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Mujeres orquesta

Revista

El tiempo no para y ellas tampoco. Un día en la vida de las argentinas de hoy

Por   | LA NACION

 
 

Maru (42)

 
Maru Botana (42). Mamá, empresaria, cocinera, conductora de televisión. 
 

Mamá, empresaria, cocinera, conductora de televisión

Tengo que dormir por lo menos 6 o 7 horas para funcionar. Pero duermo menos y funciono igual", dice Maru de frente a una colorida taza a la que da vueltas una y otra vez como si no pudiera quedarse quieta. En eso suena el celular. Pide disculpas, atiende y asegura que sus días son así. Son pocos los momentos en los que María José González Botana de Solá hace una cosa por vez. Se detiene, piensa e intenta encontrar en su memoria uno de esos ratitos. No lo consigue. "Aprovecho cada momento", asegura y es lógico que así sea. Sólo basta pensar que es mamá de Agustín (14), Lucía (11), Matías (9), Sofía (7), Santiago (6), Juan Ignacio (3) e Inés (10 meses); tiene una revista mensual que lleva su nombre, está al frente de cuatro locales de gastronomía, da clases de cocina, tiene un programa de TV en Elgourmet, está casada hace 18 años con Bernardo Solá y es la imagen de productos que van desde hamburguesas a colchones.

"Comé", dice. Se levanta. Prepara el café y le avisa a una de las chicas que la ayudan en la casa, Ede y Aurora, que le agreguen leche. Se sienta de frente a la mesa que da a la gran cocina de su casa ubicada en un barrio cerrado de Pacheco. Hay de todo. Desde frascos enormes de vidrio con barritas de granola hasta una degustación de pequeñas porciones de tortas colocadas en largos y delgados platos rectangulares (no está su favorita, la charlotte). "Este es mi lugar en el mundo".

Todavía tiene el pelo húmedo y los bucles, esos que hacen que Maru sea Maru, aún se están formando. La ducha fue la recompensa tras una hora de intenso entrenamiento. Sí, Maru también entrena. "Me levanto muy temprano. Si tengo una reunión en el colegio o de trabajo, me despierto a las 5.45 y me pongo a entrenar. Si no tengo nada programado -arma el schedule en el aire-, despierto a las nenas. Ellas son las que se van primero al cole, en combi. Después levanto a los varones. Cambio a los chiquititos y desayunamos. Dos veces por semana hago carpool (viaje compartido). Cuando termino con los chicos entreno de 8 a 9. Me baño y si tengo cosas de laburo salgo corriendo, porque desde acá estoy lejos de la Capital". Toma aire y en el mismo instante que iba a seguir con su rutina entra en escena Lía, la manicura.

 
Foto: Martín Lucesole
 

La cara de Maru se transforma. "Para mí es sagrado hacerme las manos y los pies". Se la ve feliz. Lía acomoda su maletín y sonríe con complicidad. No necesita mucho espacio. Maru estira las manos y sin perder el hilo y el ritmo de la conversación continúa con la cronología de sus días. "Si puedo lo voy a buscar a Juani, que sale del cole a las 12 y lo llevo a comer. Otras veces, lo traen a casa y lo espero con la comida -mueve una mano y sólo los dedos de la otra se introducen delicadamente en un bol con agua-. Con Inés estoy transitando la etapa de la siesta. A veces la gorda duerme, otras no. Es muy pegota a mí. Me extraña mucho, por eso intento llevarla conmigo al recorrido de todos los días por los locales. Reviso la mercadería, chequeo que todo esté bien. Voy a los dos locales de 11 de Septiembre y en el de Belgrano R tengo una encargada que es cocinera, así que con ella más que nada me manejo por celular, igual que con el local de Suipacha." Sacude la cabeza. Vuelve a atender el celular. Se acomoda en la silla y sube los pies desnudos al regazo de Lía. Suena el timbre. Aurora lleva en brazos a Inés hasta la puerta. A los pocos segundos aparece en escena Joaquín López Patterson, su peinador y maquillador personal. Maru sonríe y le asegura que estaba preocupada por su tardanza. "Tuve un problema en casa. Pero ya estoy acá", responde él, para darle tranquilidad. Con peine y secador en mano, da fe que los días de Maru son todos así. "¿Le contaste cómo te depilás?" Los tres se miran como si estuvieran a punto de develar un gran secreto. "En este rincón hago de todo -confiesa Maru-. Él puede estar peinándome mientras hablo por teléfono y con el brazo en alto Lía me depila las axilas."

