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Brasil

A jugar como chicos entre toboganes y piletas con olas

Turismo

Muy cerca de Fortaleza, el Beach Park, gran parque acuático y resort, especial para divertirse en familia

Por   | LA NACION

Video: Beach Park, un parque acuático a la vera del mar brasileño

FORTALEZA.-Adentro, el agua tibia de la pileta y una caipirinha en la mano hacen que todo se olvide: no existen los problemas. La noche cálida -no más de 24°C en promedio-, el cielo limpio y estrellado -las Tres Marías, en una performance en vivo-, el sonido del mar de fondo, la comida especiada, el aroma a las frutas tropicales frescas que se mete de lleno en la nariz. En fin, todo lo que se necesita para ser feliz, al menos temporalmente.

De hecho, aquí, en el complejo Beach Park, a 16 kilómetros de esta ciudad tropical del nordeste de Brasil, la premisa -el eslogan- es justamente: La onda es ser feliz ahora. Un presente inmediato enfocado en el placer.

Cercan el parque acuático -promocionado como el más grande de América latina- cuatro resorts que apuntan a la familia. Es difícil ver a solteros y solteras dando vueltas por el complejo. La mayoría de los 1.150.000 visitantes anuales son parejas con hijos pequeños, que muchas veces vienen acompañados por otros familiares.

El día comienza temprano: el sol calienta ya a las 5.30 y se esconde a las 17.30. Doce horas de luz que entibia los cuerpos y, por momentos, los agobia con un calor envolvente; propio del clima del trópico.

El lugar obliga a levantarse temprano y comenzar el día con un desayuno potente: panes de coco, de queso y cacao, frutas y jugos tropicales, tortas, croissants tibios rellenos con chocolate, panqueques de tapioca, budines y café, mucho café. El complejo acaba de estrenar un nuevo hotel, Beach ParkWellness Resort, un gigante de 360 suites, orientado al bienestar, con un spa y gimnasio.

 
 

En el resort, como en los otros tres, se puede ver a los niños correr, nadar y aprovechar el servicio de entretenimiento de los monitores, un conjunto de jóvenes que a fuerza de buena onda organiza actividades. Mientras, los padres se broncean en la pileta.

A las 11, la acción se traslada al parque acuático, cuando abre sus puertas. Sólo hay que caminar unos 200 metros para llegar.

Una vez adentro, nadie puede ser adulto: el niño interior está liberado a sus anchas. Toboganes, lagos artificiales, cascadas, piletas con olas y juegos acuáticos. Claramente, la adultez que ata, en este lugar, es mejor olvidarla.

Al acercarse a una de las atracciones, Ramubrinká, un entramado de siete toboganes, se empiezan a escuchar alaridos de terror, mientras los paseantes son escupidos -literalmente- de las bocas de los deslizadores para caer en una pileta. Se puede pensar que son emociones exageradas, hasta que se está arriba de la plataforma, a 24 metros de altura, donde nacen los siete toboganes. Uno es un tubo negro, en el que se cae en plena oscuridad y sin sensación de espacio. En otro, abierto, hay que descender con una suerte de gomón. Adrenalina, excitación y la búsqueda de querer más y más emociones.

La verdad es que las hay a montones. La estrella del lugar es Insano, un tobogán de 41 metros de alto, comparable a un edificio de 16 pisos. La gente se desliza por esa estructura de alrededor de 80° de inclinación a más de 100 km por hora y se frena en una pileta. Muchos suben los 16 pisos, miran hacia abajo, constatan eso de que no somos nada y desisten. Los que logran vencer el miedo quieren más y repiten la temeraria cruzada.

Si la adrenalina aún fluye por la sangre, lo ideal es subir a Kalafrío, otra de las atracciones que están catalogadas, junto con Insano, como radical. Cuando se comienza a descender desde los 11 metros -por una pared que está a casi 90° de inclinación, con un gomón para dos personas-, la sensación de caída es extrema. Por momentos se siente como si uno estuviera en el aire, sin ningún tipo de contención, en manos de un destino cruel. Se podría pensar que eso es divertidamente lo peor, pero no porque el viaje de adrenalina sigue: el gomón, impulsado por la misma velocidad, asciende por otra pared que está enfrentada a la primera. Luego queda una placentera sensación de balanceo entre un muro y el otro. Para agregar un poco más de entretenimiento, no hay que perderse las expresiones de pánico del compañero de viaje.

