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Un corazón hispano

El relato autobiográfico del fundador de una dinastía de libreros, en edición privada. En el Museo de Bellas Artes, dibujos a gran escala

Viernes 24 de mayo de 2013
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PARA LA NACION
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Mañana, fiesta en Clásica y Moderna. La librería de Natu Poblet, la famosa librería de los Poblet, cumple 75 años y lo festeja, como todos los años, el 25 de mayo. Para los tres cuartos de siglo, Natu resolvió editar La cuna verde , un conmovedor relato autobiográfico de su abuelo, Emilio Poblet Diez. Él fue el primero de la familia que emigró a la Argentina y aquí fundó la librería Académica. Con los años, el establecimiento daría origen a Clásica y Moderna. Dice Natu: "En las 38 páginas de ese librito, mi bisabuelo cuenta lo que fue su niñez y los primeros tiempos en la Argentina. Parte de una idea moderna y original, porque identifica cada capítulo de su vida con las camas en que durmió. La primera fue la cuna verde de su infancia. Después le siguieron la cama de hierro, la aldeana, la del internado, las del aprendizaje y del matrimonio y, por último, el camarote y la cama en el extranjero".

Las peripecias por las que pasó Poblet Diez son tan dramáticas que, si fueran llevadas al cine, seguramente el guionista eliminaría algunos episodios trágicos. Por momentos, parece una versión hispana de Corazón , de Edmundo D'Amicis, la colección de relatos que hizo llorar a varias generaciones de chicos de todo el mundo. La madre de Emilio murió cuando era un niño que apenas si comenzaba a caminar. El padre, que lo cuidaba con mucho cariño, terminó por volverse loco y, en varias oportunidades, quiso atacar a su hijo. Los abuelos de Emilio cobijaron a los dos desdichados. Criaron al nieto en la aldea y, cuando éste creció, lo enviaron a un internado. El sueño de la abuela era que Emilio se convirtiera en sacerdote. Pero él no tenía vocación sacerdotal, de modo que abandonó los claustros para trabajar. Cuando le llegó el momento de enamorarse, se casó con Asunción y tuvo cuatro hijos. Trabajaba con la ilusión de lograr la independencia y superar las dificultades. Su mujer enfermó de tuberculosis; él no se arredró, aspiraba a horizontes más amplios: quería tener una firma propia. La única solución era emigrar. Lo hizo, acompañado por el hijo mayor, de doce años. La esposa y los tres hijos menores quedaron en España. Con el tiempo, logró traerlos a Buenos Aires. Tuvo entonces un año de felicidad con toda su familia reunida. Al cabo de ese año, la enfermedad de Asunción se agravó. Ella volvió a España con la esperanza de que allí, bien cuidada, se curaría. Emilio nunca la volvió a ver. Asunción murió en su patria y no pudo asistir a la consolidación de los Poblet en la nueva tierra. Este año, la bisnieta, en homenaje al hombre que fundó una dinastía de libreros, da a conocer su historia en una edición muy cuidada destinada a los amigos.

La belleza y la maestría de los dibujos de Botero que se exhiben en el Museo Nacional de Bellas Artes se impusieron a cualquier objeción acerca de la reiteración de ciertas imágenes. Casi al mismo tiempo que Teresa Anchorena, la curadora de la muestra, subrayaba la dificultad que representan los dibujos sobre tela en grandes dimensiones, la crítica Elba Pérez analizaba con admiración los grafismos que el lápiz de Botero había trazado para crear las sombras en La estocada , donde se ve a un torero a punto de matar al toro herido por cuatro banderillas, que lo enfrenta. "Es una obra maestra -decía Pérez-. No hay repetición en ninguno de los detalles. Trata de un modo distinto el ruedo, la ropa del torero y el animal. Fijate la profundidad del gris para marcar el lomo ensangrentado." Varios visitantes se detuvieron delante de Silla y ropa , un dibujo de tamaño mediano, donde se ve nada más que eso, una silla y, colgados de ella, un saco, un pantalón, medias, que aún conservan la forma del hombre, ausente en la imagen, que ha llevado esas prendas arrugadas y que expresan el cansancio, el ajetreo de la jornada.

"De España vengo" fue el lema del recital lírico que organizó la Fundación del Teatro Colón en la embajada de España. Casi todas las canciones pertenecían a zarzuelas ( Luisa Fernanda , El niño judío , La del Soto del Parral ). Los mantones y las sombrillas habían sido facilitados por Gino Bogani. "No cantaron nada de Doña Francisquita ", dijo Mirtha Legrand cuando terminaron las interpretaciones. La observación tenía un carácter autobiográfico: en 1953, fue la protagonista de la comedia musical Doña Francisquita , inspirada en la zarzuela de Vives, que filmó en España y que llegó a presentarse en el Festival de Cannes. "Me acuerdo de las temporadas de zarzuela en el Avenida. Bajaban cartelones desde lo alto hasta la platea con la letra de las canciones más conocidas para que las cantara el público." Uno a uno los amigos y admiradores de la actriz que se acercaron a ella en peregrinaje le hicieron la misma pregunta: "¿Vas a hacer televisión este año". "Es muy probable -contestó-. Pero una vez a la semana, los domingos, de 13 a 15. Todos los días es agotador y, además, no me deja tiempo para viajar." No hizo falta que en la embajada bajara ningún cartelón del piso superior para dar letra al público porque los asistentes, liderados por los cantantes, entonaron "Morena clara" en homenaje a Cecilia Giménez Zapiola, apodada "Morena", que cumplía 89 años. Ella sacó castañuelas de su cartera y se puso a bailar.

El último período de gran popularidad de la zarzuela en Buenos Aires fueron los comienzos de la década de 1970. No sólo iban al Avenida los integrantes de la comunidad hispana, que se sabían de memoria los versos de las melodías; también había surgido un público de jóvenes, un nuevo público que asistía a las funciones con un criterio en el que se mezclaban lo camp y lo kitsch . La zarzuela, con sus libretos ingenuos, sentimentales y su música pegadiza, atraía a espectadores que alternaban la lectura de Roland Barthes y de Louis Althusser con las canciones de Moreno Torroba. Ese público era el mismo que, años antes, había sido expulsado del Instituto Di Tella, cuando éste fue clausurado. Es más, varios de los artistas que habían expuesto en aquellas salas iban a ver zarzuela. No había peligro de que censuraran la "Mazurca de las sombrillas".

Hubo admiración crítica en la muestra del pintor colombiano por los grafismos de La estocadaFernando BoteroArtista plástico

Recordó las temporadas de zarzuela en el Avenida, cuando ponían la letra de las canciones al alcance del públicoMirtha LegrandActriz y conductora

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