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Hacia un nuevo balance de poder

Domingo 23 de junio de 2013
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PARA LA NACION

Habrá que esperar hasta el escrutinio de la noche del próximo 27 de octubre para comprender la magnitud efectiva de los cambios que la sociedad argentina finalmente determinará en el mapa institucional del país. Sin embargo, la decisión de Sergio Massa de encabezar la lista del Frente Renovador Peronista constituye un desafío formidable al ya menguado poder presidencial: emerge en el principal distrito del país un liderazgo diferente, encabezando una coalición amplia con indiscutida base peronista y territorial. Favorito en las encuestas y con una envidiable instalación en el conjunto de la opinión pública, incluso a nivel nacional, el intendente de Tigre es hasta ahora un candidato con características muy particulares, capaz de conseguir apoyos en prácticamente todos los sectores sociales, con independencia de sus orientaciones ideológicas o partidarias.

Puede argumentarse que en el calor de la campaña, Massa deberá definirse sobre temas cruciales de la agenda actual y que, de ese modo, inevitablemente experimentará algún costo político -hasta ahora hizo gala de una gran habilidad para las declaraciones ambiguas-. Pero es importante señalar que en su afán por aparecer como parte de "lo nuevo", Massa parece paradójicamente reproducir las viejas recetas de la "transversalidad" y la "coalición plural" que inspiraron al matrimonio Kirchner hasta la crisis con el campo. Fue entonces que se precipitó el giro autoritario y populista que, profundizado con el triunfo de 2011, caracteriza al Gobierno.

Así, Sergio Massa parece haber desempolvado el libreto que le permitió a Néstor Kirchner afirmarse en 2005 y consolidar su poder en 2007: conformando una lista diversa con dirigentes con variadas trayectorias profesionales y personales. Pone de ese modo de manifiesto la magnitud del daño autoinfligido que con perseverancia y obstinación se ocasionó el Gobierno. Abandonar al votante medio para intentar seducir a una minoría constituye una estrategia que sólo se entiende si la Presidenta ya tomó plena conciencia de que no seguirá en el poder luego de 2015 y pretende aguantar con un apoyo limitado pero homogéneo el desagradable período en el que se le licuará su poder.

Los espacios vacíos en política en algún momento se llenan. Sergio Massa tiene ahora la gran oportunidad de consolidarse como uno de los dirigentes políticos más importantes de la Argentina. Pero de estas elecciones surgirán también otras figuras. Puede que el espacio socialdemócrata se fortalezca gracias a las buenas elecciones que seguramente harán sus candidatos, sobre todo en Santa Fe, Córdoba, la Capital y, potencialmente, la provincia de Buenos Aires. El oficialismo sufrirá una relevante pérdida relativa de votos respecto de 2011, pero está por ahora en condiciones de hacer una elección mejor que la de 2009. El Pro y las distintas expresiones del peronismo tradicional, donde el sindicalismo jugará un papel importante, contarán también con un apoyo considerable en algunos distritos.

En síntesis, estas elecciones de mitad de mandato definirán el nuevo equilibrio de poder. Y con los interrogantes naturales que tenemos a esta altura, dos cosas parecen seguras: Sergio Massa aparece como uno de los protagonistas centrales de estos comicios, con chances de consolidar su liderazgo en el nivel nacional. Y, en gran parte por esto mismo, Cristina Kirchner no podrá ocultar que tiene ahora un volumen más acotado de votos, única verdad política que considera legítima y relevante.

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