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La hipertensión arterial, un enemigo silencioso

Sociedad

La patología, con falta de diagnostico, afecta a casi el 30 por ciento de la población y puede llevar a la muerte

Por   | LA NACION

"Tengo la presión por las nubes". "Tuve un pico de presión". "Estoy muy estresado y con presión alta". Estas palabras suelen escucharse en aquellas personas que pasan por un mal momento, un disgusto o están con mucho estrés.

Pero cuando ese aumento de presión se vuelve persistente los especialistas indican que la persona se encuentra con un cuadro de hipertensión arterial, una patología peligrosa que afecta del 25 al 30 por ciento de la población mundial y constituye uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio, los accidentes vasculares cerebrales y la insuficiencia cardiaca, entre otras.

¿Pero qué es la hipertensión y qué produce la presión alta?

"La hipertensión es el aumento de la presión ejercida de la sangre sobre las paredes de las arterias. Esto puede ocurrir por el aumento del volumen sanguíneo debido a excesos de consumo de sal y agua superiores a la capacidad de excreción del riñón. También este aumento de tensión ocurre por la contracción de las arterias achicándose el lugar por donde circula la sangre. Este mecanismo lo conocemos con el nombre de vaso constricción", explicó a LA NACION la doctora María Alejandra Rodríguez Zía, médica clínica y endocrinóloga.

"La causa más frecuente de la hipertensión arterial es el estrés que origina aumentos de adrenalina unido a la mala alimentación con exceso de sal y grasas trans. Se clasifica en primaria en la que englobamos las causas psicológicas; y secundaria que son aquellas debidas a tumores productores de adrenalina, como el feocromocitoma o de aldosterona que produce la retención de sal o la enfermedad de Cushing (tumor productor de cortisol)", agregó la especialista.

El doctor Alberto Villamil, médico cardiólogo del Instituto Cardivascular de Buenos Aires (ICBA), explicó que la presión tiene dos componentes, la presión sistólica o máxima y la presión diastólica o mínima.

"Cuando nos informan el valor de presión siempre se dice primero la máxima y luego la mínima (Ej.: 140/90 ó 14/9 como se dice habitualmente). Se considera normal una presión a 140/90 aunque el valor "ideal" es de 120/80 o menos. Pero en personas mayores de 65 años es frecuente detectar una elevada presión máxima con una presión mínima normal (Ej. 180/80), pero esto no es una condición normal y de hecho constituye un factor de riesgo de enfermedad y muerte. Hoy sabemos que la presión en los ancianos, al igual que en los adultos más jóvenes, no debe ser mayor a 140/90", completó el experto.

 
Foto: Archivo 
 

Variaciones

La presión arterial no es un valor fijo y de hecho cambia cada vez que nuestro corazón late, estas variaciones son normales, pero deben mantenerse dentro de ciertos límites, ya que un excesivo aumento de la variabilidad de la misma se asocia a un mayor riesgo de enfermedad y muerte cardiovascular.

"En el transcurso del día la presión varía intensamente, ya que es más elevada durante las horas de actividad en tanto que baja durante el sueño. Durante las primeras horas de la mañana, inmediatamente luego de despertar, se suelen detectar valores altos de presión, hecho que se ha vinculado a la mayor cantidad de infartos, insuficiencia cardiaca o accidentes cerebrales que se verifican a esta hora del día", indicó Villamil, jefe de hipertensión arterial en el ICBA.

En muchos estudios realizados en los últimos 50 años, se ha comprobado que la hipertensión constituye, conjuntamente con el tabaquismo y el colesterol elevado, los tres mayores factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad cardiovascular. Asimismo, su adecuado tratamiento reduce significativamente el riesgo de accidente cerebral y cardíaco. Esto se debe a que la hipertensión afecta principalmente a las arterias, y en particular al corazón, riñón, cerebro y retina.

Hipertensiones conocidas

De acuerdo a la causa la hipertensión puede dividirse en primaria y secundaria. "La primaria o esencial, es la más común (90 % de los casos). No tiene causa conocida y seguramente depende de múltiples factores como la herencia, la alimentación (consumo de sal, alcohol, grasas), la práctica o no de deportes, la presencia de diabetes, gota u otras enfermedades", enfatizó Villamil.

