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Editorial I

El voto de todos, la vital tarea de ser fiscal

Opinión

La participación de ciudadanos en el control de los próximos comicios es el reaseguro más efectivo para garantizar la transparencia electoral

El control ciudadano sobre los actos eleccionarios es el reaseguro más efectivo y cercano que tiene el elector para garantizar que los comicios sean limpios, carentes de todo tipo de maniobras de manipulación del sufragio con el fin de vulnerar la voluntad popular. Por esa razón corresponde dar la bienvenida y alentar el llamado de la Red Ser Fiscal y de numerosas organizaciones -entre ellas, las que impulsaron en la Web los últimos cacerolazos y partidos políticos de la oposición- para que el electorado independiente ayude a fiscalizar las elecciones de agosto y octubre venideros.

Integran ese conglomerado, entre otras, organizaciones como la Asociación Red de Encuentro Ciudadano para la Calidad Democrática (REC), las fundaciones Libertad y Progreso, Democracia y Consenso, Libertad de Expresión y Democracia, y Despertar; la Sociedad Rural Argentina (SRA), Diálogo Ciudadano-Jóvenes, el Foro Cívico de San Isidro, el Movimiento de Trabajadores Desocupados de la Matanza (MTD) y la Comunidad de Emprendedores Inicia. Esas entidades sellaron un acuerdo para reunir la mayor cantidad de fiscales posibles. Y lo hicieron de esa forma porque, según nuestra ley electoral, deben ser los partidos políticos los que designen formalmente a esos imprescindibles controladores de la actividad electoral.

Quienes estén interesados en participar de esa campaña pueden anotarse en la página www.redserfiscal.com.ar. Desde que se anunció esta iniciativa ya se han inscripto más de 20.000 personas.

Las organizaciones convocantes se han comprometido a brindar toda la información y capacitación que necesitarán los potenciales fiscales para manejarse durante las jornadas de votación.

Decidir ser fiscal y prepararse para ello implica haber tomado conciencia de que la transparencia electoral es la base del sistema democrático. En nuestro país, la gran mayoría suele observar con cierta apatía la participación directa en los procesos eleccionarios. Sin embargo, en los últimos años, distintas denuncias y sospechas de fraude y la necesidad de poder frenar ese tipo de situaciones han ido cambiando ese rumbo.

En los comicios de 2011, por ejemplo, resultó sumamente valioso el trabajo conjunto de unas 20 organizaciones no gubernamentales que, sin responder a ningún tipo de ideología política, se lanzaron a controlar las mesas donde los partidos mayoritarios no suelen tener problemas con la cantidad de fiscales que se requieren en el país.

En cambio, ese reclutamiento de voluntades resulta muy difícil para las agrupaciones políticas con menor representación.

Dos años antes de aquella experiencia, en las elecciones de 2009, la Red Nacional por la Transparencia Electoral Soy Fiscal aseguró la presencia de controladores en decenas de miles de mesas del país. Más de 25.000 argentinos sin filiación partidaria ni militancia de ningún tipo se anotaron para entonces como fiscales electorales. Del mismo modo, aportaron un apoyo fundamental las personas que logró convocar la iniciativa Ojo Cívico, que, sobre la base de lo realizado en otros países, ayudaron a auditar con reportes minuto a minuto cualquier irregularidad en los sitios de votación. Fue aquella, sin dudas, una experiencia inédita de la que participaron más de 5000 personas.

Este compromiso cívico creciente tiene ahora la oportunidad de volver a expresarse el 11 de agosto y el 27 de octubre próximos, cuando se realizarán en nuestro país, respectivamente, las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), y las generales para la renovación de legisladores de las dos cámaras del Congreso.

El fuerte control ciudadano es siempre bienvenido y adquiere una trascendencia enorme en situaciones en que, como las que se avecinan, los comicios representan una prueba crítica para el oficialismo en el Gobierno, preocupado por mantener las proporciones parlamentarias que hoy lo favorecen.

La posibilidad de fraude ha existido históricamente y no sólo en nuestro país. Sin embargo, recrudece cuando una fracción política como el kirchnerismo ha hecho lo imposible por que fracasaran en nuestro Congreso mecanismos que hubieran contribuido a garantizar una mayor transparencia electoral, como el debate de los proyectos de boleta única y de voto electrónico, al tiempo que acaparó políticamente el manejo del escrutinio.

Ante esas circunstancias, el control ciudadano resulta imprescindible. Ser fiscal no es, como muchas veces se dice sin pensar, "perder un día". Todo lo contrario, cuanto mayor sea el control, la ganancia será enorme. Y la disfrutaremos todos..

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