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Puente aéreo

La síntesis de todos los miedos de un inversor

Enfoques

MADRID.- Quizás hizo bien Ricardo Lorenzetti en no viajar a España. El juez de la Corte declinó a último momento participar en un congreso sobre seguridad jurídica en Iberoamérica, que el lunes inauguró el príncipe Felipe y en el que debatieron ex presidentes, ministros y empresarios. Una pregunta incómoda sobrevoló las deliberaciones: "¿Qué hacemos con la Argentina?".

Es la inquietud recurrente aquí en cada discusión sobre América latina, destino vital para los negocios españoles: cómo lidiar con la arbitrariedad, los cambios de humor y las intrigas de un gobierno empeñado en digitarle las cuentas a cualquiera que se proponga ganar dinero.

Los que ya perdieron, como Repsol, pregonan a diario su desencanto. Describen la Argentina kirchnerista como la síntesis de todos los miedos de un inversor. Pero más sintomático es el juego de los que quieren evitar ser la siguiente víctima y reproducen los temores que invaden desde hace años al empresariado argentino; ese sigilo, esos gestos complacientes para evitar la furia del poder.

Los bingueros de Codere dieron una clase magistral. Al borde del default, la empresa respondió al ente regulador de la bolsa madrileña que sus penurias se deben a la prohibición de girar a España sus ganancias en la Argentina, principal base de su negocio. Horas después emitió un parte de prensa en Buenos Aires, en el que negaba problemas con el cepo y destacaba su "excelente relación" con el Gobierno.

Telefónica es otro caso testigo. En el poder político temen que pueda ser el próximo botín kirchnerista; circulan papers reservados de consultoras que distinguen señales de una posible intervención. El presidente de la empresa, César Alierta, puso el cuerpo para prevenir tempestades. Fue él quien llevó a la Casa Rosada a Isidro Fainé, número 1 del grupo La Caixa, a negociar una salida al conflicto de Repsol. La Caixa es el principal accionista individual tanto de Repsol como de Telefónica. Y Fainé es el rival histórico de Antonio Brufau, jefe máximo de la petrolera y enemigo dilecto de Cristina Kirchner. La gestión fracasó, pero el Gobierno sigue sembrando divisiones entre los ejecutivos españoles para imponer una solución barata a la crisis de la expropiación.

Hay otras empresas que prefieren irse en silencio, como hizo Ibermática, que acaba de disponer el traslado de su fábrica de software de Buenos Aires a Extremadura.

Las intrigas empresariales también cruzan el Atlántico. En el sector de la construcción se comenta la desesperación de Ángelo Calcaterra (Iecsa) por romper el acuerdo que lo une a Lázaro Báez en la licitación para levantar dos represas en Santa Cruz. "Qué mejor jugada podría hacer el Gobierno antes de las elecciones que otorgarle la mayor obra pública del país a Lázaro y al primo de Macri", conjeturaba un ejecutivo de peso. El economista jefe de un banco español sintetizaba el consejo que les da a quienes consultan qué hacer con la Argentina: "A los que ya están, mantener su negocio y esperar; a los que no, que ni se les ocurra pasar por allí".

El canciller José Manuel García-Margallo, famoso por su escasa continencia verbal, le puso más color a su respuesta cuando días atrás le preguntaron por el país. Dijo: "No hay inversor internacional que quiera meterse en ese avispero"..

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