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El escenario

Para inaugurar la campaña, látigo a la tropa y maquillaje en la fachada

Política

"Al final Cristina vio las encuestas verdaderas", disparó un cáustico tuitero anteanoche. Esos módicos 55 caracteres apuntan a explicar con implacable ironía la extrema crispación que exhibió anteayer por la tarde Cristina Kirchner y el minicambio de Gabinete que hizo anunciar poco después.

En Lomas de Zamora, Cristina expuso por primera vez en público toda su bronca y admitió el notable impacto producido en la ciudadanía por las denuncias de corrupción que la salpican tanto a ella como a su fallecido esposo y que hacen blanco de lleno en su entorno más cercano. Su enojo se centró en la falta de defensa de algunos dirigentes oficialistas, especialmente de aquellos a los que les va bien ante la opinión pública. Es decir, a diferencia de ella, porque las "encuestas verdaderas" muestran una notable caída de la imagen de Cristina de hasta diez puntos porcentuales, la mayor desde la guerra con el campo en 2008.

Ése es un dato bastante conocido, pero hay otros tres menos difundidos de la encuesta de una rigurosa consultora que bien podrían explicar/justificar la reacción presidencial: la gente pone a la corrupción como la primera causa de aquella caída de la imagen de Cristina, el 61% de los consultado sostiene que "los Kirchner son tanto o más corruptos que Menem", y casi el 60 por ciento considera que la corrupción empeoró en la "década ganada".

También todas las encuestas siguen identificando a la inseguridad como la mayor demanda insatisfecha de los ciudadanos. Y el mayor atributo que se le reconoce al político hoy con mejor imagen (el intendente de Tigre, Sergio Massa) es su lucha contra la inseguridad en el distrito que gobierna. Desde las usinas kirchneristas se encargaron de difundir que, además de Scioli, el otro destinatario de la exaltada diatriba presidencial fue Massa.

El método para afrontar las malas noticias y tratar de encauzar la situación lleva el sello indeleble del cristinismo: látigo a discreción para ordenar a la tropa y maquillaje en la fachada para tratar de volver a seducir. Por eso, Puricelli es el nuevo ministro de Seguridad, para liberarle las manos al antigarantista viceministro Sergio Berni. Por eso, para combatir la corrupción sólo pidió y anunció más relato de más voces oficialistas para salir a contrarrestar las denuncias. El ataque a las causas sigue sin formar parte de su repertorio.

Así, con la Presidenta ocupando toda la escena, se inauguró la campaña electoral oficialista. Como para no dejar dudas de que está dispuesta a ir por todo..

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