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Molestos por las críticas, en la Corte dicen que no renunciarán

Tras los cuestionamientos de la Presidenta, los jueces rechazaron las presiones desde el Gobierno

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LA NACION
Miércoles 12 de junio de 2013
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Apenas un día después de la dura embestida de la presidenta Cristina Kirchner, los miembros de la Corte Suprema hicieron saber ayer que ninguno de ellos prevé renunciar al tribunal. También, que se mantendrán fuera del alcance de las presiones políticas, aunque los comentarios de la mandataria generaron sorpresa y malestar entre los ministros, según relataron fuentes judiciales a LA NACION.

Ni siquiera el juez Carlos Fayt, el destinatario de los más feroces ataques de Cristina Kirchner, le dio entidad a la embestida de la primera mandataria y pareció relativizar el hecho cuando a través de un asistente hizo llegar un escueto mensaje a los medios: "Los hechos son sagrados, pero el comentario, libre". Fayt, que ayer recibió apoyos de todo el país, también continuará en su cargo.

Cristina cuestionó que Fayt permanezca en la Corte a pesar de tener 95 años. Pero en el máximo tribunal recuerdan que, más allá del límite de edad de 75 años que estableció la reforma constitucional de 1994, cada vez que la Corte quiso hacer valer ese límite el propio Ejecutivo desistió del recurso y la Corte no pudo pronunciarse.

Los miembros de la Corte Suprema
Los miembros de la Corte Suprema. Foto: Archivo

Fayt, que había sido designado por el presidente Raúl Alfonsín en 1983, ya tenía 75 años en 1994. Por eso, la Corte, en 2000, dictó un fallo -no una acordada, como dijo la Presidenta- en el que estableció que Fayt tenía un derecho adquirido a la estabilidad en su cargo de por vida y, fundamentalmente, que aquella reforma había sido introducida de modo irregular y, por eso, la declaró nula.

Cristina Kirchner, que en sus discursos suele criticar los años noventa, ahora quiere hacer valer aquella zancadilla del Pacto de Olivos. En cambio, hay varios de los jueces supremos que fueron nombrados con posterioridad a 1994 que se acercan a aquella edad.

Palabras "agresivas"

Quienes transitan la Justicia desde hace largas décadas coinciden en señalar que pocas veces un presidente dirigió palabras tan "abiertas y agresivas" contra la Corte. Opinan en la Justicia que las de Cristina Kirchner fueron expresiones "inapropiadas" para su cargo.

Por eso mismo, el tono de aquellos ataques, que algún juez calificó de "groseros", no pasó de ser una comidilla en los pasillos de los Tribunales.

Durante el acuerdo de ministros de ayer, el tema central fue otro: los jueces supremos, incluido Raúl Zaffaroni, revisaron con sorpresa una sentencia de la Cámara de Casación Penal, inspirada por un discípulo de Zaffaroni, el camarista Alejandro Slokar, cuya confirmación haría prescribir cientos de delitos económicos, que quedarían impunes.

En la Justicia entienden que Cristina Kirchner hace discursos mucho más políticos que institucionales y, en general, los dice pensando en las encuestas. "Por eso, siempre termina vinculando su reforma judicial con la inseguridad, de la que responsabiliza a los jueces", dicen los magistrados.

Por eso, a la hora de desentrañar cuáles fueron los verdaderos motivos de la Presidenta para lanzarse contra la Corte, entienden que ella persigue dos objetivos. El primero, forzar a la Justicia a aprobar su controvertida reforma judicial, que ayer recibió un firme rechazo de la jueza María Servini de Cubría.

Pero el segundo, mucho más ambicioso, sería provocar renuncias y lograr vacantes dentro del máximo tribunal. Algunos oficialistas deslizan que la procuradora Alejandra Gils Carbó tiene la promesa de ocupar uno de los sillones supremos.

Según la información que circula en Tribunales, Cristina quiere cambiar la composición de la Corte. Podría hacerlo por vía de una reforma legislativa, forzando renuncias como efecto de las críticas, o por vía de imponer el límite de edad de 75 años que le reprochó a Fayt no haber respetado.

Raúl Zaffaroni, el único juez que siempre escapa a la furia presidencial, hace unos meses propuso abiertamente crear una Corte de 19 integrantes.

En cualquier caso, el objetivo parece ser el mismo: la intención del Gobierno de dominar la mayoría de un tribunal que, en los últimos tiempos, le deparó sinsabores. Y, de paso, congraciarse con algunos sectores sociales a los que ella quiere convencer de que la Corte es una "corporación".

Repudios a las expresiones de la Presidenta

Los cuestionamientos de la Presidenta a la Justicia y los jueces de la Corte fueron repudiados ayer desde diversos ámbitos. El senador Mario Cimadevilla, miembro del Consejo de la Magistratura, consideró que "demuestran el tipo de Justicia que quiere este gobierno, una Justicia que sea sumisa al poder". En sentido similar se expresó el diputado nacional Eduardo Amadeo, quien anticipó "presiones todavía más fuertes" sobre el Poder Judicial.

A su vez, el constitucionalista Daniel Sabsay sostuvo que Cristina Kirchner mostró una "concepción monárquica" y que aspira a tener una Corte "dócil", sometida a su voluntad. En tanto, Jorge Enríquez, del Consejo de la Magistratura de la ciudad de Buenos Aires, expresó su "más firme solidaridad" con el juez de la Corte Carlos Fayt ante "la falta de respeto de la Presidenta, que pretendió descalificarlo por su avanzada edad".

Un enfrentamiento cada vez más frontal

El lunes, Cristina cuestionó a varios miembros de la Corte


Cristina Kirchner
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Presidenta de la Nación

En un acto en Río Gallegos y a través de Twitter, tuvo frases irónicas sobre los magistrados

"Se me olvidó el casi centenario miembro de la Corte, que pertenece al histórico y también centenario Partido Socialista", dijo, en referencia a Fayt

Después mencionó los antecedentes de Maqueda y de Zaffaroni


Ricardo Lorenzetti
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Presidente de la Corte

En la Corte Suprema causaron sorpresa y malestar las palabras de la Presidenta

Sin embargo, dejaron en claro que no piensan renunciar a sus cargos, que era el aparente objetivo del mensaje de Cristina

Fayt fue el único que mandó un mensaje público. El resto conversó en la reunión habitual de los martes


Del editor: qué significa. En la Corte saben que la ofensiva presidencial busca condicionarlos al momento de emitir su decisivo fallo sobre la reforma judicial.
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