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Pensamientos Incorrectos

El sexo del siglo XXI

Opinión

No vamos a descubrir ninguna novedad. Todo está cambiando a una velocidad inusitada, en materia de tecnología, trabajo, transportes, costumbres, vínculos familiares, y sobre todo en la cuestión sexo.

Hay algunas cosas indiscutibles. Por ejemplo: la homosexualidad es parte de la naturaleza humana. Siempre existió, en todos los tiempos y culturas, desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, desde el imperio incaico hasta la era espacial. Los homosexuales varones y mujeres han sido perseguidos y marginados, en algún tiempo, y en otra época tolerados, consentidos, aceptados bajo un manto de discreción. En algún caso histórico, hasta se los ha santificado, pues entre los indios de América el hombre-mujer estaba destinado a cumplir funciones religiosas, como chamán o asistente -digamos, monaguillo- del médico-brujo.

En general, la sociedad humana se ha inclinado siempre por proteger a la familia basada en una pareja heterosexual (que agrupa a una media del 90 % de los individuos) porque garantiza la paternidad originaria de los menores y protege a la madre, criterio razonable en tiempos en que una pareja criaba, por ejemplo, veinte hijos.

Hoy día, el beso es sólo el principio, y a veces ni siquiera eso: es un juego, un pequeño placer aleatorio, una cosquilla sin compromisos

De cualquier modo, no puede establecerse un valor absoluto para todos los tiempos. La moral se origina en las costumbres (del latín mos-moris, hábito) de modo que ha cambiado con los siglos y seguirá haciéndolo. Por ejemplo: en otras épocas, un beso en la boca representaba la consagración emocional de una pareja, casi como un acto sexual. Quitemos el "casi". El beso era un acto sexual y cuando las bocas entraban en contacto la pantalla del cine mostraba el letrero "The End". Era el fin. Lo que venía después, constituía cuestión privada y no debía enseñarse al público. Hoy día, el beso es sólo el principio, y a veces ni siquiera eso: es un juego, un pequeño placer aleatorio, una cosquilla sin compromisos. Un cambio enorme, del que ni siquiera nos hemos percatado.

Los cambios en el mundo de la caricia pueden apreciarse mejor si observamos las danzas nativas criollas: el gato, la zamba, la chacarera, la cueca. Aquella gente criolla antigua era tan pudorosa que el hombre sólo tocaba a la mujer -durante el baile- por intermedio de un pañuelo. Compárese aquella humanidad con la que hoy se amontona en una bailanta de barrio, y en las esquinas de los alrededores. Nada que ver.

Entre los cambios más alucinantes debemos mencionar a los niños transexuales. Es decir, aquellos chiquitos que desde bebes (un año o poco más) eligen comportarse como si pertenecieran al sexo opuesto. Nenas que quieren ser varones, y varones que deciden ser nenas. Hoy día, los padres les siguen la corriente y apoyan sus opciones, así como antes las reprimían. Exigen el soporte de la ley y la escuela. Lo obtienen. Y entonces ocurre, por ejemplo, lo siguiente: una chica transexual de seis años ganó un juicio y desde ahora podrá utilizar el baño de mujeres en su escuela de Colorado, USA. El juicio marcará, según aseguran los expertos, un precedente importante.

Entre los cambios más alucinantes debemos mencionar a los niños transexuales

La decisión fue adoptada por la División de Derechos Civiles de Colorado, el domingo pasado, porque existía una situación de hostilidad hacia Coy Mathis. Steven Chavez, el director de la división, aseguró que, al desautorizar el baño de mujeres para Coy, se creaba un ambiente que daba lugar al acoso. En el retrete de varones, la niña era molestada.

Coy Mathis nació varón, pero se identificó con el género femenino desde el año y medio. Atención: el niñito que decidía ser mujer todavía no sabía leer y escribir, ni había bailado o besado al otro sexo, ni imaginaba lo que era un orgasmo. Estamos hablando de una criatura de 18 meses.

Los padres, Kathryn y Jeremy, llenaron la orden donde se quejaban de la prohibición del colegio, que hoy quedó en el pasado. Hasta ese momento, Coy, que tiene identificación femenina del Estado, no había tenido problemas para usar ningún baño femenino.

A los cuatro años, un psicólogo determinó que Coy era transexual, y sus padres le permitieron ser quien quisiera. ¿Y si no lo permitían? ¿Si le exigían comportarse como un hombre, tal como aparentemente lo había hecho Dios? ¿Qué hubiera sucedido? No lo sabemos.

Otra noticia: Karina Villaruel, mujer policía cordobesa, solicitó los 180 días de licencia por maternidad tras el embarazo de su pareja Soledad Ortiz, y espera lograr un nuevo precedente luego de convertirse en una de las primeras policías del país en celebrar un matrimonio igualitario.

Ortiz quedó embarazada, por inseminación artificial, a fines de mayo y ahora su pareja, Villaruel, pidió que se contemplara la ley provincial 9.905, que otorga licencias por maternidad, aunque no sea ella quien dé a luz.

La norma, sancionada en Córdoba en febrero de 2011, indica que "las o los agentes -según corresponda- dependientes de los tres poderes del Estado provincial (...), gozarán de: a) licencia por maternidad de 180 días corridos, o b) licencia por nacimiento de hijo de ocho días corridos".

El inciso "a" correspondería a las madres y el "b" a sus parejas, por lo que Karina Villaruel sólo tendría los ocho días del caso, aunque en la promulgación se establece que, en matrimonios igualitarios, para la madre biológica rige el mismo derecho que para la madre heterosexual.

En declaraciones a La Voz del Interior, la abogada de Villaruel, Verónica Camacho, indicó: "Le corresponden los 180 días de licencia. Aunque en la ley no figure la palabra 'madre', son dos madres y tiene los mismos derechos en relación con licencias, asistencia y demás".

Existe un concepto inclusivo del parto, en el sentido de que el papá debe estar involucrado en el hecho, y no sólo fumar en el pasillo

A diferencia de la norma cordobesa, a nivel nacional, el artículo 177 de la Ley de Contratos de Trabajo otorga sólo a las embarazadas una licencia de tres meses con goce de sueldo: en el caso de una pareja de lesbianas, es sólo la cónyuge embarazada la que accede a ese derecho.

Nuestro humilde sentido común dice: la ley ampara a la familia. Presupone que, en toda familia, hay un miembro consagrado a trabajar (el varón) y otro dedicado a parir hijos, obviamente la mujer. El embarazo es un acontecimiento que la sociedad protege y fomenta, por eso se establecen licencias de 180 días por maternidad para las parturientas, y sólo una semana para sus cónyuges, sean varones o hembras. En los últimos tiempos, existe un concepto "inclusivo" del parto, en el sentido de que el papá debe estar involucrado en el hecho, y no sólo fumar en el pasillo. Por esto, según los países y las empresas, se contemplan licencias más generosas para los padres varones. Pero esta tendencia debe compaginarse con la necesidad económica del conjunto: es preciso que los empleados produzcan todos los días, para que la sociedad no caiga en déficit crónico.

La aceptación del matrimonio homosexual abre la puerta a una cantidad de consecuencias legales, laborales, productivas, familiares. ¿Habrán sido estudiadas con mirada económica, o sólo como una forma más de la igualdad?

Tal vez no se tuvo en cuenta que, cada día y en toda familia, alguien tiene que trabajar. Buena consigna para un pensamiento incorrecto: alguien tiene que trabajar..

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