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Windows 8.1, un alivio para los que usan PC

Tecnología
 
 

Cuando reseñé Windows 8, en noviembre, mi impresión general fue positiva. Pero como llevo más de 20 años probando sistemas operativos aclaré que los problemas de usabilidad suelen tardar en manifestarse y que llevaría semanas hasta que pudiera darle un visto bueno más categórico. Ese visto bueno nunca llegó.

Con el uso diario noté que su doble personalidad me resultaba confusa, al menos en PC. Me encontré muchas veces mirando la pantalla y tratando de recordar dónde era que estaba esto o aquello.

A la confusión se le sumó otro problema. Windows 8 me cansa. Hay que dar demasiadas vueltas para hacer cada cosa. Windows 7 ya imponía este obstáculo, pero el 8 vino a añadir todo un nuevo zoológico de menús y cuadros de diálogo. Daré un ejemplo.

Uso muchos atajos de teclado, porque son más rápidos para disparar aplicaciones que el mouse. Ahí descubrí que, muy a pesar de que el Menú Inicio nunca fue santo de mi devoción, ofrecía la posibilidad de asignarles atajos de teclado a las aplicaciones y documentos, y con sólo tres clics. En Windows 8, que no tiene Menú Inicio, encontré, con alegría, que los íconos en la barra de herramientas permiten (igual que en XP, sólo que en XP esto no funciona) la posibilidad de asignar atajos. Por supuesto, tampoco en Windows 8, a pesar de pedirme permisos de administrador para aceptar la nueva configuración, los atajos de teclado asignados desde la barra de herramientas funcionaron. Herencia de XP, claramente.

Tras rebuscar un rato encontré que en Windows 8 el camino para crear atajos para disparar acciones (abrir programas y documentos, acceder a dispositivos) estaba también en la pantalla Inicio. Coherente, sí, pero laberíntico. Hay que ir a la barra Charm (Windows+C), abrir el buscador, encontrar el programa, documento o dispositivo, darle con el botón derecho, apretar Abrir ubicación del archivo y luego darle con el botón derecho de nuevo al atajo (que aparece en una ventana convencional de Windows, permítaseme notar), abrir sus Propiedades y asignar el atajo en la caja Tecla de método abreviado, presionar Aceptar y después Continuar para dar permiso de Administrador. Nueve pasos en total. Agotador.

Como no tenía ni la menor intención de someterme a semejante delirio, busqué una solución alternativa. Abrí la ubicación de los accesos directos de la pantalla Inicio (están en el disco de arranque, en la ruta: \ProgramData\Microsoft\Windows\Start Menu ) y resolví el asunto en 2 minutos. Pero, ¿había necesidad de diseñar un método tan a contrapelo?

Ocho y medio

El 26 de junio Microsoft puso en manos del público una versión preliminar sin cargo de la primera gran actualización para sus ventanas, esto es, Windows 8.1, que instalé ese mismo día. Está originalmente en inglés, pero ya existe el paquete de idiomas para pasarlo al español. Dada su condición de preliminar, lo que sigue es menos una reseña que un primer acercamiento. Cuando salga la versión final, en octubre, la actualización a 8.1 seguirá siendo gratis para los usuarios de Windows 8; aparecerá como un upgrade más para el sistema.

 
 
Y sí, previsiblemente, con Windows 8.1 ha vuelto el Botón Inicio.

Está bien, el clamor era tal que sólo faltaba que hordas de orcos asediaran la sede de Redmond al grito de ¡Liberen al Botón Inicio! Así que se entiende que lo hayan restaurado. Lo que no se entiende es que lo hayan eliminado en primer lugar.

Sin embargo, al igual que casi todo en Windows 8, el resucitado Botón Inicio de la versión 8.1 tiene doble personalidad. Diré más: mientras que Windows 8 no tenía ningún Botón Inicio, ¡Windows 8.1 tiene dos!

