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Como en una road movie por el Gran Cañón

Domingo 19 de mayo de 2013
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 Por Laura Weber

Tomamos el auto que habíamos alquilado en el aeropuerto de Los Ángeles y después de unas 24 horas recorriendo muy rápidamente los hitos turísticos de esa ciudad, partimos hacia el Gran Cañón con ayuda del imprescindible GPS. La intención original era transitar por la mítica ruta 66, pero hoy no es más que un camino de dos carriles mal señalizado y difícil de tomar, así que preferimos seguir por la ruta 40 que corre paralela.

Fueron unas 8 horas de viaje hasta nuestro primer destino, Williams, donde habíamos reservado hotel para pasar la noche. Este pueblo está sobre la 66 y evidentemente vive de eso y de la cercanía al cañón. Fue como entrar a una película clase B. Era sábado a la noche, pero ya estaba todo cerrado (todo son cuatro cuadras de centro con lugares para comer -ambientados tipo Far West años 50- y tiendas de suvenires) excepto el Canyon Club, donde era ¡noche de karaoke! Entramos y conocimos a los personajes del film: la simpática anfitriona con unas libras de más, la cantinera un poco pasada de edad, las chicas con botas de cowboy y muy buena voz, un par de señores entrados en años con largas mechas rubias y ganas de bailar, y los jóvenes del pueblo que irrumpieron intentando reclutar gente para ir a otro bar (supuestamente más cool), pero volvieron al rato porque, como dije, todo estaba cerrado. Tomamos unas cervezas, simulamos cantar una de las Spice Girls y nos quedamos un rato observando la escena que parecía de película, pero era muy real.

A la mañana siguiente desayunamos en nuestro hotel rutero (también de película) y recorrimos el pueblo. Nos llevó 10 minutos. Una hora después estábamos en la zona sur del Gran Cañón (South Rim) y la primera vista desde Mather Point nos quitó el aliento, es tan impresionante que cuesta abarcarlo con la mirada y mucho más comprender su vastedad. Seguimos hasta el Yavapai Lodge donde nos alojaríamos, y luego comenzamos el recorrido a pie por los miradores retrocediendo en el tiempo hasta llegar a un sector de más de 4000 millones de años. Si bien el paisaje era similar, a medida que avanzaba el día las formaciones fueron cambiando de color y ganando profundidad hasta llegar al punto cúlmine, en Hopi Point, cuando el sol del atardecer lo tiñó todo de rojo.

Para completar la experiencia, al día siguiente nos levantamos a las 5.30 y fuimos a ver el amanecer en Yavapai Point. Hacía frío y era noche cerrada, pero a medida que subía el sol la claridad revelaba las formas del cañón con otros colores, rojos y marrones sí, pero también azules en la profundidad.

Luego de un verdadero desayuno americano (huevos revueltos, papas y panceta) recorrimos el sector que nos faltaba hacia Desert View, y volvimos a la ruta para seguir con nuestro viaje por el oeste americano que nos llevaría a Monument Valley, Antelope Canyon y Bryce Canyon para terminar en Las Vegas

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