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El cine que no estrenamos

Una apuesta por la mejor clase de comedias

Espectáculos

Doble o nada, de Stephen Frears, sorprende por su intrincada historia, ambientada en Las Vegas

Por   | Para LA NACION

Con el título de Doble o nada , salió en abril en DVD en nuestro país una película de Stephen Frears, Lay the Favorite (2012), no estrenada en cines acá ni en muchos otros países del mundo. Y que tuvo un lanzamiento limitado en los Estados Unidos. Frears es el director inglés de Alta fidelidad , Relaciones peligrosas , Héroe accidental , Ropa limpia, negocios sucios y La reina , entre otras. Y Doble o nada es de los mejores estrenos -o no estrenos, si consideramos estreno solo a lo que se estrena los jueves en los cines- de este año. Claro, la afirmación de la oración precedente no es compartida por la mayoría de la crítica, que destruyó o trató con bastante desdén a esta película sobre una ex "bailarina a domicilio" que llega a Las Vegas a buscar trabajo y se convierte en experta en apuestas. ¿El camino por el que se convierte en experta? Eso es lo que cuenta la película, que cuenta -como toda gran película- muchas más cosas sin que se noten en la superficie.

La relación entre Dink (Bruce Willis) y Beth (Rebeca Hall) es el eje de la película, y es un eje no previsible, alejado de las fórmulas. No es obvio cómo van a terminar esos personajes: el dueño de una empresa de apuestas deportivas (o sea, una oficina de lujo) y la novata impetuosa. Dink está casado con Tulip (Catherine Zeta-Jones). Beth está interpretada por Rebecca Hall, una de las actrices más hermosas y brillantes surgidas en el siglo XXI (fue la gran aparición de Vicky Cristina Barcelona , al punto de opacar a Scarlett Johansson). Beth es electrizante, y es un personaje que tampoco es obvio: la chica linda con largas piernas siempre visibles es muy hábil con los números y con el lenguaje. Y nadie dice: "Ey, es inteligente para ser tan linda". La idea de chica linda, ingenua y sin luces ha sido marcada, en general por el mal cine, con demasiada regularidad. Pero Frears sabe, y sabe dirigir mujeres: seis actrices consiguieron nominaciones al Oscar en sus películas. No, a Rebecca no la nominaron, típico desdén ante las comedias y ante las actrices demasiado lindas. Bah, en realidad Doble o nada no le importó a casi nadie y fue un desastre comercial.

Es notable en una segunda visión (o en una primera muy atenta) cómo Doble o nada está armada con una estructura de sentido de múltiples conexiones: las cifras no son casuales (los 70.000), las miradas, el inicio con indicios del final, los gestos, los comentarios. Se podría contar más el argumento de la película, pero más allá de ser una práctica un poco inútil, hay películas con las que se es especialmente injusto al incurrir en esa práctica: las películas que tienen trama, las de puntos, nudos solidarios entre sí, las películas con cohesión. Doble o nada es una de ésas, las que saben contar líneas dobles, o triples, y sin que se note el esfuerzo. Con un ritmo veloz y una fluidez extraordinaria, Frears trafica la resignación amorosa de Willis, una mezcla de amor, fidelidad, lealtad, aceptación del lugar simbólico de padre, todo junto y sin declararlo: la mirada y el cuerpo de Willis (¿alguien duda de su importancia como actor?) lo dicen todo.

Pocos, poquísimos directores son capaces de hacer una película que transcurra en Las Vegas sin caer en el abuso del neón y el frenesí, de hacer una película sobre temas como la responsabilidad, la soledad, el paso del tiempo y la lealtad mientras presentan situaciones cómicas y personajes como el de Vince Vaughn (perfectamente sobreactuado) bailando enfiestado mientras sueña con que eso puede ser trabajar (o generar dinero, que no es lo mismo).

Pocos directores pueden contar el mundo de las apuestas deportivas como hace Frears. Descubrimos un mundo de trabajo, con horarios y métodos, y también con la pasión puesta en lo que no podría dejar de hacerse: el personaje de Willis es un cabeza dura hawksiano. Y Rebecca Hall le plantea nuevas probabilidades, nuevas apuestas. Doble o nada también es una película sobre las posibilidades del relato de ficción, mediante lo probable del accionar de sus personajes. El espectador disfruta de no saber por cuál apostar. Las grandes películas funcionan en varios niveles. Doble o nada es más que doble: es múltiple..

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