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Fuerza bruta

Wayra pone los sentidos a prueba

Espectáculos

Luego de una gira mundial de dos años, vuelve el grupo que encabeza Diqui James

Por   | LA NACION

Al entregar el ticket de entrada y cruzar la puerta se tiene la sensación de haber llegado a una fiesta muy animada. Un bar, música y luces de neón construyen un ambiente relajado y alegre que contribuye a que el público no demuestre esa impaciencia que se percibe previo el comienzo de una obra.

Esperan por Wayra , la puesta de Fuerza Bruta que lleva dos años viajando por el mundo. Con representaciones en Atenas, Berlín, Londres, Madrid, Porto Alegre, Tel Aviv y Singapur, entre otros, este grupo ya no es una sorpresa, ni aquí ni en el mundo. Desde que celebraron el Bicentenario con toda la ciudad, su nombre es referencia de espectacularidad. Ahora regresan al lugar donde comenzó todo. Diqui James en la dirección y Gaby Kerpel como compositor musical, junto a Alejandro García en la dirección técnica y Fabio D'Aquila en la coordinación general son los motores detrás de la fuerza.

Todos saben que van a ser testigos de algo fuera de lo común. Quienes ya lo han visto quieren volver a repetir lo que experimentaron; como Jorge, un brasileño que los vio en Londres y que quiso aprovechar esta visita a Buenos Aires para que su esposa lo viera también.

La mayoría de los presentes afirmaron haber registrado al grupo cuando se presentaron en los festejos por el Bicentenario. "Lo que pasa es que cada vez que venden entradas las agotan, esta vez no quise perderme la oportunidad", afirmó Mónica, una diseñadora porteña. A las numerosas parejas se les suman grupos familiares, generalmente con hijos adolescentes, como Luisa, médica, y su hijo Fernando de quince años. "Hace tiempo que queríamos verlos. Queríamos experimentar cuántos sentidos podemos poner en alerta en un mismo momento, de mirar, de escuchar, de poner el corazón a latir", expresó. Carlos, estudiante, trajo a su novia porque él los disfruto mucho hace un tiempo y quería que ella lo hiciera también. "Esto no es un espectáculo normal, el escenario no existe, ni tampoco existe tu butaca", dijo.

A las 19, puntual, se abren las puertas y todos ingresan en un espacio que da la impresión de estar en proceso de remodelación, como si no estuviese terminado. Al grito de Wayra (significa viento en quechua) se da inicio al show. Instrumentos de percusión atraen la atención a la plataforma, donde un grupo de intérpretes hacen que todos se entusiasmen con la fuerza que transmiten. Un nudo humano que aparece volando sobre las cabezas del público confirma que definitivamente lo que se va a presenciar será de vértigo. Ya todos tienen los sentidos en estado de alerta máxima.

Los diferentes números se suceden uno tras otro y lo que muestran cada quien lo interpretará a su manera. Pero el espectáculo logra una unidad, una simbiosis perfecta entre la música, los actores y el público. Los actores observan detalladamente al público y el público también los observa abiertamente, sin pudor. Hasta se permiten tocarlos, libertad que seguramente no se tomarían si no fuese por pequeñas barreras transparentes que otorgan tácitamente esa autorización.

Definitivamente, se está en un espectáculo que estimula todos los sentidos, pero que también remueve los sentimientos.

Un hombre solo y desesperado huye perpetuamente, y a pesar de estar herido no despierta la compasión de quienes lo rodean. Ser testigos de la relación de los cuerpos sumergidos en el agua, apreciar la belleza y la poesía que generan al moverse dentro de ella. Observar el viento como protagonista, como fuerza que asombra con su potencia. Presenciar la eterna lucha del hombre que busca dominar a la mujer. Ver a un grupo romper con las barreras que los constriñen, liberarse y hacer de esa liberación una fiesta de baile y expresión.

Impresiona la destreza física de los actores, más bien son actores-atletas. A su capacidad histriónica le suman su dominio corporal . Al final de la obra, todos, actores y público comparten la euforia por lo vivido, bailando felices bajo la lluvia. Se agradece al staff aplaudiéndolos igual de fuerte. Ellos son como titiriteros y con esa misma destreza mueven escenarios, introducen grúas y elementos para que los actores hagan su trabajo y el público disfrute feliz.

  • Wayra
    Centro Cultural Recoleta
    Miércoles y jueves, a las 21; viernes, a las 20.30 y 23.40 ; sábados, a las 19 y 22; domingos, a las 17 y 20.10. Desde $100.

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