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Vivir (con miedo) en Colegiales

Opinión

Con mi familia elegimos el barrio hace casi cuatro años. Nos mudamos allí en busca de una mayor tranquilidad y calidad de vida. Casas bajas, poco movimiento de transporte público salvo en las grandes avenidas como Federico Lacroze, Alvarez Thomas, Elcano y Crámer, y la sensación de haber recuperado algo de ese ida y vuelta con los vecinos y comerciantes: saludar al carnicero de la cuadra por el nombre, comprar el queso en el local de la esquina y descansar en el supermercado chino para las compras del día son algunas de las cosas que nos alimentan el amor por Colegiales.

La ausencia de fuerzas de seguridad, sobre todo en horario nocturno, obligó a modificar las rutinas para ganar en tranquilidad

Pero hace ya unos meses empezamos a notar un cambio en el funcionamiento de la zona. La ausencia de fuerzas de seguridad, sobre todo en horario nocturno, obligó a modificar las rutinas para ganar en tranquilidad. Después de la medianoche es habitual escuchar el sonido de cristales rotos de los autos que permanecen en la calle y muchos locales cierran sus puertas porque sus dueños están cansados de los asaltos rápidos a punta de pistola. También forman parte del paisaje barrial los delivery de alcohol y las esquinas de dealers bien organizados.

Como para completar la escena, las obras del túnel de Lacroze y los pasos a nivel de emergencia que construyeron en Virrey Avilés y Olleros agregaron a Colegiales zonas oscuras, atoradas de máquinas y escombros, que son laberintos perfectos y funcionales al delito.

La vida de una persona honesta, trabajadora y con sueños por delante es lo que hay que proteger por encima de cualquier especulación electoral

Alguna vez le pregunté a un policía que custodia el frente de una radio de la zona por qué no se movía de su garita cuando lo llamaban ante un hecho ocurrido a una cuadra y me contestó sin inmutarse: "Qué querés, estoy solo, no puedo hacer nada".

La sensación que tenemos los vecinos es que Colegiales no es la excepción a la norma, pero que los delincuentes quieren dar un mensaje contundente: hasta el barrio más tranquilo de la Capital puede ser el blanco de la inseguridad. Por ausencia del Estado para garantizar la presencia policial, pero también por la incapacidad que tenemos los ciudadanos para levantar la voz y exigir que el pago de los impuestos se traslade a servicios públicos cada vez más eficientes. Porque este no es un tema para hacerse el distraído. Porque la vida de una persona honesta, trabajadora y con sueños por delante es lo que hay que proteger por encima de cualquier especulación electoral.

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