Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan

Constante arremetida contra derechos y libertades

Opinión

Lo ocurrido durante la reciente Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) reunida en Antigua, Guatemala, evidencia que los países bolivarianos siguen arremetiendo contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en procura de debilitarla todo lo posible, de modo que no pueda cumplir con su esencial cometido de manera independiente en la defensa regional de los derechos humanos y las libertades individuales.

Aunque lo cierto sea que Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua (acompañados esta vez por Uruguay) fracasaron nuevamente en su obsesivo segundo intento -consistente esta vez en tratar de imponer al candidato ecuatoriano como miembro de la CIDH- queda claro que la CIDH se ha transformado en un importante blanco a dañar o destruir. Lamentablemente, no puede anticiparse que -en el corto plazo, al menos- morigeren sus esfuerzos en ese sentido.

Esta vez Estados Unidos envió a la CIDH a su Secretario de Estado, John Kerry, quien abogó por la necesidad de que se refuercen la independencia y los recursos del organismo

La razón es obvia. Les molesta sobremanera todo aquel que -como la CIDH- defienda con eficacia y desde la independencia la vigencia de los derechos humanos y de las libertades individuales, tarea a la cual mañosamente califican de "injerencia" en sus asuntos internos. Muy particularmente, las libertades de opinión y expresión, a las que tratan empeñosamente no sólo de debilitar, sino eliminar, de modo que no haya prensa independiente, sino una dócil y sumisa respecto del poder. Esto ha quedado demostrado por el gravísimo abandono del Pacto de San José de Costa Rica consumado por Venezuela.

En Antigua se trataba de la renovación de tres de los siete asientos de la CIDH. Para ello se presentaron seis candidatos de México, Brasil, Colombia, los Estados Unidos, Ecuador y Perú.

Resultaron electos el jurista de la Universidad Autónoma de México, José Orozco (que buscaba su única reelección posible y había sido el último presidente de la CIDH); un profesor universitario norteamericano, también abogado y especialista en la materia, James Cavallaro y el presidente del Instituto Lula y en su momento a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia del Brasil, Tarso Vannucchi, muy vinculado al Partido de los Trabajadores (PT).

En la reunión de Guatemala se presentó además un duro informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, Cuba y Honduras

Quedó en cambio afuera -pese a la insistente, intensa y hasta ruidosa campaña electoral previa- el belicoso candidato ecuatoriano: Erik Roberts, el actual director de Derechos Humanos de la Fiscalía General de su país y un crítico constante y fogoso de la CIDH.

Esta vez los Estados Unidos -que sufragan aproximadamente el 40% de los gastos de la CIDH- mostrando una clara preocupación por la situación del organismo, enviaron a su Secretario de Estado, John Kerry, quien abogó -sin rodeos- por la necesidad de que se refuercen la independencia y los recursos de la CIDH.

En la reunión de Guatemala se presentó además un duro informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, Cuba y Honduras.

Sobre Cuba, concretamente, la CIDH, por boca de José Orozco, dijo: "Las restricciones a los derechos políticos de asociación y a la libertad de expresión, la falta de elecciones y de independencia del poder judicial, así como las restricciones a la libertad de movimiento han conformado durante décadas una situación persistente y sistemática de vulneración de los derechos humanos de sus habitantes".

El candidato ecuatoriano, cabe apuntar, fue derrotando por sólo un voto. Tanto por el candidato colombiano, Rodrigo Escobar Gil, como por el candidato brasileño. Se trata de una derrota que impacta a Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, que -enemigo acérrimo de la libertad de prensa- detesta a los medios de comunicación libres e independientes, lo que ciertamente no oculta.

Creemos que la total falta de independencia de Erik Roberts es lo que inclinó finalmente la balanza en su contra. Pese a la violación desafiante de los parámetros de tiempo para intervenir en el debate que los demás representantes respetaron y que el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, decidió ignorar, apropiándose de cinco veces más tiempo de discurso del que le correspondía. Descortesía y falta de respeto, a la vez.

Para la historia, Paraguay votó por el candidato colombiano y no por el brasileño. Reiterando así la actitud asumida al tiempo de votar en la OMC donde Paraguay prefirió al postulante mexicano, Herminio Blanco, por sobre el brasileño, Roberto Azevedo, finalmente elegido.

El colombiano Rodrigo Escobar Gil y el brasileño Tarso Vannucchi, cabe destacar, empataron en la primera votación, razón por la cual se realizó -entre ellos dos solamente- una votación de desempate en la que Vannucchi se impuso. Obviamente, la mayoría de quienes habían votado al ecuatoriano Roberts prefirieron luego votar por Vannucchi, para así eliminar de la carrera al candidato moderado de Colombia que no pudo obtener la re-elección a la que aspiraba.

Queda visto que la CIDH parece haber navegado, con éxito, su segunda gran tempestad en poco tiempo. Debe, sin embargo, esperar otras. Los vientos que soplan en su contra no han amainado.

Mantener presión sobre ella es ciertamente una manera de intimidar a sus miembros..

TEMAS DE HOYActividad económicaCaso García BelsunceRoberto Gómez BolañosInseguridadCristina Kirchner