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Retiro: en el galpón donde estaba La Saladita ahora crece la villa 31

Buenos Aires

Unas 12 familias levantan casas de material en el predio en el que había una feria ilegal, desalojada por la Metropolitana hace un mes

Por   | LA NACION

 
 

"Bienvenidos al barrio San Martín. Calle 13. El que no corre, vuela", dice el cartel pintado sobre una chapa negra, colocado en una de las paredes del galpón, a modo de bienvenida. Hasta hace un mes, cuando fue desalojada por la Policía Metropolitana , allí funcionaba una feria ilegal, con venta de equipos electrónicos, juguetes, ropa, zapatillas y DVD . También había una veintena de puestos de comida.

Ahora, en el interior de lo que se conocía como La Saladita de Retiro, unas 12 familias construyen viviendas de material, expandiendo -una vez más- los límites de la villa 31. Allí pueden verse colchones desparramados en el piso, entre escombros, frazadas y sábanas colgadas en paredes a medio levantar.

La ropa se seca en las estructuras de hierro que pronto se transformarán en columnas de cemento; bolsas -muchas- de material y pilas de ladrillos huecos se reparten por todos lados. Entre andamios improvisados y bajo un altísimo techo de chapa corren, gritan, ríen y juegan una veintena de chicos.

Alrededor de 50 personas viven desde hace un mes en ese galpón, a metros de la avenida Ramos Mejía, en la calle 13, uno de los pasillos que conducen a la villa.

Esa "Saladita" fue desalojada el 9 de mayo pasado y clausurada por el Ministerio Público Fiscal de la ciudad. Ahora no hay puestos, pero sí muros que están siendo levantados por los ocupantes del lugar, para dividirlo en habitaciones.

Según cuentan, pretenden construir al menos doce espacios independientes. La Vecindad Peruana, como la llaman desde que ocuparon el lugar, crece. Y a pasos agigantados.

La fiscal con competencia penal, contravencional y de faltas de la ciudad, Verónica Guagnino, la misma que había ordenado el desalojo de La Saladita, requirió allanar el galpón para identificar a todos los que viven allí y determinar en qué condiciones de salubridad los hacen. Pero, según le dijo a LA NACION, la jueza Alejandra Dotti, que interviene en la causa, denegó su pedido.

A los ocupantes, según las mismas fuentes judiciales, todavía no se les puede imputar el delito de usurpación de propiedad privada. Por el momento sólo están infringiendo una contravención por "violación de la clausura", por entrar sin autorización en un predio que fue desalojado por orden judicial.

Mientras tanto, las familias del nuevo asentamiento (la mayoría de ellas alquilaban piezas en la Villa 31, según contaron los propios moradores del galpón en vías de subdivisión) denunciaron que fueron agredidas por efectivos de la Policía Federal el sábado y el domingo pasados.

Afirman haber recibido golpes y dicen que, incluso, hubo disparos de arma de fuego durante los forcejeos. Una demanda por esto ya fue presentada a la justicia porteña por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

Una oportunidad

"Acá vimos una oportunidad para entrar y nos metimos. Vivía gente de la calle, que fumaba paco, y era peligroso para los niños y las mujeres. Ahora sacamos a todos los fisuras ", dice Kendy, uno de los ocupantes, mientras hace una pausa para el almuerzo.

Las viandas se reparten entre estofado, guiso de lentejas y ceviche, la típica comida peruana. Algunas botellas de la gaseosa Chola de Oro acompañan la comida.

 

A su lado están otras dos personas que se identifican sólo como Ángel y Keñi, los "arquitectos" de la obra.

En el galpón donde funcionaba la feria irregular se levantan muros, se construyen cimientos y se colocan vigas de cemento. La mayoría de los hombres a cargo de la obra hacen changas en la construcción, mientras que las mujeres venden ropa en La Salada de Lomas de Zamora o trabajan por horas en casas de familia.

"La semana pasada no pudimos salir y perdimos nuestros trabajos", se lamenta Leónida, mientras cocina unas pocas verduras en agua. Detrás de ella, entre estantes con paquetes de fideos, latas de arroz y cajas, la pequeña Guadalupe duerme en un colchón, debajo de mantas y con un buzo de polar. Las chapas no logran frenar el frío casi invernal de los últimos días.

Las mujeres cuentan que entre el martes y el domingo de la semana pasada no pudieron salir del galpón porque efectivos de la Policía Federal custodiaban la entrada y la salida.

"Existió una orden del Ministerio Público Fiscal de mantener una custodia para evitar que ingresaran más personas", dijo Guagnino. Según explicó, "la usurpación se debe comprobar dentro del inmueble", como también cuál es el objetivo de las personas que ingresaron.

Los vecinos insisten en que hubo dos episodios violentos. "A mi hija la golpearon, nos tiraron balazos. Y hasta patearon a una señora embarazada", se quejó Marilú, otra de las mujeres que ocupan el galpón.

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires tomó intervención.

"No hay ningún propietario reclamando el lugar, tampoco existe delito. La fiscal fue muy tajante, cuando sabía que había una situación de conflicto latente con muchos chicos adentro", señaló la abogada Sol Blasco, del Área de Seguridad Ciudadana y Violencia Institucional de la Defensoría.

Ese organismo tiene en su poder las vainas servidas y los plomos entregados por los vecinos. Dicen que pertenecen a las armas de los policías que les habrían disparado a ellos. Junto con las actas y las declaraciones, fueron presentados como pruebas en la Justicia.

Blasco acusó: "La jueza no permitió que entrara la asistencia del programa Buenos Aires Presente [BAP]", el equipo de profesionales que brinda ayuda básica a personas en situación de calle.

Las acusaciones son cruzadas. Desde la fiscalía sostienen que en los enfrentamientos hubo tres policías con heridas en el rostro.

Además, dudan de que los ocupantes de la ex Saladita sean personas sin techo. "Hay una que es monotributista desde febrero de este año. Está inscripta en la AFIP en la categoría C, en venta de cosas muebles, con ingresos de hasta 36.000 pesos. Su domicilio es uno de la Villa 31", aportó Guagnino como ejemplo.

Mientras tanto, las casas construidas bajo el galpón siguen tomando forma. Las paredes crecen..

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