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La protesta social en el Parque Gezi de Estambul

Opinión

El llamado "Parque Gezi" y su adyacente Plaza Taksim conforman uno de los pocos espacios verdes del centro de Estambul. Desde el 28 de mayo pasado ese ha sido el escenario de duras -y reiteradas- protestas sociales. De una suerte de "primavera turca", según algunos. Con un saldo ya preocupante de dos muertos, varios cientos de heridos y más de mil detenidos en los enfrentamientos con la policía.

Porque el cada vez más autoritario gobierno del islámico -aunque relativamente moderado- primer ministro Recep Tayyip Erdogan -que cumple una década en el timón del poder de su país- de pronto decidió transformar -motu propio- en un nuevo y moderno centro comercial, al que se adosará una mezquita. La decisión se tomó de manera casi inconsulta. Pese a tratarse de uno de los lugares de paseo, restaurantes y compras más tradicionales de la ciudad, tanto para los turistas como para los residentes.

Allí están emplazados el monumento a la República, de Pietro Canónica, y el Centro Cultural Ataturk, que hoy son, de alguna manera, dos símbolos del laicismo tradicional turco, el de Ataturk, al que el actual gobierno islámico ha ido combatiendo y dejando de lado en procura de transformarlo en una concepción políticamente irrelevante, por obsoleta.

Rodeado de algunos de los mejores hoteles de la ciudad, el Parque Gezi atrae multitudes. Y ha sido escenario de protestas sociales. Una de las cuales -en 1977- dejara un saldo lamentable de docenas de muertos y centenares de heridos y detenidos como consecuencia de otra implacable represión policial.

Las protestas recientes comenzaron, sin embargo, con un tono ambientalista. Contra la tala de los árboles del lugar y la transformación del gran espacio verde en un complejo más de cemento, en el que se propone reconstruir los cuarteles militares que allí existieron alguna vez y fueron luego transformados en un estadio, en 1921. Cuarteles que finalmente fueran demolidos, en 1940.

Pero la represión y, por sobre todo, las declaraciones arrogantes -e inoportunas- del premier Erdogán, que afirmara -con tono desafiante- que su gobierno continuará con su proyecto "cualquiera sea lo que hagan en el lugar", "porque hemos tomado ya nuestra decisión" tensionaron innecesariamente el ambiente. Pese a lo cual, Erdogan -hasta ahora al menos- se ha mantenido imperturbable e inflexible. Firme frente a las protestas, ahora claramente políticas, a punto tal que los manifestantes se autodenominan "soldados de Ataturk". Laicos contra islámicos, entonces.

Esta reacción, calificada de inmediato por la dirigencia política opositora como propia de un "sultán" otomano, generó una verdadera espiral de críticas y llevó al Parque Gezi a miles de ciudadanos convocados nuevamente por las redes sociales. Ellos engrosaron las filas de los ambientalistas y transformaron a la protesta en una mucho mayor, ciertamente más allá del ambientalismo original y transformaron el episodio en uno de claro contenido político (anti-autoritario y pro- libertad de prensa). Incluyendo rápidamente entre los asistentes a algunos conocidos dirigentes de la activa minoría kurda local. La defensa del Parque Gezi se ha transformado entonces en una suerte de defensa de la democracia, que la gente percibe como amenazada.

La defensa del Parque Gezi se ha transformado entonces en una suerte de defensa de la democracia, que la gente percibe como amenazada

Quienes llegaron en la segunda ola de manifestantes al Parque Gezi lo hicieron a la manera de los "indignados" de Nueva York o de Madrid. Entre ellos se conformó un auténtico arco-iris de intelectuales, artistas, políticos, profesores universitarios y estudiantes, además de algunos hinchas de fútbol.

Todos se encolumnaron contra la arrogancia de quienes están en el poder desde hace ya una década (que parece interminable) y han comenzado a cercenar solapadamente las libertades civiles y políticas de los ciudadanos. Razón por la cual se han ido transformando en blanco de críticas graves y objeto de creciente impaciencia popular.

Las protestas se extendieron también a las ciudades de Ankara, Izmir y Bodrum. También por esto, en otros puntos de Estambul los cacerolazos se hicieron escuchar y el puente sobre el Bósforo fue cortado.

La proximidad del verano sugiere que las protestas podrían ser intensas y durar quizás más de lo esperado. Aumentando progresivamente su temperatura, como ha sucedido en los últimos días.

Todos se encolumnaron contra la arrogancia de quienes están en el poder desde hace ya una década (que parece interminable) y han comenzado a cercenar solapadamente las libertades civiles y políticas de los ciudadanos

Cada noche quienes protestan en el Parque Gezi se han enfrentado estoicamente con los gases lacrimógenos, los chorros de agua y los líquidos irritantes. También con balas de goma. Una y otra vez. A lo que respondieron construyendo barricadas y levantando adoquines. Aumentando la tensión, entonces.

Esto ha sucedido en un país que ha hecho realmente grandes progresos en los últimos años, logrando crecer a una media anual del 5% de su PBI. Uno que además se mantuvo en paz, pese a estar rodeado de guerras regionales, y donde las desigualdades están en visible disminución. Y en el que el partido gobernante ha ganado con toda claridad las tres últimas elecciones nacionales.

Lo que nos obliga a pensar si la reflexión reciente del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, cuando nos dice que "a la gente no le importa tanto defender la democracia si hay prosperidad económica" de pronto no tiene un límite. Aquel que, ante la evidencia de un cercenamiento importante de la libertad, genera -en algún punto- una suerte de asfixia y provoca reacciones de protesta.

Mientras tanto, un tribunal judicial, ante una acción en busca de amparo, ha ordenado la suspensión del proyecto.

Queda visto que en todas partes la gente se encoleriza y sale a protestar ruidosamente cuando sus dirigentes políticos procuran -desde la insensibilidad y la arrogancia- reescribir sesgadamente una historia que muchos sienten común, mientras restringen libertades esenciales, como la de expresión, para tratar de salirse con la suya.

En todas partes la gente se encoleriza y sale a protestar ruidosamente cuando sus dirigentes políticos procuran -desde la insensibilidad y la arrogancia- reescribir sesgadamente una historia que muchos sienten común, mientras restringen libertades esenciales, como la de expresión, para tratar de salirse con la suya

Pese a que tan sólo un canal de televisión turco ha estado cubriendo los sucesos referidos, lo que sucede en Estambul ha despertado la curiosidad y la atención de los medios de comunicación del mundo entero. Los demás medios turcos, no por casualidad, los han prácticamente ignorado.

Un cuadro clásico de autoritarismo y las reacciones que provoca cuando genera hastío. Para Erdogan, de visita en Marruecos, todo "terminará pronto". Pero el desgaste es bien evidente. A punto tal, que la confederación de los sindicatos locales ha llamado a una huelga de dos días..

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