 
Un rincón donde pasa de todo. Maru se reserva espacios para mantenerse linda sin descuidar el día a día con sus hijos (en la foto, con Juan Ignacio). Foto: Martín Lucesole
 

Así es Maru, una perfecta equilibrista. "En qué estábamos?" Sin dar tiempo a responder se acomoda ya con los bucles más formados y con las uñas de los pies con algo de brillo. "¡Ah! Sí. Trato de que mi oficina central sea acá. Mi casa es mi centro de operaciones. En esta misma mesa reviso las páginas de las revistas. En aquel rincón hago las fotos para cada edición. Cuando salgo -dice sin parar- , intento estar de vuelta a las 4 o 5 de la tarde, así ya a las 6 me pongo a cocinar. Preparo las launcheras para el día siguiente. Y los martes doy clases en un colegio de por acá."

 
De recorrido. No hay día que no la acompañe uno de sus niños a los locales de repostería que llevan su nombre. Foto: Martín Lucesole
 

Cada vez que el tren pasaba por el puente que estaba cerca de su casa de Belgrano, la Maru niña pedía tener muchos hijos. "No soñaba con casarme, sólo quería tener hijos." El deseo se cumplió y en su vida lo más importante es su familia. "Valoro cada instante con ellos. Después de lo que nos pasó con Facu [su sexto hijo, falleció en 2008 a los seis meses] empezás a mirar la vida de otra manera. Abrazás cada momento. Trato de hacerme los tiempos necesarios para compartir con cada uno de mis hijos."

Estar presente, ése es el desafío de Maru. "Definitivamente corrés de un lado a otro. Intento estar siempre cuando los chicos vuelven del cole. Son los momentos que me reservo. Los baño, hacemos la tarea, vamos al médico -respira, se mira los pies, cambia de posición-. Como somos una familia numerosa es importante que encuentre la manera de estar un ratito con cada uno." Cada vez que ve un tren pasar por un puente, ahora sólo pide que la vida siga sorprendiéndola.

    Por sus medios
  • En pantalla
    Maru volvió a la tele con Siempre Dulce. En el programa que emite Elgourmet, todos los lunes, a las 22, ella recibe el pedido de una torta específica. Lo que no sabe es para quién será esa torta. A través de pistas que le darán intentará descubrir el personaje en cuestión. "Es muy divertido -dice del ciclo, que ya fue grabado en su totalidad-, porque soy un desastre para eso. Soy muy despistada". Entre otros, encargaron sus tortas Julián Weich, Claribel Medina, Matías Martin y Mex Urtizberea.
    Más datos: www.elgourmet.com
  • Revista Maru
    "El otro día analizaba todas las cosas buenas que tiene la revista -dice-. Cada página busca ofrecer ideas claras, dar una ayuda a la mujer que trabaja todo el día, que tiene que atender una familia. Intento que encuentren tanto en papel como online ( revistamaru.com ) ideas simples, pero buenas. Soluciones para el hogar, para la cocina, para el día a día. Disfruto mucho haciéndola." En la revista Maru, que sale hace tres años todos los meses y se vende en quioscos de todo el país, hay un plan semanal para organizar el menú de todos los días; una sección de tortas y una nota de tapa con recetas especiales (este mes, cocina para hombres). A partir de julio tendrá nuevo diseño y nuevos contenidos.

Liliana (48)

Gerente en NCR Argentina, madre, deportista

 
En plena actividad. Para Liliana es importante saber delegar para poder llevar una vida balanceada entre su vida laboral y personal. Foto: Martín Lucesole
 

Ser creativo todos los días, esa es la clave para balancear tu vida laboral con la familiar", define Liliana Karayan. "Lo que hago no lo veo como un sacrificio ni como una obligación, intento disfrutar de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos."