Comienza a llover. Es una lluvia fina que se siente agradable y que no impide nada: los visitantes aún navegan, montados en unos gomones, por un canal que simula la corriente de un río y que funciona como un sistema de transporte dentro del parque. De hecho se puede tomar uno de los gomones para dirigirse a la atracción que uno quiere, como por ejemplo Atlantis, uno de los juegos catalogados como moderado. A 17,5 metros, cuatro personas en un bote de goma caen, a 34 kilómetros por hora, por un tobogán.

En total, en los 55.000 metros cuadrados del parque hay 16 atracciones -dos radicales, cinco moderadas y nueve para toda la familia-. En estas últimas, la estrella, y la más nueva, es Acqua Circo, que con 53 juegos interactivos, en una superficie de 1500 metros cuadrados, se puede liberar sin ningún tipo de drama al niño interior.

Frente al parque, a la vera del mar, en medio de un bosque de palmeras, hay un restaurante que es ideal para probar las comidas típicas del Nordeste. Se puede comenzar con un plato de camarones empanados en coco, servidos con salsa de durazno y pimienta, y seguir con la especialidad: cangrejos marinados en leche de coco.

Luego, una sobremesa extensa bajo la sombra de las palmeras, mientras la brisa del mar da de lleno en la cara.

A media tarde queda disfrutar de las playas del complejo: caminar por las arenas blancas que entibian las plantas de los pies, entrar en las aguas azules y cálidas del mar, y broncearse con la mirada puesta en las olas que se rompen. De fondo, el relajante balanceo del Atlántico. Afuera, aún el mundo vive acelerado. ¡Será tan difícil retornar a la rutina!



Ver El parque acuático Beach Park en un mapa ampliado

Tour por Fortaleza

Desde el mirador del barrio Dunas se resume la ciudad de Fortaleza: una masa de edificios nuevos y modernos que ganan las calles. Esta localidad del nordeste de Brasil comenzó a agigantarse durante los años noventa. Hoy, con más de 2.500.000 habitantes, se prepara para ser una de las sedes del Mundial de fútbol, el año próximo. De hecho, al recorrerla se ven obras en construcción.

En el centro de esta ciudad conviven los rascacielos espejados, uniformados con lo que ha quedado de la arquitectura del colonialismo. Uno es la imponente Fortaleza de Nuestra Señora de Asunción, un fuerte construido en 1649 por los holandeses en pleno enfrentamiento con Portugal. Tras esos muros blancos se cuenta la historia de esta capital del estado de Ceará. Frente a él se erige la catedral, que tardó 40 años en edificarse.

 
 
Sólo unos metros la separan del Mercado Central, una feria de compras con más de 500 puestos. Las paredes de cada uno de los locales están tapizadas de tejidos de hilo, lana, lino y algodón, o de algún producto de la zona como las bolsitas de castañas de Cajú, dulces de caña de azúcar o las botellas de cachaça.

A pocos minutos del Mercado Central se despliega la avenida Beira Mar, que acompaña el devenir de las playas del centro contaminadas y, por ende, no recomendables para bañarse.

Nada mejor para terminar la noche en Fortaleza que sentarse a una de las mesas de los bares de esta avenida o ir a algún boliche a escuchar o bailar forró, uno de los ritmos típicos de la zona que se asemeja a la lambada.

DATOS ÚTILES

    Tarifas
  • Paquete. Siete noches de alojamiento en uno de los resorts del complejo con media pensión, entrada ilimitada al parque acuático, vuelos vía San Pablo, traslados de llegada y salida: US$ 1900 por persona en base doble. Los menores de 12 años tienen tarifa preferencial.
  • Más información.www.beachpark.com.br
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