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El medio es el mensaje

Aunque lo nieguen, si dice "guau" es un perro

Opinión
 
 

Si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es un perro. Desconfíe cuando lo quieran convencer de lo contrario. Y un consejo: mejor corra, porque lo más probable es que ese perro muerda.

Desde hace cinco años, el kirchnerismo viene metiéndonos el perro, aunque insista en negarlo: la ley de medios era para mayor pluralidad de voces y cada vez hay menos diversidad; no se cansan de repetir que la libertad de expresión es la mayor de la historia, pero nunca, desde 1983, hubo tan persistentes hostigamientos y difamaciones a los periodistas críticos, miran con cara de "yo no fui" cuando se habla del cepo publicitario mientras las empresas de comunicación que no profesan el credo oficial son objeto sistemático de daños económicos y políticos concretos y crecientes.

La simulación -hacer creer que sucede algo diametralmente distinto de lo que en verdad ocurre- es una de las destrezas preferidas de la fuerza que gobierna la Argentina desde 2003. Mientras llevan adelante esa dramatización precaria y mal actuada tantean el terreno y producen simulacros con los que avanzan o se retiran, según las reacciones que van recogiendo. Se trata de un peculiar modo de operar camuflado.

Negar lo evidente es una condición del peronismo en cualquiera de sus vertientes sin excepción, también en las de su inquilino actual, el kirchnerismo. Niegan que eso que gruñe sea, efectivamente, un can. Uno lo ve venir caminando claramente amenazante, con su hocico largo, sus orejas puntiagudas y sus colmillos listos para dar una dentellada y ellos perjuran que, de ninguna manera, se trata de un perro.

Al Grupo Clarín le vienen entrando en estos años por todos los lugares que pueden, pero en los últimos días esa demoledora ofensiva alcanzó sus niveles más amenazantes, cuando empezó a correr fuerte la versión de una probable intervención estatal al directorio de ese holding.

El perro viene al galope apuntando a la yugular y ellos como si nada, pretenden convertirlo en un cuento para niños, una invención más de la oposición sin ningún asidero.

¿No es suficiente que hayan dejado sus huellas digitales impregnadas groseramente en todo?: la sainetera intervención de Guillermo Moreno y compañía en la asamblea de Clarín, el fuego cruzado de denuncias varias contra el multimedios fogoneado desde los principales medios y voceros de la usina K y los inusuales trece (¡¡¡13!!!) pedidos de informes en cuatro días a empresas relacionadas con ese holding, por parte de la Comisión Nacional de Valores. No está de más recordar, en este caso, que gracias a un cambio de último momento en la ley que regula el mercado de capitales, introducido por el diputado oficialista Roberto Feletti, un accionista minoritario puede solicitar la intervención del directorio por 180 días. Y a esto se sumó el proyecto oficialista de expropiación del 24% del paquete accionario de Papel Prensa y el pedido del titular de la Sindicatura General de la Nación, Daniel Reposo, para que la CNV designe veedores en esa empresa.

Frente a esto, Aníbal Fernández dijo que "no es un proyecto del Ejecutivo", como si en el kirchnerismo se pudiese siquiera pestañear sin la correspondiente autorización presidencial, y Florencio Randazzo calificó de "chantada" las versiones sobre un posible avance estatal sobre el Grupo Clarín. "Nunca se pensó en intervenir", dijo Carlos Kunkel, que no pone empeño en disimular ya que es impulsor de la expropiación de una parte de Papel Prensa.

El perro gruñe, ladra y muestra sus dientes pero para los kirchneristas es una mera invención de la oposición.

Veamos qué sucedió en otras épocas cuando el peronismo intentó hacer creer que no existían otros perros: 1) años 1946/49: se interviene en el mercado de papel para diario, en esa época importado, con la excusa de un reparto más equitativo. Resultado: LA NACION y La Prensa llegaron a sacar ediciones de tan sólo 6 páginas; 2) años 1973/74: se intervienen los canales de TV, en principio con "veedores" que sólo "custodian" la línea editorial de los noticieros. Resultado: tras la muerte de Perón, los dueños de los canales son expulsados y estatizan no sólo sus emisoras, sino también las productoras que los abastecían.

La decisión fue, a la postre, calamitosa: la TV monopólicamente en manos del Estado bajó su calidad artística, encogió como fuente laboral y fue crecientemente deficitaria. La dictadura militar heredó, en 1976, esa maquinaria y la empeoró hasta grados infinitos.

Al peronismo le gusta utilizar la palabra "expropiar" (quedarse con una empresa y pagar su valor), pero en realidad lo que hace siempre es "confiscar" (se apropia de una compañía y no la paga). Así lo hizo en 1951, con el diario La Prensa; en 1974, con los canales de TV y el año pasado con Repsol.

Son decisiones que no se toman de la noche a la mañana. Suelen armar un ballet contradictorio de palabrerío y hechos confusos que decanta al final en el objetivo de máxima. Mientras dura ese proceso niegan todo. El día que lo logran se sonríen y ese perro que parecía de fantasía, se corporiza en un temible mastín, uno más para integrar la jauría..

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