Orgullosa de sus 48 años, es la primera mujer en ocupar en NCR Argentina (empresa líder en soluciones de self service) el puesto de Gerente de Ventas para la Industria del Retail (supermercados, cadenas comerciales). "Mi vida está atravesada por la compañía -confiesa-. Ingresé en diciembre de 1988 y me casé [con Martín, licenciado en Administración de Empresas] en abril de 1989", dice para poner énfasis en cómo el crecimiento profesional y familiar fueron de la mano. "Todo sucedió en paralelo. Mis clientes y mis compañeros vieron mis tres panzas y conocen a mis hijos: Ignacio (20), Lucila (18) y Agustina (14)". Es una realidad que las mujeres ocupan cada vez más cargos de importancia en las empresas. "Sin ir más lejos cuando entré en la compañía en el área comercial estaba solita. En cambio hoy, ocupamos casi el 50 por ciento en todos los sectores".

Boulogne, San Isidro. A las 6 suena el despertador."Nos levantamos en cadena para entrar a la ducha. A todos nos gusta bañarnos por la mañana. Por suerte Ignacio va a la Facultad a la tarde -agradece-, por lo que la pelea se reduce."

Después del desayuno se dividen las tareas. "Hay días que mi marido lleva a Lucila a la Facultad (estudia diseño industrial) y yo alcanzo a Agustina al colegio. Así arrancamos." El trabajo le exige reuniones permanentes con clientes; muchas las realiza en zona norte, otras desde su oficina en el centro porteño. "Uno sabe cuándo empieza a trabajar, pero no cuándo termina. Creo que hoy, la mayoría de las mujeres somos workaholic -arriesga-. A través de mi teléfono o de la laptop me mantengo en contacto con los clientes, con mis hijos, con mi marido y con mis amigos. De esta manera intento balancear la jornada."

Tres veces al año, por lo menos, viaja al exterior, sobre todo a Estados Unidos, donde se encuentra la central de la compañía. También hace varios recorridos por provincias argentinas. "Puedo hacer los viajes porque mi marido me ayuda mucho. Los dos nos hacemos cargo de la familia, somos un equipo, siempre fue así. El año que viene festejamos las bodas de plata."

Delegar. Para Liliana es clave. "Si uno pretende hacer todo sola, terminás volviéndote loca. Es importante aprender a aceptar ayuda. Mis hijos están creciendo y ellos cada vez son más solidarios. En casa, por suerte, cuento con la maravillosa ayuda, desde hace 18 años, de una misma persona. Es importantísimo poder armar un equipo para que todo se articule." Cuando la jornada de trabajo llega a su fin, mediante llamadas telefónicas o mensajitos, Liliana coordina las visitas al médico y las actividades extracurriculares de los chicos. "La cena es el momento en el que estamos todos. Hablamos, organizamos el día siguiente: la tarea, la ropa. Siempre hay algo que lavar o planchar de urgencia."

Los fines de semana los tiene reservados a la familia y al deporte. "Todos los sábados acompaño a Agustina a jugar al hockey, lo hace a nivel competitivo. Me subo al ómnibus hasta el club al que le toque jugar." No sólo la acompaña, también es la coordinadora del grupo y de cierto modo la fotógrafa del equipo. "A las 7 estamos arriba y salimos para cumplir con la jornada. Me encanta. A eso de las 14 estamos de vuelta en casa. Almorzamos y de ahí me voy a jugar al tenis. Hace 8 años que retomé. Jugaba de chica. Es terapéutico, además armamos un grupo maravilloso. Mi marido dice que lo que más me divierte es el tercer tiempo [se ríe], puede ser. Todo lo que encaro intento ponerle una cuota de positivismo, es la única manera de poder seguir adelante. Si no, al primer bajón te caés y hoy no podés permitírtelo."

Marité (64)

 
Pasión por lo dulce. Estudió repostería para hacer la torta de comunión de sus hijas. Foto: Martín Lucesole
 

Empleada doméstica, repostera, mamá y abuela

Las adversidades me fortalecen", asegura Marité, una mujer que a lo largo de su vida tuvo que hacer frente a varios reveses para no apartarse de sus sueños. "Tener trabajo, formar una familia, tener una casita", enumera lo que alguna vez fueron anhelos y hoy alimentan su día a día. "Para lograrlo no paré", dice ya en tiempo de descanso en una de las casas donde trabaja. Su tono de voz es firme. Ya nada queda de la tonada que trajo de Paraguay hace 40 años. "Soy de Asunción. Me vine con mi marido y una hija chiquita", hace una pequeña pausa. "Mi hijo mayor quedó allá. Alejandro tenía 3 años y era de mi primer matrimonio. Mi ex no me permitió traerlo, pero estuvimos en contacto todo el tiempo." El dictador Alfredo Stroessner estaba en el poder cuando Marité, su marido y Patricia de 21 días decidieron dejarlo todo para arrancar de cero en Buenos Aires. A diez meses de su llegada dio a luz a Roxana. Nació prematura y tuvo que pasar un buen tiempo en la incubadora. "En aquel entonces estábamos sin casa. Vivíamos en pensiones, pero salimos adelante. Con mi esposo trabajamos sin parar. No teníamos sábados, domingos, feriados ni nada."

