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Al margen de la semana

La década estropeada

Economía

Los preparativos oficiales para celebrar el 25 de mayo los primeros 10 años de gobierno kirchnerista y presentarlos como la "Década Ganada" para la Argentina tienen la arbitrariedad de todas las generalizaciones. Ningún período de tantos años es totalmente blanco o negro.

El período 2003/2013 tampoco puede analizarse como un todo. Ni mucho menos ser calificado como una década ganada o perdida, salvo en los términos absolutos que plantea el "relato" oficial. En todo caso podría ser considerada una década "estropeada", ya que se divide en tercios diferentes que fueron de mayor a menor (tanto en el aspecto cuantitativo como cualitativo) y se tradujeron en un inexplicable desperdicio de oportunidades. Con el correr de los años, sin diálogo y con una política populista cada vez más acentuada, el Gobierno se dedicó a dividir a la sociedad y a aislar al país del mundo. Dentro de este declive económico, político e institucional, celebrar el pasado tendrá el carácter nostálgico de lo que ya fue. Pero difícilmente despeje la incertidumbre sobre lo que puede venir en los casi 1000 días que restan hasta la finalización del segundo mandato presidencial de Cristina Kirchner y que hasta ahora se caracterizó por una sorpresa tras otra.

En la columna del haber de la "era K" hay muchos logros, que arrancan con la designación de una Corte Suprema de Justicia independiente y prestigiosa. También el esfuerzo inicial por consolidar los "superávits gemelos" (fiscal y externo), que, junto con un tipo de cambio oficial "recontraalto", aportaron certidumbre a la política económica. Esto permitió una fenomenal recuperación del PBI, que en el período 2003/2012 acumuló una suba de 83%. El crecimiento a "tasas chinas" favoreció la inversión, así como la creación -según datos oficiales- de unos 5 millones de puestos de trabajo formales (de los cuales 2 millones, o sea, 40% corresponden al sector público, especialmente en provincias), que fortaleció el consumo interno. A su vez, de la mano de altos precios internacionales, subieron las exportaciones agrícolas, aun con altas retenciones; y muchas pymes industriales accedieron a mercados externos cuando la economía y el comercio mundial también crecían a pleno. El Gobierno aumentó el presupuesto en ciencia y tecnología y en educación; invirtió en la construcción de escuelas y, con fondos de la Anses, extendió la entrega de netbooks a alumnos de escuelas públicas de todo el país. También creó la Asignación Universal por Hijo y otorgó haberes a unos 2 millones de personas en edad de jubilarse -pero con aportes escasos o nulos-, en ambos casos con fondos provenientes de la expropiación de ahorros de futuros jubilados en las AFJP.

La columna del debe

Si muchos de estos cambios son su eje, todo lo que el "relato" oficial omite deliberadamente nutre la apabullante columna del debe.

Un problema central, inocultable, es la inflación de dos dígitos anuales, que en seis años redujo el valor del peso argentino a menos de una quinta parte y detuvo el descenso de la pobreza. No sólo eso: con los índices falsificados por el Indec se estafó a los tenedores de títulos públicos ajustables por CER, lo cual dejó a la Argentina fuera del crédito externo para financiar obras de infraestructura a largo plazo con las tasas de interés internacionales más bajas de la historia. A comienzos de 2007, el riesgo país argentino era idéntico al de Brasil (227 puntos básicos) y hoy es seis veces más alto, con deudas impagas con el Club de París y de los fallos adversos del Ciadi.

Los superávits gemelos se transformaron en déficits. Y el deterioro del tipo de cambio real frente al dólar lo ubica en niveles similares a la convertibilidad. Para no devaluar y frenar la fuga de capitales, el gobierno de CFK recurrió al cepo y los controles cambiarios, que pusieron fin a 20 años de mercado único. Pero el remedio fue peor que la enfermedad: la desconfianza frenó el ingreso de divisas y de inversiones externas y en poco más de un año y medio las reservas del BCRA cayeron 8500 millones de dólares.

El gasto público creció exponencialmente en estos diez años (pasó de 22 a 43% del PBI), pero en más de un tercio lo hizo sin otra prioridad que la discrecionalidad política (fondos para gobernadores e intendentes "aliados"). Y la falta de acceso a información pública hizo más difícil detectar casos de corrupción, hasta que estallan escándalos como el de Lázaro Báez, Schoklender- Madres de Plaza de Mayo o la tragedia de Once. La rendición de cuentas también brilla por su ausencia, como ocurre con los clubes de primera beneficiarios del Fútbol para Todos. Como dato anecdótico, el gasto público destinado al FPT resulta cuatro veces más alto que el presupuesto anual de la monarquía de Holanda (40 millones de euros, equivalentes a 280 millones de pesos), cuestionado durante la reciente coronación de los reyes Guillermo y Máxima.

Otro motor importante del gasto son los subsidios para mantener ancladas las tarifas de energía y del transporte público, que ya equivalen a 4% del PBI (casi tres veces más que toda la inversión pública) y constituyen una hipoteca que difícilmente pueda levantarse en menos de cuatro o cinco años. En 2006 equivalían a la recaudación total por retenciones; hoy la duplican.

Otra hipoteca, para las cuentas externas, es el déficit energético. El Gobierno trató de encubrirlo con la confiscación de las acciones de Repsol. Pero la necesidad de financiar inversiones de YPF sin acceso al crédito externo lo obliga ahora a echar mano al injustificable blanqueo de dólares "negros" sin indagar su origen.

El imparable aumento del gasto público fue financiado con recaudación y presión tributaria en niveles récord (debido a la alta inflación y la suba de impuestos). Pero como ya no alcanza, el Gobierno recurre al uso intensivo de la "maquinita" y las reservas del BCRA, con lo cual alimenta presiones inflacionarias y una brecha cambiaria que se ubica en 70/100%.

La columna del debe también se nutre de deterioros cualitativos. El desempleo aún se mantiene bajo, pero más de 35% de la fuerza laboral trabaja en negro. Sólo esporádicamente la AFIP fiscaliza a empresas que producen clandestinamente y nutren la venta callejera. En cambio, se concentra en quienes están inscriptos. Con el blanqueo, también hará la vista gorda con quienes evadieron fugando divisas.

Más de 90% del gasto educativo se consume en salarios; por falta de recursos no se cumple la ley de doble escolaridad primaria obligatoria y en educación secundaria no sólo la Argentina retrocedió en las pruebas internacionales de calidad, sino que dos de cada tres estudiantes no terminan la escuela a los 18 años. Esto explica por qué el desempleo juvenil alcanza al 33%.

Por si fuera poco, el Gobierno, que ya controla el Poder Legislativo, avanza sobre el Poder Judicial y amenaza con asfixiar a los medios independientes que revelan todo lo que no dice la profusa propaganda oficial. Quizás el único reconocimiento implícito del gobierno de CFK a esta realidad haya sido quitar de los avisos oficiales la leyenda "un país en serio"..

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