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El maquinista de la tragedia: "Yo no soy un conductor suicida"

Buenos Aires

Daniel López se desempeña como motorman en el Sarmiento desde hace 29 años; "Para proteger vidas necesito frenos, no cámaras de video", dice

Por   | LA NACION

Daniel López, el maquinista del tren de la línea Sarmiento que impactó contra otro en Castelar hace tres semanas, rompió el silencio. Al igual que lo hizo ante la Justicia, que investiga si un error del motorman provocó el accidente con tres muertos, reiteró ante LA NACION que los frenos no funcionaron y por eso no pudo respetar las señales de precaución y mucho menos detener al Chapa 1 al avistar otra formación en las vías. "No estaba alcoholizado, no estaba dormido, ni soy un conductor suicida. Hice todo lo posible por frenar, pero el tren no me respondió. Cuando vi que la colisión era inevitable, me encomendé a Dios", relató este hombre de 52 años, viudo y padre de cuatro hijas, con las que vive en Merlo.

-¿Cuántos años hace que es maquinista de trenes?

-Ingresé en el ferrocarril en 1982, y empecé a manejar trenes dos años más tarde, después de la capacitación correspondiente.

-¿Por qué eligió trabajar en los ferrocarriles? ¿Le venía de familia?

-Sí, mi padre trabajaba allí, pero no era conductor.

-En estos 29 años como maquinista, ¿alguna vez le habían fallado los frenos?

-No, la verdad que no. Fue ésta la primera vez. Tenemos otros problemas: hace 20 años que pedimos que nos pongan ventiladores de techo en las cabinas, tenemos filtraciones de agua y de frío, los vidrios se empañan frecuentemente y no vemos bien. Arriesgamos la vida todos los días.

-¿El viaje del accidente fue el primero que realizaba ese día?

-Era el segundo trayecto. Yo saqué esa mañana el Chapa 1 del depósito con un certificado de listo [listo para salir a las vías], era la primera vez que lo manejaba después del arreglo que le habían hecho. Viajé hasta Once y luego volví a salir desde Once en un servicio rápido.

-¿El tren no falló antes del choque en ningún momento?

-Al principio no me acordaba, pero sí, cuando estaba yendo hacia Once el equipo [el tren] se quedó "agarrado", como decimos nosotros, o sea, frenado. Pero enseguida reaccionó.

De regreso pude frenar bien en Flores, Liniers y Morón, las tres paradas previas del servicio rápido.

-¿Es cierto que, como se ve en un video, violó semáforos que indicaban precaución, primero, y luego detenerse?

-¡Los violé porque los frenos no me respondían! Ya cuando quise bajar la velocidad por el primer semáforo, el freno no me respondió. Frené otra vez, y seguía sin responder. Cuando veo el tren detenido adelante, intenté frenar por todos los medios. En un momento, me di cuenta de que la colisión era inevitable, entonces intenté accionar el freno de emergencia, para que por lo menos se amortiguara el impacto, pero tampoco respondió. Cuando ya no podía hacer más nada, me corrí hacia un costado y me encomendé a Dios.

-¿A cuántos metros estaba del otro tren cuando lo vio?

-No lo sé, yo estaba concentrado en los controles intentando detener mi equipo, desesperado. No estoy seguro. Toda la maniobra no duró más de un minuto.

-¿Cuando violó los semáforos el sistema le pidió que dijera que estaba bien a través del mecanismo llamado "hombre vivo"?

-No, el mecanismo lo vamos activando permanentemente todo el viaje, todos los viajes. Prueba de que yo no estaba dormido el día del accidente es que mantuve activo el "hombre vivo" siempre, hasta el choque.

-¿No estaba alcoholizado?

-No, y no lo dijo yo, los controles de alcoholemia previos a mi entrada en servicio y posteriores al accidente dieron negativo. Tampoco estoy loco, ni me quise matar; ¿me agarró la locura de golpe en Morón? Es absurdo. Mi propia familia viaja en el Sarmiento: mi hija viajó en el tren que chocó en Once, pero se bajó una estación antes. De Marcos Córdoba, el maquinista de esa tragedia, dijeron que no tenía experiencia, pero yo tengo experiencia.

-¿Cómo se sintió cuando supo que había tres muertos?

-Tardé en enterarme. Por el choque, quedé atrapado en la cabina. Escuchaba gritos. Cuando logré liberarme, me tiré a las vías. Me chorreaba sangre de la cabeza, me dolía el pecho, tuve golpes en la columna y las rodillas. Estaba en shock. Rumbee para la base a pedir ayuda. Me trasladaron a una clínica en Morón y ahí me incomunicaron. Me enteré de los fallecidos al hablar con mi abogada, antes de declarar ante el juez.

-¿Y cómo se sintió?

-Me sentí muy mal. Yo voy a la iglesia evangélica y respeto mucho el valor de la vida. Ayudo a niños con carencias en Moreno; durante mucho tiempo los atendí con mi mujer y ahora sigo solo. Los últimos sábados no pude ir.

-¿Qué piensa de la colocación de cámaras en las cabinas?

-No me molestan, pero no van a ayudar a salvar vidas. Para proteger las vidas necesito frenos, no cámaras de video..

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