Si le damos clic con el botón primario del mouse, nos lleva a la pantalla Inicio. Es igual que apretar la tecla con el logo de Windows (la que está entre Ctrl y Alt, a la izquierda de la barra espaciadora). Puesto que la pantalla Inicio también cambió y ahora incluye el listado de todas las aplicaciones instaladas (hay una flechita que lleva allí, abajo a la izquierda), ¡hemos vuelto al Menú Inicio> Programas de XP! Un amontonamiento de íconos, en suma.

Una buena noticia, no obstante: todos estos íconos se pueden ordenar por nombre, fecha de instalación, categoría y los más usados. Eso ayuda bastante.

Por otro lado, si al nuevo Inicio le damos clic con el botón secundario se despliega un menú con opciones muy prácticas. Por ejemplo, ahora es posible apagar el equipo en un par de clics, y no con los 4 que hacían falta antes.

Entre las alternativas que se despliegan con el botón secundario del mouse sobre el nuevo Botón Inicio están:

  • Programas y características, antes conocido como Agregar o quitar programas.
  • Opciones de energía.
  • Administrador de dispositivos.
  • Conexiones de red.
  • Explorador de archivos (antes llamado Explorador de Windows).
  • Administración de discos y de equipos.
  • Ejecutar (equivalente a Windows+R).
  • Mostrar el Escritorio.

Y, además, ¡por fin!, un acceso directo al Panel de control. Al original, quiero decir.

Con este menú Microsoft intenta limar no sólo las asperezas de Windows 8, sino también las del 7. Cuando se hace clic en Conexiones de red, por ejemplo, no lleva al esotérico Centro de redes y recursos compartidos, sino al clásico, directo y sencillo método de Windows XP: una carpeta con las interfaces de red, y ya.

Lo mismo ocurre con las otras opciones. Es una vuelta a XP con la estética de Windows 8. Se accede a este menú también mediante el atajo Windows+X, qué casualidad.

Perdón, pero ese es mi escritorio

En la reseña de noviembre mencioné un truco para que, al arrancar, Windows 8 fuera directo al Escritorio en lugar de a la pantalla Inicio (bonita, pero mayormente inútil en PC). Ahora, con Windows 8.1, Microsoft integró esta opción al sistema. Obvio. Podrán anunciar la muerte de la PC hasta mañana, pero mientras tanto la producción de bienes y servicios depende, en el mundo industrializado, de las computadoras de escritorio y notebooks. Ergo, también las quejas por no poder arrancar directo al Escritorio llegaron hasta los sistemas solares más cercanos y Microsoft tuvo que hacer otra concesión. Ahora uno decide si quiere arrancar al Escritorio o, en una tablet, ir a la pantalla Inicio.

Para eso hay que hacer clic sobre la barra de tareas con el botón derecho, elegir Propiedades, ir a la pestaña Navegación y poner un tilde en la opción Ir al Escritorio en lugar de a Inicio al iniciar sesión. Un problema de usabilidad menos.

En rigor, Windows 8 debería tener un Gran Interruptor para alternar entre el modo tablet y el modo PC, y listo. El año último se despacharon más de 350 millones de computadoras personales y en el primer trimestre de este año ya van 76 millones. Es cierto, por primera vez en su historia, el mercado de la PC se contraerá un poco en 2013, pero sigue siendo inmenso y, además, es el que mantiene en pie al gigante fundado por Bill Gates. ¿No tendría más sentido que Microsoft mantuviera a esos clientes confortables con sus teclados y ratones, y que ellos decidieran si quieren usar sus dispositivos como PC o como tablet?

Es lo que hace la competencia, dicho sea de paso. Apple, sabiamente, tiene ese interruptor implementado bajo la forma de dos versiones diferentes de su sistema operativo, una para tablets y móviles (y el Apple TV) y otra para computadoras y notebooks. Ubuntu apuesta a Unity, que no sólo no sufre de doble personalidad y anda bien tanto en modo tablet cuanto con mouse y teclado, sino que además en Linux podemos cambiar de Escritorio como de camisa.

El principal problema de Windows 8 es que uno echa de menos que la PC sea, bueno, una PC. Si tu trabajo te exige usar teclado y mouse todo el día, esto resulta muy irritante.

