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Editorial I

Un recuerdo en medio de tanto olvido

Opinión

Pasaron 16 años y el Estado mantiene una ignominiosa deuda con la familia de Alfredo Pochat, asesinado por investigar y denunciar actos de corrupción

Hay personas a las que se mata dos veces. A Alfredo Pochat, primero lo mató el marido de la titular de la delegación Mar del Plata de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), para intentar evitar que su esposa fuera denunciada por hechos de corrupción que Pochat investigaba como responsable de la Oficina de Transparencia de ese organismo.

La segunda muerte se concreta cada 4 de junio fecha de su asesinato en 1997 cuando ni el gobierno porteño ni la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires dan impulso a la ley local 194/99, que, en su homenaje, declaró esa fecha como el Día de la Lucha contra la Corrupción.

Se lo mata cuando en las escuelas reina la indiferencia frente a este hecho y se ignora la citada norma que debería enmarcar actos conmemorativos para que la lucha de Pochat contra la corrupción no quede en el olvido.

Lo mata el Estado nacional al mantener abierto en la Corte Suprema el juicio por la indemnización por muerte iniciado por la familia en 1999. A 16 años del hecho, todavía se discute en los tribunales si el Estado tenía el deber de proteger a una persona que cumplía una función de alto riesgo como es la de investigar la corrupción, que fuera asesinada haciendo su trabajo, en su horario laboral, en una oficina pública y en un hecho que guarda vinculación directa con lo que investigaba.

Pero, además de una sentencia adeudada a una familia, el Estado mantiene una asignatura pendiente con toda la sociedad. Una deuda que desnuda la falta de decisión política para impulsar el "Nunca más" de la corrupción, implementar políticas de transparencia con suficientes recursos para proteger los bienes públicos de los intereses corruptos, organismos de control con poder para ir a fondo en sus investigaciones dándoles continuidad en el tiempo, diseñar un sistema de educación en valores (en todos los niveles de la educación), garantizar un Poder Judicial independiente de cualquier color político, y arribar a castigos efectivos y ejemplificadores para quienes sean condenados por actos de corrupción.

Sin embargo, la coyuntura que muestran los pocos medios de prensa independientes que todavía quedan en el país parecería estar marcada por la corrupción estructural, la impunidad y la ostentación. Por ello, la figura de Pochat cobra mayor dimensión frente a los hechos de corrupción que salpican al gobierno nacional y que involucran a empresarios amigos del poder y a funcionarios de primer rango. Su lucha incansable por la transparencia se agiganta frente a la inoperancia del Estado en brindar seguridad a los fiscales que investigan esos actos de corrupción y que son amenazados de manera impune y reiterada.

En una carta de lectores publicada en este diario, Violeta Carballo, viuda de Pochat, lo recordó con amor, y reafirmó su apoyo "a fiscales, jueces, periodistas y a todos los que luchan por una Argentina mejor, transparente y libre de corruptos (...) con todo el dolor que produce saber que [Pochat] seguramente aún no descansa en paz".

También el papa Francisco se refirió a la corrupción en duros términos. Durante una misa en la capilla de la residencia de Santa Marta, donde se aloja, dijo que "el lenguaje de los corruptos es la hipocresía", y los definió como "el anticristo". "Son -dijo- adoradores de sí mismos, sólo piensan en ellos y consideran que no necesitan a Dios".

Luego de tanta espera y olvido, sería deseable que el juicio pendiente por la muerte de Pochat llegue a una sentencia favorable. Sería una manera tardía, pero de alguna manera reparadora, para que esa familia, que fue privada de un marido y de un padre de tres niños -hoy ya jóvenes, pueda en ese reconocimiento del Estado encontrarle sentido a esa ausencia. Un Estado que lamenta las muertes de quienes lo defienden aporta motivos para que aquellos que asuman el desafío sientan el mismo orgullo que seguramente sentía Pochat cada vez que descubría en sus investigaciones los hechos de corrupción que luego denunciaba..

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