Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Venezuela / Las luchas en el poder

El chavismo intenta dar señales de unidad ante el escándalo

El Mundo

Maduro y Cabello se mostraron juntos y distendidos un día después de que se revelara una supuesta división interna

Por   | Para LA NACION

CARACAS.- "¡Unidad, lucha, batalla y victoria!" El chavismo apretó ayer sus filas en torno a las cuatro palabras que Hugo Chávez convirtió en eslogan. Y lo hizo con Nicolás Maduro a la cabeza, inasequible al desaliento y a los batacazos políticos.

El presidente escenificó la supuesta unidad chavista horas después de que estallara el escándalo del Silvagate, a través de un audio revelado anteayer por la oposición en el que el periodista ultraoficialista Mario Silva aireaba una lucha sin igual entre Maduro y Diosdado Cabello, titular de la Asamblea Nacional.

El reencuentro público de ellos dos, principales dirigentes del chavismo sin Chávez, se realizó ayer a la madrugada en el Palacio de Miraflores. Maduro puso su mano sobre el hombro de Cabello, acusado de conspirar contra él. Una especie de perdón presidencial, entre camaradas, con mensaje incluido: aquí no pasó nada.

Desde ese mismo momento, la cúpula chavista se lanzó a restañar las heridas abiertas por Mario Silva, que fue el periodista favorito de Chávez. De cara a la galería mediática y a sus votantes, la unión cívico-militar propuesta por el "comandante perpetuo" se mantiene firme.

"Ni el chisme ni la adversidad nos debe sacar del rumbo", aseguró el primer mandatario, sentado con un visible cartel de "Comandante en Jefe" delante de él. "No se pueden aceptar chantajes ni intrigas. Debemos cohesionar las fuerzas bolivarianas", enfatizó ayer. La cara del jefe de la Asamblea, nervioso y abatido, reflejaba ayer los efectos del terremoto.

"Gracias por las palabras de apoyo, navegué bajo tormentas más de 14 años y tuve el mejor maestro para vencer. Si la oposición alimenta sus esperanzas en que los chavistas estemos divididos, entonces larga vida a la revolución, hoy más unidos que nunca", escribió ayer Cabello, en Twitter, tras los tragos amargos de anteayer. Como "chismes y montajes" definió el presidente de la Asamblea al Silvagate.

El informe de Silva (periodista estrella del chavismo y hombre clave en la estrategia comunicacional del fallecido mandatario) al supuesto jefe de la contrainteligencia cubana golpea aún más la cuestionada presidencia de Maduro.

Silva acusó de conspiración y corrupción a Cabello, además de dibujar "un mar de mierda" en las distintas instituciones de la revolución.

"Es absolutamente falsa la grabación, un montaje. Pudieron extraer palabras y expresiones", se defendió Silva en su programa, y acusó al Mossad israelí de estar detrás de la trama. "Si tengo que inmolarme por la revolución, lo haré... Si tengo que ser juzgado, bienvenido sea", exageró, antes de comunicar al país que por motivos de salud abandonaba "hasta nuevo aviso" el programa. Ni siquiera en el chavismo creyeron las pintorescas explicaciones de Silva, quien se convierte así en la primera víctima de su propio escándalo.



Pero la gran damnificada es, sin lugar a dudas, la propia revolución. "¿En manos de quién está el país? Nuestra crisis no es sólo económica, es una crisis moral que nos obliga más que nunca a unirnos con un solo pueblo. Este gobierno ilegítimo quedará como el más corrupto de la historia", atacó ayer el líder opositor Henrique Capriles.

"Debemos exigir que se investigue a profundidad lo que allí se dijo. No se puede despachar así como así", declaró Henri Falcón, dirigente ex chavista y gobernador de Lara.

El terremoto político dejó temblando a un país al que ya nada le sorprende. Las palabras de Silva airearon algunas situaciones ya denunciadas, como los desvíos de dinero en el sistema de otorgamiento de dólares o como la lucha de poder en el interior de las fuerzas armadas.

La mayoría oficialista de la Asamblea, reunida por fin tres semanas después de la violenta emboscada chavista contra diputados opositores, votó en contra de la creación de una comisión de investigación. Cabello, haciendo gala de la amplitud de su vocabulario, atacó directamente a Ismael García, quien hizo pública la grabación: "Algo putrefacto rodeado de moscas". Maduro no fue tan original: "Es una basura".

A primera vista todo hace suponer que el oficialismo mantendrá su táctica habitual: mirar hacia otro lado y atacar la "guerra psicológica" de la oposición. Todo esto cuando todavía falta por escuchar una segunda grabación, como adelantó la oposición.

García también desveló que Aramís Palacios, interlocutor de Silva y supuesto jefe de la contrainteligencia cubana en Venezuela, abandonó Caracas al hacerse público el audio. Su destino: La Habana.

Encuentro con canales de TV

El presidente Nicolás Maduro se reunió con directivos de las estaciones de TV privadas para conversar sobre contenidos que promuevan la paz, "los valores de la vida, el respeto y la convivencia", en una nación que tiene los índices de violencia más altos del continente. "Conversamos sobre los grandes retos de consolidación, primero de un modelo democrático donde erradiquemos el odio y el fascismo. Ése es un mensaje que yo les dije muy claro", dijo Maduro luego de la reunión.

En su encuentro de anteayer con los directivos del canal oficial VTV, y de las cadenas privadas Venevisión y Televen, el presidente dijo que habían llegado a "acuerdos en torno al movimiento por la paz y por la vida". Con anterioridad, en varias oportunidades el mandatario había responsabilizado a los medios de comunicación por la ola de violencia, y los acusó de ser utilizados para destruir y no para informar sobre los avances alcanzados en materia de seguridad ciudadana..

Del editor: cómo sigue.
Maduro puede haber logrado que todos cerraran fila con él, pero necesita desesperadamente un éxito, económico o político, para mantener a flote su gobierno.

TEMAS DE HOYLa pelea con los holdoutsThomas GriesaAxel KicillofConflicto en Medio Oriente