Al principio dejaba a las chicas en una guardería para poder ir a trabajar. "Vivíamos en una pensión cerca de la cancha de Huracán, en Parque Patricios, hasta que nos dijeron que no podíamos estar más ahí con las niñas. Así que nos fuimos para Merlo, donde alquilamos una casilla. Estuvimos cuatro años ahí, hasta que pudimos comprar nuestro terreno y una casita prefabricada. Poco a poco con esfuerzo y honestidad fuimos mejorando." Por más de 28 años en su casa vivió una mujer paraguaya que cuidaba a sus nenas cuando salía a trabajar. "No le decía no a nada. Todo sumaba. Iba de una casa a otra y de esa, a otra más. Trabajaba por hora. Los domingos por la mañana limpiaba una heladería en Parque Patricios -recuerda-. Además de lo que me pagaban me daban dos kilos, así que las chicas esperaban ansiosas mi llegada porque los domingos a la tarde eran nuestros y comíamos helados."

 
''Lo más agotador es el viaje''. En el tren Sarmiento ida y vuelta: de Merlo a Once. Foto: Martín Lucesole
 

El desarraigo es difícil de transitar. "Había días que me sentaba en el piso a llorar porque extrañaba a mi hijo, a mis padres, a mis hermanos -reconoce-. Fue muy duro, pero me decía a mí misma que tenía que salir adelante. Tres veces al año viabaja a ver a Alejandro, y llevaba a las chicas, porque siempre quise que se relacionara con sus hermanas. Iba con las dos nenas en un asiento. Era un viaje de 20 horas. Valió la pena, porque hoy se quieren mucho."

Eterna agradecida a Dios, Marité quiso que la torta de la primera comunión de sus hijas fuera especial. Era un momento único. "Pero era tan cara... no podía comprarla, así que decidí hacer un curso de repostería y hacérselas yo misma -cuenta orgullosa-. Estudié tres años y empecé a vender tortas de casamientos, de cumpleaños de 15, a preparar mesas de dulces. Les hacía las galletitas que las chicas llevaban al colegio. Se las preparaba y las guardaba en bolsitas. Mi nieto de 16 años me dice todo el tiempo que tengo que dejar mi legado", se ríe. Once son los nietos. "Tengo una muy buena relación con todos. Mis hijos y mis nietos son los soles de mi vida."

 
Amante de lo verde. En su casa, por culpa de los perros, no puede tener su propia huerta. Se da el gusto en el hogar donde trabaja. Foto: Martín Lucesole
 

Siempre pensó en el futuro de sus hijos. "Hice lo posible para que pudieran estudiar (Marité hizo el secundario en Paraguay). Para mí el yo no puedo no existe y eso siempre le inculqué a mis hijos. Alejandro (42) es Licenciado en Informática y vicerrector en una universidad; Patricia (38), profesora de Informática y catequista; Roxana (37), maestra de grado. Valió la pena tanto esfuerzo."

Trabajar es parte de su vida. "No me imagino haciendo nada." Religiosamente se levanta a las 5 para comenzar el día. Ya a las 5.45 está en la parada del colectivo que la lleva hasta la estación de Merlo. "Ahí me tomo el tren Sarmiento hasta Once y de ahí otro colectivo hasta mi lugar de trabajo. Depende el día. Hay veces que me toca Recoleta y otras, Palermo. Los miércoles voy hasta un country en Pilar donde me encargo de las plantas. Lo más agotador es el viaje -asegura-. Ya no me dedico a la limpieza. En una casa cocino para toda la semana, preparo el menú y lo freezo; en la otra, organizo, hago los mandados y cocino. Tengo la suerte de trabajar con gente que me hace sentir como parte de una familia."

Los fines de semana son de María Claudelina Molinas, tal como la bautizó su madre, a pesar de que su papá quería llamarla María Teresa. Para todos, ella es Marité, no se reconoce de otra manera.

