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Hábitos

El triunfo del antidomingo

Sábado

Para alejar la depresión asociada al último día del fin de semana, cada vez más gente organiza salidas y disfruta de nuevas propuestas, en pareja o con amigos

Por   | LA NACION

"Salir a cenar temprano es una idea que propuso mi novia y resultó ser una buena alternativa para cortar la onda bajonera del domingo", cuenta Pablo Andino, de 31 años, que trabaja en el área de ventas de una empresa de tecnología. Hace un par de meses, Pablo descubrió el restaurantegalería de arte AntiDomingo, en Saavedra, y desde entonces esa salida se convirtió en rutina, una feliz rutina. "Vuelvo a casa a la 11, después de haber comido rico, de haber visto bandas, sin tanta preocupación por lo que me espera el lunes. Me agrega una sonrisa al comienzo de la semana", asegura Pablo.

#antidomingo. En Twitter, ese hashtag permite recorrer a golpe de scroll un sinfín de imágenes, anécdotas y planes que bosquejan los múltiples recorridos y puntos de encuentro que hoy reúnen a un número cada vez mayor de personas que consideran que el domingo no está hecho para deprimirse. Que sienten que la inminencia del lunes no es excusa para entregarse al tedio de la televisión dominguera; que piensan que siempre hay algo nuevo por hacer, por descubrir o por repetir justo allí, en esa zona muer-ta que era hasta no hace mucho tiempo la antesala de la semana laboral, y en la que ahora uno puede hallar propuestas sociales, culturales y gastronómicas de todo tipo.

Salir a tomar el té, a cenar o a tomar unos tragos; ir a un recital, a un museo o al teatro; juntarse con amigos, ir al gimnasio o salir a correr en equipo. La multiplicación de ofertas no responde sólo a un público ávido por voluntad propia a escaparle a la depre del domingo, sino también a un contexto en el que el domingo ya no está atado a la mesa de la familia grande, y en el que ni siquiera el fútbol -espectáculo deportivo hoy dispersado en distintos horarios y días- puede arrogarse algún tipo de exclusividad. Todos esos elementos confluyen en un cambio de hábitos que convierte al tramo final del fin de semana en terreno fértil para el disfrute y el ocio.

"A nadie le gustan las últimas horas del domingo, pero salir con amigos, con la familia o hacer deporte funcionan como una especie de antídoto contra el bajón del domingo a la tarde, que suele producirse cuando uno se queda en casa", opina Carolina Vairo, psiquiatra, mientras comparte una tarde del domingo con dos amigas en un Tea Connection, en Belgrano. Allí la propuesta antidomingo se llama "Té para 2 [bueno, casi una cena]", disponible entre las 16 y las 20 horas.

"Pensamos que la mejor manera de pasar un domingo era con un encuentro relajado, una buena charla con una taza de té en mano.

"Así define Pablo Lorenzo, de 37 años, fundador de Tea Connection, el espíritu de la propuesta, una de las que más éxito ha tenido en esa cadena de casas de té.

"El domingo es un buen día para juntarse con amigos", asegura Florencia Tagino, redactora de la revista DMAG, desde el living de The Club House, un club privado que funciona en una antigua casa de Palermo, ahora equipada con pileta, pool y carta gourmet. "Los domingos vienen a The Club House nuestros socios con sus amigos y invitados", cuenta Leentje Michiels, mánager de este club con membresía al que sólo se accede tras aplicar online y luego superar una entrevista personal. ¿Cuáles son las actividades típicas de un domingo? "Un brunch de pasos, acompañado por música en vivo y tardes de película y, en verano, pool party con DJ y asado.

""Éste es un club social donde me encuentro con amigos: venimos a comer, a tomar algo, a ver muestras de arte y, en el verano, a usar la pileta, pero el fin es siempre el mismo: un punto de reunión con amigos", cuenta Florencia, y subraya: "Cuando te juntás un domingo, es más tranquilo que cuando lo hacés un sábado; no hay apuro, es más distendido y cerrás el fin de semana".

"Con una sonrisa...", agregaría Soledad Risso, de 32 años. El plan antidomingo de esta ejecutiva de cuentas de la consultora Identia es el teatro under. "Hay una movida muy interesante en Martínez, que arranca después de las 22 y que termina antes de la una, con una compañía que se llama Varieté sin Fronteras, que todos los domingos hace una obra distinta", cuenta Soledad, que desde hace unos meses no se pierde casi ninguna de las representaciones que se realizan en un simple salón de fiestas adaptado para la ocasión, ante una audiencia de un par de cientos que miran la obra sentados en el piso.

"Antes me pasaba que me quedaba el domingo en casa, navegando en Facebook o mirando una película, pensando que al día siguiente arrancaba todo de nuevo -recuerda-. Ahora arranco el lunes acordándome de lo que me reí el domingo a la noche y lo bien que lo pasé; empiezo la semana con más pilas, quizá con un poquito de sueño, pero vale la pena. Priorizo ese plus de alegría a dormir una hora más.

