del Teatro Colón, en las que no podía ocultar su genio temperamental y su formidable vitalidad, asimismo plena de ocurrencias inolvidables.

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