Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan

No es sólo rock and roll, y por eso me gusta

Opinión

Tal vez por estar al borde de su retiro, el editor alemán Michael Krüger (responsable, en su país, de la difusión de la obra de premios Nobel como Herta Müller, Orhan Pamuk, Derek Walcott y Tomas Tranströmer), del sello Carl Hanser Verlag, decidió sincerarse en una entrevista con Publishing Perspectives. Allí dijo lo que la mayoría de los buenos editores piensan pero por cortesía, buena educación o instinto de supervivencia deciden callar: "Existen dos clases de libros: los buenos y los malos. El que quiera puede leerlos en papel o en pantalla, me da igual. Pero lo que verdaderamente me vuelve loco es que la gente lea constantemente libros de segunda, los críticos alaben libros de tercera, y los libreros pongan los peores de todos en las vidrieras. Desde que la edición se convirtió en un mercado de masas la calidad de lo publicado cae cada vez más. ¡Pero todavía hay libros muy buenos en todos lados, en todos los países! El problema es que el público no llega a ellos. La gente piensa que con la digitalización es cada vez más fácil acceder a los buenos libros. Pero el problema es otro. ¡La mayoría de los lectores aman los libros malos! No tengo la menor idea de por qué las sociedades modernas han invertido millones y millones en educación, en escuelas y universidades, sólo para que terminemos por darnos cuenta de que son los libros más horribles los que generan mayor devoción entre el público". No hay razones lógicas para que la mayoría de los lectores decida gastar su dinero en libros malos (malas novelas, libros de cuentos pobres, ensayos débiles, investigaciones periodísticas pésimas y disparatadas divulgaciones históricas). Suelen estar, incluso, al lado de los buenos en las mesas de novedades. Y sin embargo, así están las cosas: en Alemania como en la Argentina.

No hay razones lógicas para que la mayoría de los lectores decida gastar su dinero en libros malos

Tal vez sea, en general, el destino de los buenos libros: pasar relativamente inadvertidos, hasta que más tarde (o tal vez nunca) alguien se encuentre con ellos. No sé cuántas reseñas o artículos habrán aparecido al día de hoy sobre el volumen 10 discos del rock nacional presentados por 10 escritores, y mi extrema pereza me impide acudir a la sabiduría del doctor Google. Lo que sé es que es un libro que, gracias al trabajo de los responsables de la compilación, logra hacer que un objeto a esta altura banalizado hasta el hartazgo (como la música rock) resulte interesante. No sorprende del todo porque los editores son Diego Esteras y Ezequiel Fanego, que al comando del sello editorial Caja Negra han editado libros exquisitos en materia literaria y ensayística (Céline, Ballard, Waters, Burroughs, Artaud, Godard), y dentro de la crítica musical pusieron a disposición de los lectores argentinos dos libros fundamentales del británico Simon Reynolds: Después del rock y Retromanía. Tampoco llama demasiado la atención que, viniendo de ellos, el encargo haya sido productivamente retorcido: se trataba de convocar a escritores, críticos y poetas, de quienes desconocíamos su afición por la música local, a que escribieran sobre su disco favorito del rock argentino.

¿Hay algo verdaderamente interesante para decir, a esta altura, sobre la música rock? ¿Se puede escribir sobre rock de una manera atractiva, personal, razonada, crítica, elegante, en fin, inteligente? El periodismo especializado que se practica mayormente en nuestro país no invita a hacerse demasiadas expectativas (si hay algo más insoportable que la jerga hermética, las operaciones y las bromas internas de los periodistas deportivos son las aspiraciones, la falsa camaradería y las ínfulas de los periodistas de rock). Primer acierto del libro, entonces: evitar a los periodistas, empezando por el título. Segundo acierto, todavía mayor: entender que el rock no es sólo la música rock, ni la cultura rock, ni mucho menos la industria del rock. Los editores lo dicen así: "Una característica clave del rock: si bien su núcleo es la música, siempre ha sido algo más que música. Es un fenómeno audiovisual, una forma de arte híbrida, espectáculo y mercancía, un sistema de rituales, una cultura". Tercera decisión fundamental, los diez nombres elegidos: Luis Chitarroni, Alan Courtis, Norberto Cambiasso, Ezequiel Alemián, Martín Gambarotta, Matías Serra Bradford, Lola Arias, Rafael Cippolini, Rosario Bléfari y Pablo Schanton. Si ninguno de estos nombres le dice nada, tal vez no haga falta que compre el libro: parte del juego está en ver precisamente sobre qué (o sobre quién) va a escribir cada uno de ellos.

Tal vez sea, en general, el destino de los buenos libros: pasar relativamente inadvertidos, hasta que más tarde (o tal vez nunca) alguien se encuentre con ellos

Recién después vienen las bandas elegidas: Almendra, Billy Bond, Riff, Miguel Abuelo, Los Brujos. Martín Gambarotta analiza cómo en el sonido y la lírica de Gulp!, de Los Redonditos de Ricota (publicado en 1985), está prefigurada la represión de la Policía Bonaerense heredada de la dictadura militar, el ocaso de la primavera alfonsinista y el clima generalizado de estupidez y cinismo que allanó el camino a la década menemista. Lola Arias descubre el vínculo que existe entre el primer disco de rock que escuchó en su vida (Dulce Navidad, de Attaque 77) y la misoginia y la tristeza que caracteriza al tango. Serra Bradford vuelve al recital de Sumo en el que asistió a la presentación de After Chabón, y escribe una autobiografía musical con la que construye un museo de su propia juventud, repone la expectativa por las vidas no vividas y prueba, como sucede con la literatura, que el sonido rock es sobre todo el resultado de la historia de las influencias cruzadas y el procesamiento personal de una tradición. Pablo Schanton explica, con una contundencia y una erudición que demuestra cómo se puede escribir sobre rock desde el rock mismo, por qué Babasónicos es el único grupo verdaderamente grande que existió en la Argentina después de la disolución de Los Redondos, hace ya más de una década. Hay textos analíticos, reflexivos, hermenéuticos y experienciales. Hay algunos más elaborados, y otros más viscerales. Lo que importa es que la intención original de cruzar territorios, de difuminar ciertas fronteras, logra su cometido: ni más ni menos que hacer que una buena idea se materialice en un libro atractivo. Cosa que, como vimos más arriba, por estos días no abunda..

TEMAS DE HOYEl caso de Lázaro BáezCristina KirchnerElecciones 2015SuperclásicoConsejo de la Magistratura