Está en los detalles

Ya lo sé, parece mentira que sigamos dando vueltas en torno del Menú Inicio y la forma en que la computadora arranca. ¡A esta altura! Sí, pero este es el motivo por el que Apple ha sido siempre tan extraordinariamente cautelosa en el momento de modificar sus interfaces. Tardó 22 años en agregarle más botones al único que sus ratones procuraban, y cuando lo hizo, con el Mighty Mouse, produjo un instrumento inigualable. Esta cautela no es porque sí. Es porque la usabilidad está hecha de detalles.

Cuando Motorola cambió de posición los botones de llamar y cortar en algunos de sus celulares produjo algo así como una segunda Revolución Francesa. Era una pavada. Un detalle. Pero resulta que millones de personas ya se habían acostumbrado a no mirar el botón para llamar o cortar. Simplemente, sabían dónde estaban.

Podés cambiar todo el concepto de la interfaz, como hizo Ubuntu con Unity, pero no podés eliminar el Botón Inicio. Es así de simple. Microsoft debería saber esto, pero está claro, sobre todo después de la nueva reorganización que divulgó el jueves , que la compañía ha pasado por un largo lustro de desconcierto ante el tsunami de la movilidad.

Bajo control

Hay en el 8.1 otras cosas, además del Botón Inicio y sus dos menús. Algunas son casi igual de interesantes.

El paupérrimo panel de control de la versión táctil (llamado Cambiar configuración de PC) ahora empieza a cobrar vida y a servir para lo que fue concebido. Para los usuarios de tablets basadas en Windows 8, es un gran avance. Para los que usamos PC, también, porque algunas funciones del Panel de control tradicional llevan a este otro centro de ajustes.

Otra buena noticia: SkyDrive está integrado a Windows ahora. Si lo hacen Apple y Ubuntu, nunca entendí cómo Windows no traía puesto de fábrica su SkyDrive con muchas y buenas opciones de sincronización. Finalmente, lo implementaron, y es una de las mejores novedades de esta actualización. Los 7 gigabytes de almacenamiento en línea de Microsoft tienen a partir de este momento más posibilidades de competir con las nubes de Google, Apple, Dropbox e, incluso, Ubuntu.

Microsoft modificó también su Tienda de apps. El nuevo diseño las ordena de la misma manera que las tiendas de Apple y Google, las que, sin embargo, son todavía muy superiores a la de Windows.

En Windows 8, al lanzar una búsqueda desde el Charm, el sistema arroja, de forma predeterminada, sólo resultados de apps. Con 8.1 ese comportamiento vuelve a ser el más racional, es decir, buscar todo. El atajo Windows+F sigue funcionando como antes, es decir, busca archivos.

Otra cosa: el límite de dos apps en pantalla a la vez, lado a lado, ocupando un espacio fijo (70/30) cada una, ha cambiado. Ahora, dependiendo de la resolución del display pueden ponerse hasta 4, y es el usuario quien decide qué espacio darle a cada una.

La del estribo: el botón secundario del mouse tiene en esta edición de Windows todavía más protagonismo que en la anterior, donde ya se lo usaba mucho. Cuando una función no aparece por ninguna parte, probá apretar el botón secundario.

Menos vueltas

Hay mucho más por decir, pero, para resumir, Windows 8.1 es un alivio para los que usamos PC. Con tan sólo un par de cambios (¿hablé ya de los detalles?) reduce considerablemente la carga de trabajo de manejar por medio de teclado y mouse una computadora convencional.

La nueva versión no cambia el hecho de que Windows sufre -y todo indica que seguirá sufriendo- cierto trastorno disociativo de personalidad entre la fachada tablet y la tradicional. La novedad es que se ha vuelto posible hacer el trabajo de producción diario en una PC con menos vueltas. Sigue habiendo, no obstante, una apuesta mucho más fuerte al modo tablet, lo que es comprensible, considerando la débil situación de Microsoft en ese campo..

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