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André Rieu

El rey del vals

Espectáculos

Mañana llega al Luna Park el director holandés que, al frente de la Orquesta Johann Strauss, intentará seducir al público local como lo ha hecho con el de gran parte del mundo

Por   | LA NACION

RÍO DE JANEIRO.- "¡Bravo! ¡Bravissimo!", aclama la gente en cada intervalo al violinista, director de orquesta y compositor holandés André Rieu, quien -fiel a su estilo- no le da jamás la espalda al público; todo lo contrario, lo encara, lo observa, juega con él, lo hace participar y así lo deleita. "¡Bravo! ¡Bravissimo!", gritan una y otra vez quienes asisten a sus conciertos, espectáculos multimediáticos como el del tour And The Waltz Go On, que por primera vez llega a la Argentina con shows en el Luna Park mañana, pasado y el jueves.

A los 63 años y vestido de impecable frac, Rieu es, aunque no lo parezca, una suerte de Michael Jackson de la música clásica, un showman convertido en fenómeno que ha vuelto este género atractivo para millones de personas en todo el planeta. Desde que en 1987 fundó la Orquesta Johann Strauss, que comanda, ha vendido más de 32 millones de CD y DVD, por lo que lleva cosechados 330 discos de platino y se ha ganado el apodo del "Rey del vals". Si bien sus éxitos comenzaron en su Maastricht natal -donde su padre era director de la orquesta sinfónica local-, fueron sus presentaciones en Alemania que despertaron una enorme pasión por su música en Europa, que luego se expandió a Estados Unidos, Japón, Australia y Brasil, donde tiene la mayor base de fanáticos latinoamericanos.

El año pasado -armado de su Stradivarius de 1732 y un Vuillaume de 1850-, junto con su orquesta brindó más de 20 conciertos en tierras brasileñas; cautivó personalmente a más de 150.000 espectadores y lleva vendidos 1,2 millones de álbumes y DVD. En abril último, poco antes de regresar a Holanda para tocar en las celebraciones por la coronación de los reyes Guillermo Alejandro y Máxima, volvió a Río de Janeiro para presentarse en cuatro conciertos -con localidades agotadas- en el Arena, donde LA NACION pudo ser testigo de la fascinación que provoca en el público.

A primera vista, la imagen del escenario no podría resultar más kitsch para el relajado entorno carioca: rosas rococó por todos lados, atriles dorados, y cuatro decenas de músicos en traje de gala, ellas con vestidos largos de colores pastel; ellos de esmoquin. Pero a medida que va ingresando en la sala, la gente -promedio 55 años de edad- se siente transportada a otros tiempos y dispuesta a dejarse llevar por el melodrama de Rieu, quien bien podría ser un exótico personaje de telenovela brasileña de época.

Los elementos modernos se encienden no bien el artista holandés hace su aparición. Una enorme pantalla LED de última generación sirve como telón de fondo, donde se sucederán imágenes de atardeceres, paisajes nevados, pueblos europeos y cielos estrellados, y dos grandes pantallas a los costados donde será posible observar los gestos histriónicos del siempre dinámico Rieu.

Dentro del "clásico" repertorio hay canciones emotivas para todos los gustos: tradicionales valses, música operística y religiosa, canciones de películas y musicales, algunos temas pop conocidos por todos, y hasta guiños a la cultura local. Así, entre aplausos, lágrimas y ovaciones se van sucediendo "El Danubio azul"; la "Habanera", de Carmen; el "Nessun dorma", de Turandot; el "Concierto de Aranjuez"; el "Tema de Tara", de Lo que el viento se llevó; "Zorba, el griego"; "Amigos para siempre"; "Mi bella dama"; el "Ave María"; "Mañana de carnaval", y el Bolero, de Ravel, entre otros.

Intercalados, varios efectos especiales propios de espectáculos más modernos sorprenden a los espectadores: humo y nieve artificial, sofisticados juegos de luces y una lluvia de globos. Pero el efecto más potente es el carisma del propio Rieu, quien, mezclando palabras en inglés, español y portugués, se hace entender perfectamente y hasta se permite hacer bromas sobre la informalidad y la impuntualidad de los cariocas sin que nadie se sienta ofendido.

"Creo que tengo la profesión más linda del mundo: hacer música. Nada toca tan profundamente el alma de la gente como la música", comenta en un momento.

En la platea y las tribunas, sus fieles seguidores lo celebran, tomándose de las manos, abrazándose y besándose ante los buenos recuerdos que disparan cada una de las canciones. Es ya obvio que, cual flautista de Hamelín, Rieu se ha apoderado de sus almas cuando le obedecen sin chistar para saltar de sus asientos y ponerse a bailar en los pasillos.

No es algo que comúnmente haga con sus 72 años el ama de casa carioca Helena Duarte, pero tomada de los brazos de su hermana, Cecilia, de 63, profesora jubilada, no tiene problemas en tararear y danzar en el medio del auditorio.

"Es un hombre muy alegre, su música hace bien al espíritu", señala a LA NACION con una amplia sonrisa.

Unas filas más atrás, la periodista Cristiane Zimmerman, de 31 años, y su esposo Sylvio, de 36, provenientes de Blumenau, explican que extendieron un viaje de placer a Río al enterarse de que Rieu estaría por aquí. Tienen varios de sus DVD y cuentan que los ponen en casa para pasar noches románticas. "Consiguió popularizar la música clásica con gusto, de una buena forma, sin desvirtuarla", asegura Cristiane, apoyada sobre el hombro de Sylvio.

La mayoría de los espectadores son fans desde hace tiempo, unos diez años, que descubrieron a Rieu a través de shows televisivos. Ahora siguen cada una de sus presentaciones en YouTube, como los Chapermann, Isaac, de 60, ingeniero civil, y su mujer, Rebeca, médica, de 58 años.

"Compramos los tickets no bien salieron a la venta, como hacen los adolescentes con los conciertos de rock. Nos encanta su música y él tiene un magnetismo muy especial, no podíamos perdernos la oportunidad de estar acá", cuenta Isaac, mientras come pochoclo y bebe cerveza durante el intermedio, como si estuviera en un partido de fútbol.

  • And The Waltz Goes On Tour
    Gira de la Orquesta Johann Strauss
    Luna Park, Corrientes y Bouchard.
    Funciones, martes, miércoles y jueves, a las 21. Desde $ 350.

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