"Hay quienes dicen que el domingo está hecho para deprimirse, y en eso hay algo de verdad. "A nivel mundial, y en particular en las grandes ciudades, hay múltiples evidencias de la llamada depresión del domingo por la tarde", afirma Roberto Sivak, docente de Salud Mental de la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Los motivos son de tipo psicosocial y cultural, y se asocian a la dificultad de retomar las obligaciones laborales o académicas luego del descanso de fin de semana -precisa el psicoanalista y psiquiatra-. El domingo cierra la semana y preludia una nueva, y puede llevar a balances sobre la satisfacción con la calidad de vida, los logros, las decepciones o encarar trabajos o actividades que no colman adecuadamente las expectativas.

"El domingo, advierte Roberto, "pone a prueba cierto aislamiento muy común en las grandes ciudades. Es fundamental recrear el domingo y encontrar nuevas perspectivas: salidas, visitas a familiares, acordar reencuentros con amigos. El domingo no tiene por qué ser sinónimo de depresión. Es la oportunidad para la reflexión y la reelaboración del proyecto de la propia vida. También la oportunidad para la solidaridad: si me muevo y me reúno con otro que está algo solo, son los dos los que se protegen de la depresión".

Eso, eso es #antidomingo. "El secreto está en juntarte con gente con la que te sentís bien y con la que encontrás un actividad en común", afirma María Arcana, coreógrafa del grupo de acrobacia Arcana, que todos los domingos se reúne con los demás integrantes de esa compañía alrededor de una tablet y una esperada canasta repleta de golosinas, para una tarde de karaoke, películas bizarras de los 80 y juegos de mesa. "La idea de reunirnos surgió porque el domingo es un día un poco bajón, en el que una a veces no sabe qué hacer y se aburre; el juntarnos y organizar la tarde en torno a actividades que nos divierten, nos permite irnos a dormir contentos y despertarnos el lunes con pilas."

Adiós a la mesa dominguera

La primera grieta en la pared del domingo la abrió el brunch, que no sólo puso en duda la distinción entre desayuno y almuerzo, sino que abrió una vía de escape a la mesa domiguera modelo familiar. "Los domingos en La Panadería de Pablo son de fiesta: el brunch se convierte en un lugar dinámico, descontracturado y familiar, donde converge un público que incluye a turistas y jóvenes que vienen de un fin de semana movido, con familias que quieren salir a pasear el fin de semana y hacer una salida divertida y diferente", describe Guadalupe García Mosqueda, socia de La Panadería de Pablo, en San Telmo.

Esa búsqueda de un escenario distinto para el almuerzo es el germen, y a veces la antesala, del antidomintapago. Hoy no son pocos los restaurantes que con un espíritu descontracturado ofrecen una atractiva alternativa a la mesa familiar. "Desde el mediodía y hasta las 16, el restaurante recibe a mucha gente de la zona, de entre 30 y 40 años, y un poco más, que es habitué y que viene en busca de una mesa junto al ventanal que da al jardín, aquí, en pleno centro", afirma Julia Imás, del restaurante con acento italiano Circolo Massimo, en Recoleta.

En bandas horarias bastante poco diferenciadas, a veces incluso superpuestas, transcurre la tarde del domingo, en la que se multiplican ofertas deportivas, sociales, culturales. "Hace dos años que arrancamos con una programación musical para los domingos a la tarde, alrededor de las 19, y descubrimos que hay un público genuino propio de este día, que no depende de cuál sea el intérprete, pero que viene, pues está ávido de propuestas de este tipo", comenta Francisco Offenhenden, director de DAIN Usina Cultural, en Palermo.

"El domingo es un día de oportunidades, ya que existe una predisposición a pasarlo bien", opina Mariano Maldonado, director de marketing del grupo Campari, que en el verano último llevó adelante un ciclo de encuentros al aire libre, con DJ y músicos en vivo, y en el que la respuesta superó las expectativas.Esa avidez de disfrute fue la que halló Daniel Alos, cuando hace ya más de diez años comenzó a dar forma a lo que hoy es el restaurante-galería de arte AntiDomingo. "Todo empezó tímidamente, entre amigos, a los que invitábamos a una muestra de arte acompañada de shows musicales los domingos, y que con el tiempo fue creciendo en función de una demanda cada vez mayor", cuenta Daniel, de 47 años.

La salida poscena también es parte del antidomingo, como confirma Martín Auzmendi, periodista de 36 años, que transitó el último tramo del domingo pasado entre las barras de Pony Line, en Recoleta, y Verne Club, en Palermo. "Hacer algo gratificante y salir temprano me divierte, cambia la energía del domingo."



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