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Un gobierno en apuros / EE.UU / El escenario

Una presión que no altera la elogiable rutina de hablar con la prensa

El Mundo

Por   | LA NACION

WASHINGTON- "A Obama ya lo asimilan con Richard Nixon por todo esto. ¿Cómo se siente el presidente con esa comparación?" Ésa fue una de las preguntas con las que empezó la conferencia de prensa con que la Casa Blanca dio su versión ante las denuncias periodísticas sobre la serie de escándalos que jaquean al presidente Barack Obama.

Un ejercicio republicano de rendición de cuentas que se ejerce casi todos los días de la semana. Son raras en esta ciudad las excepciones al rito de la conferencia de prensa cotidiana.

Pero, en todo caso, la cita de ayer fue especial por la misma excepcionalidad de las circunstancias: nunca se ha visto a Obama sometido a la presión de frentes simultáneos capaces de mellar su credibilidad. Entre ellos, uno que indignó especialmente a la prensa local: el haber sido objeto de espionaje.

Eso tampoco bastó para alterar la rutina del encuentro. "Muchas gracias, sí, agradezco su interés", fueron los latiguillos repetidos por el vocero presidencial, Jay Carney. Claro que muchas preguntas lo incomodaron. Pero ése no era el punto. Hubo, en todo caso, una cortesía adicional: la agencia Associated Press (AP), que viene de ser víctima de ese espionaje, tuvo la primera pregunta.

Pero ni siquiera eso fue usado en su favor: lo que hizo el cronista fue hacer lo que hace todo profesional al que le toca la primera pregunta: atacar el tema en sus generalidades. "La Casa Blanca está sometida a una serie de escándalos, ¿qué responsabilidad reconoce en todo esto?", preguntó.

Obama es "un firme defensor de la libertad de prensa", respondió Carney, y agregó: "Pero también de proteger la seguridad nacional".

Fueron más de 60 preguntas. Entre ellas, las siguientes: "Da la impresión de que ustedes esconden algo... ¿De verdad nadie en la Casa Blanca sabía lo que ocurría? ¿Se despedirá a alguien por lo ocurrido? Ya nos dijo que Obama está enojado, pero ¿qué significa eso? ¿Cómo se traduce el enojo de Obama?".

No hubo malas caras ni fastidios ni prepotencias. Tampoco aplausos cada vez que el vocero ensayó un buen argumento. Cada uno en su lugar: el vocero, solo, en el atril de todos los días. Los periodistas, en las sillas de siempre. Las cámaras de televisión captándolo todo. El video, disponible luego en la web de la Casa Blanca. Preguntaron todos los que quisieron y preguntaron lo que quisieron.

Una envidiable rutina en un país que, en esto, tiene bien en claro las reglas básicas y las asume.

el vocero de obama

  • Jay Carney / vocero de la Casa Blanca
    Obama "es un firme defensor de la libertad de prensa"
  • El presidente "también cree en la necesidad de proteger la seguridad nacional"
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