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Por Fellini

El regreso de Ettore Scola

Espectáculos

A diez años de su retiro, vuelve a tomar la cámara para evocar al director de La dolce vita en la película Che strano chiamarsi Federico!

Por   | Para LA NACION

La noche romana derramaba su fascinación sobre el río. En la Isola del Cinema (evento estival que se cumple al aire libre en la Isola Tiberina), el verano pasado Ettore Scola presidía el jurado del Premio Laura Betti. Al final de la ceremonia se lo vio encender un cigarrillo. Horror: había logrado abandonarlo, después de una bronquitis crónica que lo arrinconó en su casa durante meses. "¿Cómo, Ettore? Si fuiste capaz de dejar el cine?" El celebrado realizador de Un día muy particular adivina nuestra intención y se adelanta: "Es más fácil dejar de filmar que dejar de fumar", y esa noche, en rueda de amigos, reafirmó su decisión de no volver a dirigir: en 2003, en efecto, Gente de Roma se había instituido en la despedida de Scola de los sets. Diez años después, sin embargo, la renuncia que parecía definitiva tambalea, para júbilo de los cinéfilos; a los 82 años, el maestro de la commedia italiana y de incontables éxitos acaba de finalizar un rodaje en el reducto que Federico Fellini transformó en leyenda: el Teatro Cinque de Cinecittà.

Parecería que los manes del mago de La dolce vita ejercieron un efecto benéfico en el espíritu escéptico de Scola. "Yo veo a colegas como Giuliano Montaldo generar ganas para seguir filmando -nos decía-, y lo menciono a Montaldo porque es uno de los sobrevivientes de la vieja guardia, un par mío, incluso es mayor que yo. Pero yo ya no me reconozco en el clima espiritual y político que reina en Italia." Sin embargo, de pronto todo cambió y así es que el nuevo film acaba de concluir su primera etapa; lo tituló Che strano chiamarsi Federico! (¡Qué raro que me llame Federico!) y al cabo de una vertiginosa postproducción intentará instalarlo, en agosto, en la fiesta de la Mostra de Venecia.

"Pero ¿no decías que era una renuncia inamovible, Ettore?", inquiere ahora LA NACION, desde Buenos Aires. "Acabé por rendirme a los deseos de amigos y colegas -responde-, y me picó la tentación cuando advertí que se cumplían veinte años de la muerte de Federico; me dieron ganas de revivir cosas, experiencias comunes a él y a mí. Una de ellas fue el trabajo que hicimos juntos en Marc'Aurelio, una revista de humor que aparecía a principios de los años cincuenta. Allí dibujábamos los dos. Eran tiempos de una juventud en la que compartíamos, además, sueños y ambiciones."

Scola redactó el guión junto a sus hijas, Paola y Silvia; en la rememoración de aquellos años las escenas son (casi) todas veraces, con algunos chispazos de invención o, al menos, de retoque. Por lo que se puede apreciar en el making off del rodaje (Se puede ver un extracto en www.youtube.com/watch? v=aA6Quk8_iDU) , el vestuario y la ambientación sonora tienden a evocar muy de cerca la imaginería felliniana: la música tiene algo de Nino Rota y la indumentaria y el maquillaje reproducen las tonalidades de Roma , el falso "documentario" que Fellini rodó en 1972. Y este Che strano chiamarsi Federico! (fórmula a la que acompaña un subtítulo: Scola racconta Federico ) apuntaba, también, a una suerte de documental, aunque el propio autor pronto advirtió que no sería ni documental ni ficción sino un inclasificable poema fílmico. El título, justamente, proviene de un poema de García Lorca: Llegan mis cosas esenciales. /Son estribillos de estribillos. / Entre los juncos y la baja tarde, / ¡qué raro que me llame Federico!

En el desfile de motivos fellinianos Scola introduce un auto de lujo, un enorme Lincoln Continental, de fabricación estadounidense, que tanto gustaba a Federico, sin olvidar a la Fontana di Trevi, más romana y más universal que nunca después que "el mago" precipitó en sus aguas invernales las figuras, ya imborrables, de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg. Algún pantallazo de la vieja Cinecittà ("a la que entré por primera vez en 1936 con mi padre y madre -evoca Scola- y me fasciné con Amedeo Nazzari, que descendía de una coupé Alfa Romeo blanca, impresionante") ilustra estas escenas. Ernesto D'Argenio, un actor joven, encarna aquí al Mastroianni de 1959, mientras que Ettore es asumido por Giacomo Lazotti, parecido a él (como que es su nieto) y Tommaso Lazotti (otro nieto) encarna a Federico joven.

"He filmado en la que será, por siempre, la casa de Federico -dice Scola, aludiendo al legendario set de Cinecittà-; allí mismo tuvo lugar su despedida, en una silenciosa ceremonia fúnebre. Ahora, con estas imágenes de los lejanos días de Marc'Aurelio, algo de su incontenible talento volverá a palpitar. Sé que en la Argentina hay un público que ha seguido con interés una trayectoria que yo creí agotada: espero que esto posibilite, también, un reencuentro.".

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