 
Foto: Archivo 
 

"La secundaria es aquella en la cual existe una causa específica para la misma, como enfermedad renal, algunos tumores de las glándulas suprarrenales, obstrucción de las arterias renales o de la aorta, o el consumo crónico de cocaína, de algunos medicamentos como corticoides, anticonceptivos y descongestivos nasales y la ingesta excesiva de alcohol. En estos casos es muy importante su detección ya que puede ser curada, contrariamente a lo que ocurre en la hipertensión esencial que solo puede ser controlada, pero no curada", completó.

Tratamiento

Según los especialistas, la hipertensión no controlada conduce a la incapacidad y muerte, pero su efectivo tratamiento ha demostrado reducir significativamente el mínimo de accidentes vasculares como infarto (20%), insuficiencia cardiaca (35%) y ataques cerebrales fatales o no (42%).

  • El tratamiento debe ser personalizado, ya que cada paciente presenta características particulares.
  • Debe recordarse que una vez instituido el tratamiento antihipertensivo, el mismo durará por largo tiempo ya que la hipertensión es una enfermedad crónica y por ende requiere tratamiento crónico.
  • El cumplimiento del tratamiento, tanto en los aspectos de la dieta, reducción de peso, ejercicio físico, como farmacológico es de fundamental importancia, y su incumplimiento hará inútil los esfuerzos para revertirla y en oportunidades puede resultar peligrosa la suspensión brusca de algunas drogas antihipertensivas.

¿La sal está prohibida?

"La sal común, aumentara siempre la tensión arterial en individuos que ya tengan alteraciones hormonales a saber: aumento de insulina, aumento de cortisol y/ o aumento de aldosterona", indicó Rodríguez Zía.

 
La sal no es recomendable en pesonas con presión alta, pero igualmente en la Argentina hay un consumo elevado. Foto: Archivo 
 

Y agregó: "En una persona joven y sana la sal es perfectamente metabolizada y excretada. El problema surge cuando por estrés, malos hábitos alimentarios, sedentarismo, e insomnio se produce alteraciones hormonales que generan un mal metabolismo de la sal. Y esta lleva a la hipertensión".

Por ello, los comportamientos saludables para reducir el riesgo son mantener un peso acorde a la estatura y a la edad, ingerir la sal que el organismo puede metabolizar, manejar el estrés diario con técnicas que lo contrarresten, como yoga, taichí, meditación, danza, etc, tener una sexualidad adecuada y realizar ejercicios acorde a gustos y capacidades.

"La Medicina Biomolecular complementa a la medicina convencional dado que estudia el origen bioquímico de las enfermedades, por lo que se sabe que normalizando la química cerebral ya se pueden normalizar el insomnio, y el estrés psicofísico de un paciente. Además se conoce el origen de la principal molécula vasodilatadora del cuerpo humano, llamado oxido nítrico. El oxido nítrico se genera gracias a la suplementación de arginina y Vitamina C. El magnesio es el mineral por excelencia que colabora con la vasodilatación produciendo la relajación de las arterias", finalizó la experta.

Hipertensión arterial pulmonar

Se la suele conocer como la enfermedad de los labios azules, pero lo cierto es que la hipertensión arterial pulmonar (HAP) afecta aproximadamente a 52 personas por cada millón, es decir que tiene una tasa de mortalidad mayor a la de ciertos tipos de cáncer, advierten desde la Asociación Argentina de Hipertensión Pulmonar (Hipua).

Se trata de un trastorno en el cual la presión de las arterias pulmonares se encuentra aumentada, lo que provoca que el lado derecho del corazón aumente su esfuerzo para hacer circular la sangre, causando en el paciente un cuadro conocido como insuficiencia cardíaca, y en muchos casos, provocándole la muerte. Se estima que en el mundo afecta a 25 millones de personas, principalmente a mujeres entre 20 y 40 años.

Los síntomas de la HAP no son específicos y varían en cada individuo. Se identifican con la falta de aire, mareos, fatiga, desmayos, vértigo, debilidad, dificultad para realizar actividad física, y labios azules. Muchas veces estos síntomas se confunden con el asma, y en la mayoría de los casos el diagnóstico se retrasa hasta 2 años agravando la condición de quienes la padecen.

Esta enfermedad rara, puede ser causada por coágulos sanguíneos en el pulmón, algunas enfermedades congénitas del corazón y enfermedades de los pulmones. Asimismo, la HAP puede estar asociada a enfermedades de colágeno vascular, medicamentos para bajar de peso, VIH/SIDA, y ciertas enfermedades autoinmunes que dañan los pulmones. En muchos casos, no se encuentra otra enfermedad asociada y se la llama HAP idiopática..

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