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"La cultura reposa sobre la curiosidad de las mujeres"

El Premio Nobel peruano fue distinguido en Bulgaria con un doctorado honoris causa. En su charla ante un nutrido auditorio se explayó sobre su concepción de la literatura, el escaso humor de sus primeros libros y su descubrimiento del erotismo

Viernes 07 de junio de 2013
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PARA LA NACION
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El pasado 17 de mayo la Universidad de Sofía San Clemente de Ojrid celebró la ceremonia de investidura del doctorado honoris causa al Nobel peruano Mario Vargas Llosa, en el marco de una semana colmada de actividades destinadas a la difusión y estudio de su obra, como el simposio internacional "Cartografías del amor y del poder" o el certamen Ex-Libris, que convocó a los alumnos de grabado de la Universidad de Bellas Artes para ilustrar el evento. Durante su discurso preliminar, el escritor se concentró en los riesgos que implica la creación de una sociedad de especialistas:

"La especialización, que permite en cada parcela del saber una profundización cada vez mayor, también tiene como efecto aislar a las personas, separarlas por unos lenguajes que son extraños y generalmente incomprensibles para los no especialistas. Eso va aislando cada vez más a los individuos. Una de las pocas actividades que quedan y que constituyen un denominador común es la literatura. La literatura no es ni puede ser, nunca, una especialidad. Los ciudadanos que leen buena literatura son más difíciles de manipular."

Esa noche, los profesores que pudimos compartir una cena con el escritor y con su esposa, Patricia Llosa, escuchamos con gran interés algunas anécdotas que el histriónico Mario nos relató, como las labores de traducción junto con Julio Cortázar en Atenas, durante un curioso congreso de algodón, o la sorpresa y conmoción que sintieron algunos intelectuales latinoamericanos buscavidas de París al enterarse de que Aurora Bernárdez y Cortázar se habían dado el lujo de renunciar a un puesto fijo ¡en la Unesco! sólo para tener tiempo para leer.

El escritor nos citó algunas líneas de una carta de Manuel Scorza donde éste "se disculpaba" por haberle pirateado una novela, también discutimos colectivamente alternativas para el desenlace de "Continuidad de los parques". Mi hija de dos años, a la que le dedicó un ejemplar de La Chunga ("Para María del Mar, con dos besos, uno en cada mejilla"), lo miró extasiada durante toda la cena pero aun así se negó a darle un beso, a lo que el escritor reprochó: "¡Usted me debe un besito!", mientras Patricia recordaba las penurias nocturnas de antaño con sus tres hijos y ahora seis nietos.

En el coloquio, que tuvo lugar en la imponente aula 65 de la misma universidad un día después, Vargas Llosa habló ante el numeroso auditorio de algunos ejes de su creación, como el erotismo, la política o el humor, intercalando condimentos biográficos y testimoniales que hicieron sonreír a la platea. Éstas fueron sus palabras:

"Al entrar en una librería siempre hay más mujeres, cuando participo en mesas redondas el auditorio está compuesto fundamentalmente por mujeres. Cuando voy a un concierto pasa exactamente lo mismo que en las librerías y en las facultades de Humanidades, y eso vale para las exposiciones, y los museos. La cultura reposa cada vez más sobre la curiosidad, el interés y la vocación de las mujeres. Los hombres consideran cada vez más que la cultura en general y la literatura en particular son actividades prescindibles, actividades del entretenimiento que pueden ser sacrificadas como cosas superfluas. Me alegro mucho por las mujeres y lo siento mucho por los hombres."

"La muerte de D’Artagnan fue una tragedia en mi vida, a los 9 años. Recuerdo haber leído esta escena llorando. [...] La relación con mi padre me hizo sufrir mucho y me hizo descubrir el sentimiento de la soledad. Entonces la lectura fue mucho más que distracción y entretenimiento, fue una verdadera tabla de salvación. Leer era entrar en un mundo cálido, donde yo me sentía exaltado y feliz. La literatura era una manera de vivir mucho mejor que en la realidad cotidiana. Probablemente mi vocación literaria nace de la importancia capital de la lectura en aquellas épocas de soledad."

"El gran culpable de que el humor aparezca tarde en mis libros es Sartre. Yo era un gran admirador suyo, lo leía con gran pasión y le creía todo. En su inmensa obra no hay, no digo una risa, no hay una sonrisa siquiera. Jamás hizo concesión alguna al humor. Probablemente como yo lo leía con tanta devoción, me impregné de esa idea equivocada de que la literatura seria debe rehuir del humor. Pero un buen día me encontré con una historia que yo quería contar, después de viajar por la Amazonia. En esos dos viajes había descubierto el servicio de prostitución organizado para los cuarteles de la frontera, donde los soldados no tenían cómo desfogar su excitación. Entonces habían creado un servicio de visitadoras. Yo, que había estado en un servicio militar, pensé en el oficial al que le habrían encomendado organizar ese servicio... Imaginé los dolores de cabeza que le habrían significado. Traté de contar la historia en serio, como había contado todas mis historias hasta entonces, y allí descubrí que era imposible, que una historia como la del capitán Pantaleón Pantoja no se podía contar en serio porque no era verosímil. Y así fue como descubrí que el humor era un material insoslayable para ciertas historias y para ciertos personajes".

"Cometí la imprudencia de casarme cuando era muy joven, entre mis 18 y mis 19 años. Contraer las responsabilidades de un hombre casado sin dejar la universidad me significó tomar muchos trabajos parciales, de horas. Y uno de esos trabajos fue afortunadamente para mí trabajar en el Club Nacional. Iba dos horas por día a fichar libros, pero yo creo que en esa época el presupuesto para libros se había reducido a la nada y yo podía pasarme esas dos horas leyendo, algo que con tantos trabajos que llegué a tener se había reducido muchísimo. Y allí descubrí una extraordinaria colección de libros eróticos. Los tenían escondidos en un cuarto piso, detrás de una cortina. El día que corrí esa cortina y me encontré con esa colección ¡sentí que se me aceleraba el corazón! El bibliotecario que había adquirido esos libros tenía muy buen gusto: una preferencia clarísima por el erotismo francés de muy alto nivel, por ejemplo, tenía la colección completa de Maîtres de l’Amour dirigida por Apollinaire. Allí leí a Casanova, al Aretino, las novelas eróticas del propio Apollinaire, las cartas de Diderot y por un momento llegué a creer que el erotismo era una fuerza revolucionaria, un complemento ideal de la revolución política, la destrucción del despotismo y la autoridad. Sin embargo ahora creo que el erotismo, desgajado de otras experiencias humanas, se convierte en una actividad muy monótona y abstracta. El gran erotismo aparece en esas novelas ambiciosas que representan toda la complejidad humana, toda la diversidad de experiencias dentro de las cuales, por supuesto, el amor pasional y el amor físico tienen un protagonismo."

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