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Empresarios & Cía

Sin blanqueo no hay revolución

Opinión

Por   | LA NACION

Más que prepotente, Guillermo Moreno puede a veces ser desconcertante. El N° 1 de una compañía tuvo que admitirle días atrás, en una reunión, las dificultades que tenía para convencer a sus accionistas de invertir. El secretario de Comercio estaba molesto. "Es fácil -le aconsejó-. La traés con contado con liqui y la tenés al dólar blue".

La sugerencia dejó a varios perplejos: la cotización del contado con liquidación, operación legal que utilizan las empresas y que consiste en comprar aquí en pesos bonos o acciones que se venden después en el exterior a cambio de dólares, está desde hace varias semanas casi en el nivel que tiene la divisa informal, la misma que venden los arbolitos y que al parecer, según declaraciones recientes, hace reír al ministro de Economía, Hernán Lorenzino.

Moreno es un soldado del primer peronismo, aquel que oyó al general preguntar con ironía si alguien, alguna vez, había visto un dólar. Ese espíritu nacional suele reportarle elogios incluso entre empresarios. "Moreno es un patriota", lo definió hace un año Juan Carlos Sacco, de la Unión Industrial Argentina. ¿Qué lo estaría acercando ahora a la lógica de un asesor financiero?

El tema no deja de ser tabú. Se trata, por lo pronto, de una de las razones por las que Vale abandonó su proyecto en Malargüe: la minera brasileña no quiso traer al cambio oficial, en pleno cepo, los 6000 millones de dólares que planeaba invertir. Todo explica, además, parte de las urgencias de un gobierno que parece haber replegado algunas de sus banderas. Ya lo decía Néstor Kirchner: sin financiamiento no hay política.

El gabinete económico ha bajado esta noción a la tierra, y espera que el blanqueo de capitales le dé aire al Gobierno. El Cedin es hijo de estos tiempos. Presentado inicialmente para reactivar el mercado inmobiliario, servirá ahora también para la compra de campos. Blanquear para invertir en soja: un alto en el camino del modelo productivo de acumulación de matriz diversificada e inclusión social.

Moreno parece optimista. Ya advirtió ante industriales que, de tan exitoso, el blanqueo podría generar la enfermedad holandesa, que afecta a los países que, ante una gran afluencia de capitales, ven apreciar sus monedas y pierden competitividad. Pero, por las dudas, acompaña su euforia presionando a corporaciones. Hace tres semanas, varios gerentes petroleros salieron de una de sus peroratas desganados. Le explicaron que no era fácil que una multinacional que cotiza en bolsa tuviera fondos oscuros y que, en todo caso, ésa sería una típica práctica de accionistas, no de empleados. Todo un problema: aquí no sobran dueños de empresas grandes.

Pero la necesidad empuja al revoleo, al recálculo y, por qué no, a pequeñas capitulaciones. La cúpula de YPF, por ejemplo, acaba de sorprender. Se reunió por separado con analistas que Julio De Vido juzgó siempre desestabilizadores: Daniel Montamat, Alieto Guadagni y Jorge Lapeña, tres de los ocho ex secretarios de Energía que hacen trabajos conjuntos sobre el sector.

Fueron contactos extraños. Estuvieron Miguel Galuccio, líder de YPF; Doris Capurro, responsable de Comunicaciones, y Gonzalo López Nardone, gerente de Relaciones Institucionales, y las conversaciones no apuntaron tanto a buscar asesoramiento como a convencer de que muchos de los informes no contribuían a esta YPF sedienta de inversiones. Confidente habitual de Cristina, Capurro fue la más explícita: dijo que las críticas eran funcionales a Clarín. Se planteó, de todos modos, la necesidad de un acuerdo con la española Repsol. YPF viene intentando revertir su baja en la producción. Importó ya, por ejemplo, 54 equipos de perforación este año, el doble que en 2012. Y ya el diálogo con los ex secretarios parece, en el actual contexto político, un esfuerzo propio de otra administración u otra era.

Tal vez el reverso necesario de estas decisiones, vistas como retrocesos por quienes han prometido ir por todo, sea la obligación de sostener la euforia. ¿En qué otra razón que no sea la identificación de un adversario y el reclutamiento de la tropa podría Daniel Scioli explicar sus últimas penurias? Pero el gobernador no contestará. Se convenció después de entrecruzar dos sondeos: el 70% de los bonaerenses lo prefiere sin entrar en provocaciones. En realidad, las opiniones se dividen en 50-50% en un primer cuestionario pero, al insistir con preguntas, sólo 15,7% resulta ser fanático kirchnerista, y 14,3%, furioso opositor. Es la Argentina que viene.

Scioli pretende además resguardar su gestión. Evitar por caso el destino de Pablo Bruera, intendente de La Plata, aún a la espera de los 600 millones de pesos que acordó con Cristina para obras tras las inundaciones. Bruera viene perdiendo en todos los flancos. Su pretensión de ubicar en la cima de la lista de diputados platenses a su hermano Gabriel, que busca en octubre renovar la banca, choca contra el proyecto de la Casa Rosada, que considera piantavotos hasta el apellido. El oficialismo quiere en ese lugar a una estrella del periodismo militante: Florencia Saintout, decana de la Universidad de La Plata.

Lealtad, aun sobreactuada, por sobre todas las cosas. Hay que entender la última exposición de Abal Medina en el Congreso en esa nomenclatura. "No escondemos fracasos del presente porque no tenemos fracasos", dijo, y repitió un viejo silogismo de De Vido: el problema energético, uno de los orígenes del cepo cambiario, obedece a que el país creció. Los datos de la Secretaría de Energía no dicen lo mismo: entre 2003 y 2012, en el período de precios más altos y más prolongado de la historia, la producción de petróleo y gas cayó 1,3% y 7,4%, respectivamente, en valores absolutos. La Argentina habría visto descender su oferta aun sin crecer nada desde entonces.

Pero son señalamientos en los que ya ni la oposición repara. El 1° de agosto de 2011, Cristina Kirchner anunció en Pilar, en el Centro de Diagnóstico Veterinario, la entrega de un crédito para una planta de vacunas del grupo Mathiesen. El proyecto requería $ 26,9 millones de inversión, de los cuales 80% ($ 21,5 millones) vendrían del Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario. La Presidenta se entusiasmó entonces con las vacunas. "Veníamos charlando con Parrilli y venía viendo lo de la vacuna para los peces, o sea, yo tenía idea de que había vacunas para gatos, perros, vacas, ovejas, en fin, todo animal que camine en cuatro patas; ahora, para seres con aletas, para peces, no sabía. Entonces le digo: Parrilli, acá hay vacunas para peces. ¿Cómo será, poniendo una inyección? No -me dice-, cómo le van a poner una inyección a un pez; seguramente se lo dan por la boca, con alimento. Nada, mentira, le ponen una inyección por cada uno de los peces. A los salmones les agarra anemia como a los humanos: se ponen flacos, se enflaquecen y mueren".

Fue una metáfora involuntaria y de mal agüero, porque el anuncio vivió ese mismo ciclo. Hace dos meses, en una entrevista con la publicación especializada Motivar, Juan Roo, gerente general de ese centro, anunció que habían decidido invertir con fondos privados. "CDV había intentado contar con apoyo de los créditos del Bicentenario o algún otro tipo de financiación vinculada con la promoción industrial, pero lamentablemente no pudimos acceder a estas herramientas", dijo.

Son flaquezas económicas que el fervor no puede saldar. En política, un blanqueo puede tener la fuerza de mil epopeyas. Ya habrá tiempo y fondos para la revolución.

© LA NACION.

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