Nada parece detenerla. "A mí las adversidades me fortalecen -confiesa sin titubear-. Hace poquito, Patricia sufrió un ACV leve. Por suerte está bien. Siempre le digo que mire lo que tiene, que es mucho, que intente ser positiva. A mí la vida me llevó a ver el lado positivo de las cosas. Después de que nacieron las nenas padecí un embarazo ectópico. Casi me muero. Estuve en coma. Vi ese túnel, la luz blanca. Después de eso hice un clic y mi vida cambió para siempre."

Mariela (41)

 
Los deberes, en la cocina . A pesar de sus largas jornadas, la médica se ocupa de ayudar a sus hijos con las tareas. Rocío, Micaela y Camila, agradecidas. Foto: Martín Lucesole
 
Neonatóloga full time y mamá

Enérgica. No hay duda de que Mariela Irañeta es una mujer bien enérgica, inquieta, polvorita. Al escucharla hablar uno puede imaginársela como una hormiguita trabajadora, esas que van y vienen sin perder el tiempo. Así, aunque sea menudita y de aparente fragilidad. Fragilidad que nada tiene que ver con su día a día como neonatóloga, madre de cuatro chicos -Matías (15), Rocío (11), Camila (7) y Micaela (6)- y mujer divorciada. En su departamento de Caballito y vestida de civil, Mariela prepara el café y sirve unas masitas que ella misma preparó la noche anterior. "Me encanta cocinar. Durante los primeros años de la carrera de Medicina hice un curso con Marta Ballina. Para bancarme los estudios vendía tortas y postres. Hasta hice la torta de mi casamiento y la del casamiento de mi hermana."

Ya con el primer bocado no hay duda. Mariela es buena cocinera. Al living se acercan Micaela, Rocío y una compañerita del colegio, dispuestas a llevarse algunas masitas entre manos. La más chica ya estuvo comiendo y deja una prueba de chocolate en el rostro de su mamá. "Son muy cariñosas", asegura con una típica sonrisa maternal. La pausa dura sólo un instante. "Ah, tengo un nuevo trabajo." Tal confesión no resultaría extraña en boca de otra persona, pero en el caso de Mariela la pregunta Cómo hace no tarda en llegar. Es que esta mujer de 41 tiene tres trabajos fijos (en la Clínica Maternidad Suizo Argentina, en el Cemic de Saavedra y hace traslados de alta complejidad con la empresa Infant), además de preparar masitas y cursar una beca de perfeccionamiento. "Uno se acostumbra a dormir poco", dice con total naturalidad. "Duermo 4 o 5 horas, a veces menos, depende de las guardias, de las tareas de los chicos."

¿Ojeras? No, no se le ven. "No siempre es así. Hay veces que no sé cómo taparlas." De lunes a jueves, el despertador suena a las 6.45. "Los chicos ya están bañados de la noche anterior, así que prolijitos están. Matías hace la mayoría de sus cosas solo. A las nenas las ayudo a vestirse, las peino y después de desayunar las llevo al colegio, que está acá a la vuelta. Son re buenitas" Con el trabajo nuevo en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina la rutina de Mariela cambió. En la avenida Rivadavia se toma un colectivo que la lleva hasta Belgrano y Combate de los Pozos, a las oficinas de la Uocra, donde se dedica a las autorizaciones médicas.

"Ahí estoy hasta las 14. Después me voy para la Suizo (Pueyrredón y Santa Fe). Los martes, a las 20, salgo para el Cemic de Saavedra y me quedo hasta el miércoles. A la mañana siguiente voy para la Suizo, donde trabajo en investigación para la beca. A la tarde me presento en la Uocra", resume a modo de ejemplo un día en su vida laboral. Tarea que no resulta nada fácil. "El miércoles a la noche estoy con los chicos y hay veces que si puedo escaparme al mediodía, nos vemos un ratito."

Recién recibida de la Universidad de Buenos Aires trabajó en el hospital Piñero y en el Hospital Materno Infantil de Grand Bourg. "Después arranqué en el Cemic. Hace seis años que trabajo ahí. Antes hacía los domingos completos, después pasé a los viernes. En la Suizo soy médica de guardia los sábados a la noche y hace dos años que comencé en la maternidad la beca de perfeccionamiento. Voy casi todo los días. El primer año de la beca estuvo enfocado en lo asistencial. Trabajaba 8 horas y además cumplía con dos guardias, sumadas a las que ya hago como médica. Este último año tiene su parte de asistencial, pero además se suma el área de investigación. Estoy haciendo un trabajo acerca de cardiopatías congénitas."

 
Urgencia y alta complejidad. Hace cinco años Mariela hace trasladados neonatales que son un verdadero desafío. Foto: Martín Lucesole
 

Escucharla es fascinante, Mientras habla es inevitable pensar en su organización y confesar. el clásico yo no sé si podría.

"Son cuatro las noches que paso afuera de casa", parecería decirse a sí misma en voz alta. "Sí, cuatro noches. Con mi ex marido llegamos a un acuerdo. De lunes a viernes nuestros hijos están comigo y los fines de semana con su papá. Ya el lunes a la tarde están en casa." Pero aún hay más. Hace cinco años que Mariela también trabaja en el área de traslados pediátricos y neonatales para la empresa Infant. "Te llaman y vas con la ambulancia a buscar al chico que tenés que trasladar a un lugar de referencia y complejidad según su situación. Quizá vamos hasta Junín y lo traemos a un centro de salud de Capital o de La Plata. Es un desafío porque el traslado en estos casos es clave".

Como toda madre que trabaja fuera de casa, Mariela debe hacer frente a los reclamos de sus hijos y a su propio costado culposo. "Tienen razón para hacerlo porque trabajo un montón, es verdad. Intento que cada momento que estoy con ellos cuente. Antes de ponerme a hacer la beca lo hablé con ellos. Les comenté lo que implicaba, las horas, las guardias, la necesidad de perfeccionarme para tener mejores oportunidades. Ellos saben que trabajo para que estemos mejor, que hay un desafío personal pero también una cuestión económica. Estoy sola. Ellos lo entienden. Y esto no quiere decir que no me hagan reclamos y que yo no sienta culpa. Yo misma me hago reclamos."

Estar fuera de casa no implica no estar atenta a lo que pasa con ellos. "Estamos conectados vía Facebook, Skype. Estoy todo el tiempo con los mensajitos, llamándolos. Hasta hacemos la tarea a la distancia -confiesa-. Cuando estoy en casa la cena es sagrada y hacer los deberes desparramados en estos mismos sillones o en la cocina es fantástico. Obviamente no todo es color de rosa, también tenemos momentos difíciles."

Como toda mujer separada intentó amigarse con la soledad. "Me costó manejarla. Me decía a mí misma cómo iba a entrar yo sola a un lugar a desayunar o a comer algo. Sentarme con un café no fue fácil. Con el tiempo empecé a disfrutarlo". Reconoce ser medio workaholic. "Pero amo quien soy. Si volviera a nacer sería lo que soy. Tengo una familia maravillosa y trabajo en lugares donde me da gusto trabajar."

Radiografía de la mujer argentina

  • Fortaleza. Los argentinos definen a la mujer con una sola palabra: fuerte. Le siguen maternal, bella, compañera y trabajadora.
  • Madres. El 47% de la población argentina considera que la mujer necesita tener hijos para realizarse. Un 45% opina lo contrario.
  • Trabajo. El 71% de los argentinos cree que la mujer tiene iguales oportunidades de trabajo que el hombre, mientras que un cuarto de la población cree lo contrario. La opinión acerca de que hay igualdad de oportunidades laborales para la mujer es significativamente mayor entre los hombres (75% contra 67% entre las mujeres).
  • Movimiento. Las argentinas se mueven más durante el fin de semana: 2.2 km promedio, por día (en la semana, son 2 km). Las actividades que más disfrutan son: el ocio, tener sexo, ir de compras, hacer gimnasia, bailar, practicar un deporte, darse un baño de inmersión, moverse en el trabajo, salir con los hijos e ir y venir del trabajo.
  • Lo que menos le gusta. Cocinar, lavar, ordenar. Las tareas domésticas.
  • El 40% de las mujeres produce el mayor movimiento temprano a la mañana y el 22% por la tarde.
  • En simultáneo. El 67% de las argentinas asegura que son más activas que los hombres en la semana. El 48% de las que cree esto se lo atribuye a que las mujeres realizan más tareas en simultáneo que los hombres.
  • Fuente TNS Gallup//Perfect Crowd para Rexona Women
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